NOSOPRANO

NOSOPRANO

Revista de crítica audiovisual, review de cine, series y libros

Ocean’s 8: la feminización del robo

Cantaba Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias (1953) que los diamantes son los mejores amigos de una chica. Gary Ross lleva al extremo la afirmación en la nueva…

Título original: Gary Ross; Dirección: Gary Ross Guion: Olivia Milch, Gary Ross; Fotografía: Eigil Bryld; Música: Daniel Pemberton; Reparto: Sandra Bullock, Cate Blanchett, Anne Hathaway, Helena Bonham Carter, Mindy Kaling, Rihanna, Awkwafina, Sarah Paulson, Dakota Fanning, Eric West

Cantaba Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias (1953) que los diamantes son los mejores amigos de una chica. Gary Ross lleva al extremo la afirmación en la nueva entrega de la saga Ocean’s planteando una repetición paso por paso de todos los elementos que conformaban las anteriores, si bien con la única particularidad de que, en esta ocasión, la cuadrilla la componen exclusivamente mujeres —o, al menos, eso es lo que parece—.

Esclavos de algún tipo de maldición familiar semejante a las de las antiguas tragedias griegas, todos los miembros de la familia Ocean parecen condenados a vivir los mismos acontecimientos una y otra vez. Al igual que ya hiciera su hermano Danny, Debbie Ocean (Sandra Bullock), aprovechando el primer permiso que tiene en su condena por robo, decide organizar un golpe mucho mayor. Para ello, lo primero que hace es reclutar un grupo de especialistas y urdir un complejo plan para robar un collar de diamantes. No obstante, como ya le pasó a su hermano, de pronto una ex pareja entra en el juego, complicando toda la operación. Finalmente, una serie de giros inesperados intercederán en la narración para, del mismo modo que ya hiciera Danny, lograr sorprender al púbico a pesar de lo predecible de toda la yincana.

Lo único que se le exige a este tipo de películas es una ingeniosa parafernalia capaz de asegurar el entretenimiento y, a ser posible, alguna sorpresa final.

Si algo puede definir a la saga Ocean’s es la trivialidad. No es necesario ni una trama compleja ni personajes abonados con sesudos trasfondos. De hecho, ni siquiera hace falta conocer sus nombres. Lo único que se le exige a este tipo de películas es una ingeniosa parafernalia capaz de asegurar el entretenimiento y, a ser posible, alguna sorpresa final. Con estos requerimientos, lo cierto es que el film cumple sobradamente su cometido, si bien con la repetición de un patrón al que se sigue de forma milimétrica sin aportar más frescura que la derivada de las interpretaciones de las mujeres implicadas en el entuerto, las cuales brillan más en los roles secundarios que los principales.

Ocean’s 8 se une a la ola de títulos de protagonismo femenino que refríen obras precedentes donde eran los hombres quienes llevaban la narración; una tendencia que parece querer surfear la moda del #metoo al tiempo que asegurar el tiro repitiendo fórmulas exitosas en el pasado en lugar que plantear personajes originales femeninos que no tengan ya de entrada el handicap de la inevitable comparación de sexos.

No hay comentarios en Ocean’s 8: la feminización del robo

La Mantis: Hannibal se hizo mujer

Y de pronto un día nos abrieron de par en par las puertas y las ventanas, y la corriente que entró nos sacudió el polvo de años con un ímpetu…

La Mante (TF1, 2017). Francia. Creadores: Alice Chegaray-Breugnot, Grégoire Demaison, Nicolas Jean, Laurent Vivier; Reparto: Carole Bouquet, Fred Testot, Jacques Weber, Pascal Demolon, Manon Azem, Elodie Navarre

Y de pronto un día nos abrieron de par en par las puertas y las ventanas, y la corriente que entró nos sacudió el polvo de años con un ímpetu imparable, haciéndonos conscientes, más que de otra cosa, de la roña que teníamos encima. La Mantis es una serie de producción francesa que podemos ver gracias a ese balcón abierto de par en par que ha supuesto Netflix. Se trata solo de seis episodios para una temporada cerrada, pues los franceses, que inventaron el cine, saben perfectamente que es mejor hacer un producto digno que estirar los presupuestos hasta donde no se puede llegar. Y, efectivamente, se trata de un trabajo digno, con una factura visual más que destacable; con un tono y ritmos bien engarzados en la trama; con una interpretación preñada de sutilezas y una tensión que invita episodio tras episodio a devorar el siguiente. Pero, sin embargo, no por ello es una serie perfecta. De hecho, peca en la exageración; cae en una solución enrevesada; adula a sus referentes con vehemencia y exhibe sus trampas sin sonrojo. Pero es digna, y al final eso es lo importante.

La obra, firmada por los guionistas Alice Chegaray-Breugnot, Grégoire Demaison, Nicolas Jean y Laurent Vivier, arranca con una premisa inmejorable para los forofos del thriller. Un imitador está copiando al detalle los crímenes de la asesina Jeanne Deber, conocida como «La Mantis», que lleva más de veinticinco años en prisión. Los gendarmes están desconcertados pues, entre otras cosas, parece que el imitador conoce detalles nunca publicados de los truculentos escenarios de los crímenes de La Mantis, pues los recrea a la perfección. Por ello, deciden pedirle ayuda directamente a la villana con la esperanza de que ella misma, desde la prisión, pueda guiarles hacia quien imita sus elaborados asesinatos contra hombres. Y la villana acepta, pero con una complicada condición: quiere que el policía al mando de la investigación sea su hijo, que es del cuerpo. El problema es que su hijo la repudió en su adolescencia y no ha vuelto a hablar con ella desde que fue capturada.

Hay mucho de El Silencio de los Corderos, entre otros referentes a menudo maltratados por el ansia de los realizadores

La trama se desenvuelve, por tanto, en tres niveles distintos. Por un lado, la clásica captura del asesino serial que va aumentando su colección de cadáveres masculinos en cada episodio. Por otro, la entereza física y psicológica del joven policía, que advierte como el caso hace mella en su estabilidad conyugal y, por último, en el conflicto entre él mismo y La Mantis, a quien detesta, y que sin embargo no es más que una madre que ansía sobre todas las cosas recuperar a su hijo y que se lleva, no cabe duda, el aplauso a la interpretación de Carole Bouquet.

Hay mucho de El Silencio de los Corderos, entre otros referentes a menudo maltratados por el ansia de los realizadores; hay muchas ganas de querer rizar el rizo más de lo aconsejable, y el final se torna una sorpresa de esas que solo se sostienen sobre un esfuerzo ímprobo de ingenuidad por parte de los espectadores. Pero es disfrutable; está retratada con cariño hacia la estética y con un pensado manejo del lenguaje; sabe sembrar la intriga a fuego lento entre unos episodios y otros, y supone una vez más un ejemplo contundente y rotundo de las cosas que se hacen por ahí mientras nosotros seguimos sin sacudirnos el polvo.

No hay comentarios en La Mantis: Hannibal se hizo mujer

Jawbone: una película de boxeo (casi) sin boxeo

Ayer vi «Jawbone», película dirigida por Thomas Napper y protagonizada por un soberbio Johnny Harris, acompañado por unos estupendos Ray Winstone y Michael Smiley. Si te gusta el boxeo como…

Dirección: Thomas Napper; Guion: Johnny Harris; Música: Paul Weller; Fotografía: Tat Radcliffe; Reparto: Johnny Harris, Ian McShane, Ray Winstone, Michael Smiley, Atul Sharma, Margaret Wheldon, Dean Williams, Marilyn May James, Anna Wilson-Hall

Ayer vi «Jawbone», película dirigida por Thomas Napper y protagonizada por un soberbio Johnny Harris, acompañado por unos estupendos Ray Winstone y Michael Smiley. Si te gusta el boxeo como deporte y eres aficionado/a a las películas que versan sobre lo que pasa dentro y fuera del ring… deberías verla. Pero te advierto: si tienes en mente la producción arquetípica del género, protagonizada por Silvester Stallone —sí, hablo de «Rocky» —, quizás deberías enfrentarte a la peli con una mente fresca y otros ojos. Rocky y casi todas las películas similares que le siguieron con los años, siendo estupendos productos de entretenimiento, han hecho bastante daño a este deporte, propagando clichés, roles y escenarios que se han repetido hasta la náusea, despojándolos de todo sentido y carga dramática.

No quiero decir con esto que lo que se muestra en estas películas sea una mentira integral. Es cierto que al mundo del boxeo le rodea un cierto halo de sordidez. También de superación y ruleta rusa emocional. Existen entrenadores y preparadores carismáticos, cambios de vida y dirección, gracias a la práctica del boxeo. Pero, como en todo deporte, si nos paramos a pensarlo. Pero claro, carece de la épica de dos personas queriendo matarse a golpes. Incomparable, en términos de dinámica e impacto visual.

Es cine (negro) inglés de pura cepa, impregnado de húmeda y fría suciedad urbana, trufada con ese duro acento del sur de Londres, seco y hermoso como un uppercut a tiempo

Pero Jawbone es más que eso. O, mejor dicho, no es SÓLO eso. De hecho, no existen largas secuencias coreografiadas de intercambios de golpes, escenas épicas a cámara lenta, recuperaciones milagrosas desde la lona, ni nada parecido. Las (pocas) secuencias de lucha estrictamente hablando se sitúan al final del metraje, en una sucesión casi cacofónica visualmente. Así son las peleas de verdad, si las vemos dentro del ring: un caos controlado donde no siempre hay belleza estética, si no se está atento para encontrarla.

La película de Napper habla de otras cosas, no sólo de boxeo. Habla de derrota, de descenso a los infiernos, de adicción, inseguridad, pobreza (prácticamente indigencia), carencia de asideros emocionales y pérdida de sentido vital. Y también de una búsqueda desesperada de salvación. Es cine (negro) inglés de pura cepa, impregnado de húmeda y fría suciedad urbana, trufada con ese duro acento del sur de Londres, seco y hermoso como un uppercut a tiempo. Es cierto que recurre a ciertos lugares comunes y clichés del género, pero tratados con cierta elegancia, con plena consciencia de sí mismos y de que, sin ellos, el espectador no tendría una brújula con la que orientarse en el viaje. Quizás un efecto secundario inevitable de las producciones ochenteras y subsiguientes, de las que te hablaba antes.

El discurso de Jawbone se centra en el personaje principal, Jimmy McCabe. Un campeón juvenil de boxeo que, en un momento dado, pierde el rumbo de su vida y no vuelve a recuperarlo nunca. Siendo ya un ex-boxeador maduro, poco más que la sombra de una promesa hace tiempo olvidada, se ve a si mismo enredado en el alcoholismo y la pobreza, sin poder tomar las riendas de su existencia y sin ningún referente que le pueda valer de guía, más allá del gimnasio de barrio donde se formó, en su día. A él trata de volver, con la bolsa de deporte cargada de pecados, errores y sueños truncados. No con el ánimo de redimirse y alcanzar la gloria, sino de encontrarse a sí mismo y asirse a algo que le devuelva la dignidad. Aunque sea de manera temporal y precaria.

Un film elegante y sutil, sin sensiblería y no del todo predecible. Una delicia para aficionados, pero también una estupenda manera de ver una apuesta cinematográfica diferente y un contenido y sereno trabajo actoral con momentos de auténtica grandeza, por parte de Johnny Harris, que pueden reconciliar con la calidad del cine europeo —si obviamos el Brexit—, aunque no nos interese lo más mínimo lo que ocurre dentro de las doce cuerdas.

Nota: 8/10

No hay comentarios en Jawbone: una película de boxeo (casi) sin boxeo

Jefe: canalla sin redención

César es el jefe de una gran empresa. También es putero, cocainómano, alcohólico y malencarado. Trata con despotismo a todos sus subordinados; es jactancioso con los colegas y, por lo…

Título original: Jefe; Dirección: Sergio Barrejón Guion: Natxo López, Marta Piedade; Fotografía: Antonio J. García; Música: Jimmy Barnatán; Reparto: Luis Callejo, Juana Acosta, Carlo D’Ursi, Josean Bengoetxea, Bárbara Santa-Cruz, Dalila Carmo, Maika Barroso, Adam Jezierski, Sergio Quintana, Teo Planell, Diana Lázaro

César es el jefe de una gran empresa. También es putero, cocainómano, alcohólico y malencarado. Trata con despotismo a todos sus subordinados; es jactancioso con los colegas y, por lo que se deduce de su situación conyugal, su propia familia le odia. Tanto es así que su esposa le ha echado de casa y pedido el divorcio, y su hijo no quiere ni hablarle. Cuando la situación por la que atraviesa su empresa se torna complicada, César opta por atrincherarse en su despacho armado con litros de whisky y otros tantos gramos de cocaína. Así, en sus horas bajas, es como da con Ariana, una limpiadora colombiana del turno de noche. Ella le adentrará en el panorama nocturno y oculto de su propia oficina, abriéndole un mundo desconocido sobre las virtudes y miserias de sus propios empleados. De alguna forma surgirá entre ellos una suerte de relación de carácter indeterminado —acaso romántica, acaso amistosa…— que acabará por ser balsámica para los problemas de ambos y que, de alguna forma, llegará a salvarles la vida.

Jefe consigue que el público vaya de la mano de un personaje que nunca deja del todo de ser despreciable.

Siete años después de la realización del cortometraje La Media Pena, Barrejón y López unen de nuevo sus esfuerzos junto a la guionista Marta Piedade para llevar al formato largo la misma premisa del ejecutivo en apuros y al borde del abismo que encuentra sentido a su vida por la irrupción de una trabajadora de la limpieza. El resultado es satisfactorio.

Aunque se aprecia cierta liviandad a la hora de abofetear al público como pide una historia así; y se antoja la obra un poco a trasmano entre los géneros, pues navega a medio camino entre varios; lo cierto es que Jefe consigue algo que explicado racionalmente sonaría por completo imposible en un drama de corte realista: que el público vaya de la mano de un personaje que nunca deja del todo de ser despreciable.

Es cierto que hay detalles que de alguna forma le redimen a ojos del respetable; y es cierto que sus contrincantes y antagonistas resultan exagerada y visceralmente más despreciables que él. No obstante, su grosería, machismo y mala leche irán en su ADN desde el comienzo hasta el final, en parte gracias a una interpretación magistral de Luis Callejo. Igualmente brillan en pantalla las interpretaciones femeninas de Juana Acosta y Bárbara Santa-Cruz en un papel secundario pero tan carismático que termina adquiriendo un peso sustancial.

No hay comentarios en Jefe: canalla sin redención

Marie-Francine: materia prima y ejecución

Es bien sabido que no hay mejor materia prima para la comedia que una situación dramática. Los personajes desvalidos y sobrepasados por las circunstancias de su existencia conforman, en la…

Título original: Marie-Francine; Dirección: Valerie Lemercier Guion: Sabine Haudepin, Valerie Lemercier; Fotografía: Laurent Dailland; Reparto: Valerie Lemercier, Denis Podalydès, Patrick Timsit, Philippe Laudenbach, Xavier Lemaître, Hélène Vincent

Es bien sabido que no hay mejor materia prima para la comedia que una situación dramática. Los personajes desvalidos y sobrepasados por las circunstancias de su existencia conforman, en la mayoría de las ocasiones, las mejores piezas para construir la carcajada. Ahora bien, no se trata de que, como público, disfrutemos o nos divierta sencillamente la desgracia y el sufrimiento ajeno per se. Además de la situación, es necesario que el narrador tenga el fino y delicado talento de saber contarla con gracia.

Si bien el filme cuenta con un material lo suficientemente dramático y absurdo como para configurar una buena comedia, no se puede decir lo mismo de la habilidad de la narradora para llevarla a buen término

La nueva comedia escrita, dirigida y protagonizada —por partida doble— por Valerie Lemercier tiene, de entrada, ganada la primera premisa de toda buena comedia: el drama. A sus cincuenta años, Marie-Francine se queda de golpe sin trabajo y sin marido, circunstancias que la obligan a regresar a la casa familiar y convivir con sus septuagenarios padres. Si ya de por sí la convivencia resulta complicada, la situación se agrava con la actitud de los progenitores, que la siguen tratando como si fuera una adolescente en el día a día, y que ansían sobre todas las cosas que se marche lo antes posible, si puede ser, con un buen marido. Con dificultades para encontrar un trabajo con arreglo a su profesión —bióloga celular—, y amargada por las constantes citas con divorciados que le organizan sus padres, Marie-Francine termina montando una tienda de cigarrillos electrónicos donde, paradójicamente, comienza a fumar. Afortunadamente la puerta de atrás de su tienda coincide con la trasera de un restaurante cuyo jefe de cocina se encuentra en su misma situación…

No obstante, si bien el filme cuenta con un material lo suficientemente dramático y absurdo como para configurar una buena comedia, no se puede decir lo mismo de la habilidad de la narradora para llevarla a buen término. Además de lo hilarante de algunas situaciones, tan ilógicas como mal llevadas, la película cae en un vaivén de tono y ritmo. La falta de carisma del personaje principal ahoga al espectador en el desconcierto; las peripecias se resuelven prácticamente en el mismo instante en que se plantean; los chistes de trazo grueso infantilizan las situaciones y las alejan del público al que se dirige la obra, y la resolución, por supuesto feliz y ligera, se termina sosteniendo sobre concepciones bastante anticuadas.

Salva la papeleta el trabajo doble de la actriz-directora, que interpreta a la protagonista y a su hermana gemela, la selección musical que sirve de contrapunto al relato y, muy especialmente, la relación de los padres, probablemente el corazón de la obra en torno al cual debería haber girado todo el filme.

No hay comentarios en Marie-Francine: materia prima y ejecución

Jurassic World El Reino Caído: Ausencia de madre

Cuando Michael Crichton visitó uno de los parques de atracciones de la Disney en su juventud pocos podrían aventurar que la experiencia deviniera décadas después en sagas cinematográficas millonarias. Es…

Título original: Jurassic World: Fallen Kingdom; Dirección: J.A. Bayona Guion: Colin Trevorrow, Derek Connolly (Personajes: Michael Crichton); Música: Michael Giacchino, Fotografía: Óscar Faura; Reparto: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, James Cromwell, Rafe Spall, Toby Jones, Justice Smith, Daniella Pineda, Ted Levine, Geraldine Chaplin, Jeff Goldblum

Cuando Michael Crichton visitó uno de los parques de atracciones de la Disney en su juventud pocos podrían aventurar que la experiencia deviniera décadas después en sagas cinematográficas millonarias. Es sabido que la visita le inspiró para su película Westworld (1973), escrita y dirigida por él mismo, cuyo argumento sostiene la actual serie de HBO: un parque de atracciones con autómatas semejantes a humanos que terminan rebelándose. La premisa, como es obvio, es similar —con dinosaurios en vez de androides— a la del éxito literario que llevó a la pantalla Spielberg en 1993 y que ahora, casi veinticinco años después, sigue generando activos con su quinta continuación.

Abandonados a su suerte en la última entrega, los dinosaurios-probeta de Jurassic World, el parque temático, se han convertido en un asunto controvertido por la inminencia de una erupción volcánica que amenaza su existencia. La sociedad está dividida entre quienes abogan por dejar que la lava devuelva el orden al ecosistema y los vuelva a extinguir y quienes pugnan para ofrecerles la misma protección que a cualquier otra especie en vías de extinción. Esto atrae al tiempo el interés de ecologistas, pero también de cazadores —y especuladores— furtivos, que encuentran en las criaturas una excelente oportunidad para lucrarse.

Sólo la niña parece tener un hálito de interés, un trasfondo bien pertrechado y una historia real que contar. Lástima que la protagonista no sea ella.

A los mandos de la dirección se encuentra en esta ocasión J. A. Bayona, y la pieza no está exenta de envergadura. Ambientada a dos tiempos entre la remota isla de los dinosaurios y la mansión del magnate que financia toda la expedición para salvarlos, se podría decir que encontramos en pantalla dos partes perfectamente diferenciadas: por un lado, la aventura en sí en mitad de la selva; por el otro, un relato gótico de mansiones, monstruos y niños perdidos. Y la conjunción resulta del todo complicada.

Aunque siempre solvente entre los visillos del terror y el misterio, la película de Bayona en esta ocasión peca de un guion demasiado intrascendente para la carga emotiva que pretende trasladar a sus imágenes. La correcta puesta en escena, y la peripecia sostenida en base a las persecuciones de los lagartos gigantes, hacen de la película un episodio entretenido de comienzo a fin. No obstante, una suerte de villanos desdibujados pugna en banalidad con la pareja protagonista, cuyo afán e interés es difuso desde el primer instante en que vuelven a cruzar sus miradas. Sólo la niña parece tener un hálito de interés, un trasfondo bien pertrechado y una historia real que contar. Lástima que la protagonista no sea ella.

No hay comentarios en Jurassic World El Reino Caído: Ausencia de madre

La chica en la niebla: el gran carnaval

Una adolescente ha desaparecido durante una noche de niebla en un pequeño pueblo de montaña. Rápidamente al lugar se traslada el veterano investigador Vogel, conocido por sus mediáticos casos. Nada…

Título original: La ragazza nella nebbia; Dirección y guion: Donato Carrisi; Fotografía: Federico Masiero; Reparto: Toni Servillo, Alessio Boni, Lorenzo Richelmy, Jean Reno, Galatea Ranzi

Una adolescente ha desaparecido durante una noche de niebla en un pequeño pueblo de montaña. Rápidamente al lugar se traslada el veterano investigador Vogel, conocido por sus mediáticos casos. Nada más llegar logra hacerse con la confianza de la familia de la desaparecida, que vive según las estrictas normas de su comunidad religiosa. El trato que dispensa el investigador a los policías locales denota experiencia y saber hacer. Se le presenta como un hombre seco, adusto y profesional. No obstante, su primer paso en la investigación es filtrar una exclusiva a la prensa, con la que resulta que siempre ha estado conchabado. Pronto el apacible pueblo de montaña se convierte en un hervidero de periodistas que pondrán sus ojos en el profesor Martini, docente en el instituto de la desaparecida. El profesor, sin mediar mayor prueba que su presencia circunstancial en torno a la muchacha en varios vídeos —de nuevo filtrados por el inspector jefe—, termina por ser señalado como culpable por toda su comunidad. Solo cuando el veterano policía se confiese ante el psicólogo del lugar se desvelará la verdad de sus intenciones, así como la resolución del caso en una sucesión de giros narrativos por completo impredecibles.

En una suerte de mortal hacia atrás con tirabuzón, el autor propone una resolución tan rocambolesca que termina pasándose de la raya

Donato Carrisi lleva él mismo a la pantalla su novela, éxito de ventas en Italia, sabiendo mantener en todo momento lo fundamental de todo thriller que se precie: giros inesperados y una atmósfera envolvente. En efecto, el director logra entretejer un enrevesado tamiz que propicia algo novedoso e interesante en cada escena, al tiempo que presenta una atmósfera densa y plagada de personajes que no dudan en mentir para obtener su propio beneficio. Los primeros, sin duda, los protagonistas del relato, que pasan todo el metraje caminando sobre el hilo de la ambigüedad, la moral y la vileza.

El problema viene conforme va avanzando el tercer acto y se resuelve el misterio. En una suerte de mortal hacia atrás con tirabuzón, el autor propone una resolución tan rocambolesca que se podría afirmar que, en su afán de sorprender al respetable termina pasándose de la raya. No obstante, es potestad del espectador aceptar o no la resolución que plantea el autor pues, al fin y al cabo, todos los relatos de misterio se intrincan en mayor o menor medida.

Queda, por otro lado, el buen hacer de una cuidada puesta en escena, así como una solvente interpretación de todos los implicados. El ritmo y la deconstrucción del relato contribuye a generar el misterio, y la crítica en absoluto soterrada a la perniciosa acción del sensacionalismo mediático en este tipo de casos configuran una película bien construida, reseñable y disfrutable para aquellos que sean aficionados al misterio.

No hay comentarios en La chica en la niebla: el gran carnaval

Han Solo: las llaves del Halcón

Han Solo siempre fue un personaje instrumental. Ya desde el instante de su primera aparición, allí medio perdido en una taberna del planeta Tatooine en la primera película rodada de…

Título original: Solo: A Star Wars Story; Dirección: Ron Howard; Guión: Lawrence Kasdan, Jonathan Kasdan (Personaje: George Lucas);Música: John Powell; Fotografía: Bradford Young; Reparto: Alden Ehrenreich, Emilia Clarke, Woody Harrelson, Donald Glover, Thandie Newton,Paul Bettany

Han Solo siempre fue un personaje instrumental. Ya desde el instante de su primera aparición, allí medio perdido en una taberna del planeta Tatooine en la primera película rodada de la saga Star Wars quedaba clara su misión: sencillamente estaba allí de acompañante; de comparsa aventurera del verdadero protagonista de la historia. Solo, patrón del legendario Halcón Milenario, no tenía más función que llevar al joven Luke en dirección a un planeta recóndito sin hacer demasiadas preguntas y a cambio de un buen botín, aunque finalmente terminase salvándole el pellejo a su cliente. Las siguientes películas no hicieron sino reforzar esta trayectoria, bien convirtiéndolo en un marmolillo decorativo al que rescatar, o bien haciendo de él el interés romántico de la coprotagonista de la saga.

Tan instrumental era el personaje, que John Williams ni siquiera se molestó en componerle ni una pieza, ni un arreglo, nada. Han Solo no tuvo nunca partitura igual que tampoco tuvo nunca trasfondo. Un contrabandista sin más, con sus deudas y sus problemas de contrabandista; un personaje deliberadamente ambiguo que, en el fondo, era sencillamente un cacho de pan. Por no tener, no tenía siquiera aspiraciones ni sueños y, si los tenía, en su cinismo tampoco es que importasen demasiado.

Si todos queríamos ser Luke, todos queríamos un Solo a nuestro lado. Y ahí está el problema.

Sin embargo, había una cosa que sí tenía Han Solo, y que probablemente estuviera por encima de todas las demás. Tenía carisma. Harrison Ford, en su parquedad, logró hacer del personaje un tipo simpático; un tipo con entidad, presencia y la arrogancia de quien se cree de vuelta de todo; un tipo, en definitiva, que no necesitaba las tribulaciones de Luke y su genealogía midicloriana para que quisiéramos lanzarnos con él al hiperespacio o a donde fuera. Si todos queríamos ser Luke, todos queríamos un Solo a nuestro lado. Y ahí está el problema.

El último spin off surgido del afán de Disney por amortizar su inversión nos ha traído una precuela de todo lo que Solo podría significar. La película, dirigida por Ron Howard, se adentra en la juventud del héroe y le dota de motivación, de amoríos, de principios y de trasfondo. Incluso le dota, por fin, de banda sonora. Le ha dado una aventura propia sin sables láser ni caballeros Jedi cuya peripecia es por completo disfrutable. En efecto, el film le ha concedido al personaje todo aquello de lo que carecía, pero ha cometido el pecado imperdonable de arrebatarle el carisma que le hacía único.

Más allá de la peripecia, las persecuciones y los disparos, el personaje queda condenado a una estampa, a una pose, a una chaqueta de cuero. Todos los secundarios le eclipsan, incluida la androide —especialmente la androide—, y la verdad es que, para esto, mejor volver al original.

No hay comentarios en Han Solo: las llaves del Halcón

Deadpool 2: la sátira como estertor

Traumatizado y perseguido, el superhéroe Deadpool es definitivamente capturado y puesto en aislamiento con un collar que inhibe sus poderes regeneradores, por lo que el cáncer masivo que sufre comienza…

Deadpool

Título original: Deadpool 2; Dirección: David Leitch; Guión: Rhett Reese, Paul Wernick, Ryan Reynolds (Cómic: Rob Liefeld, Fabian Nicieza);Música: Tyler Bates; Fotografía: Jonathan Sela; Reparto: Ryan Reynolds, Josh Brolin, Zazie Beetz, Morena Baccarin,

Traumatizado y perseguido, el superhéroe Deadpool es definitivamente capturado y puesto en aislamiento con un collar que inhibe sus poderes regeneradores, por lo que el cáncer masivo que sufre comienza a hacer mella en su salud. Durante su cautiverio comparte celda con un niño mutante que tiene un problema de sobrepeso y de autoestima que lo está volviendo cada vez más inestable —y más peligroso—. Tanto es así que, al igual que sucede en otras sagas, de pronto irrumpe un villano intertemporal con la intención de matar al impúber ahora antes de que pueda causar mayores daños. Este viajero en el tiempo, que responde al nombre de Cable, tratará por todos los medios de llevarse por delante al muchacho. Pero Deadpool no está dispuesto a permitirlo. Así, una vez recuperados sus poderes, intentará conformar un nuevo grupo de mutantes que le ayude a salvar al pequeño tanto de Cable como de sí mismo. O algo así más o menos.

Sí. Más o menos. Pues la película, como ya sucediera con su antecesora, navega entre la sátira y la parodia argumental. Su desarrollo, aunque más o menos bosquejado sobre una trama reconocible, sigue una deriva casi improvisada que va de lo caótico a lo estrafalario. No se puede —o no se debe— tratar de encontrarle ni sentido ni respeto hacia nada, ni siquiera la diégesis ni la suspensión de la incredulidad del espectador. Deadpool encadena un chiste tras otro, rompiendo a placer la cuarta pared o haciendo bromas metatextuales. Él mismo es el primero en criticar la desidia de los guionistas —entre los que está el propio actor protagonista—; él mismo se encarga de vapulear a productores y creadores de toda la industria comiquera; él mismo se mofa de sí, de su género y de la fiebre superhéroica en la que estamos viviendo y, como los bufones en la Edad Media, él mismo expone bajo la capa de lo chistoso las crudas verdades de lo que representa.

Dicen que los géneros cinematográficos empiezan a dar síntomas de agotamiento cuando se derivan hacia la amargura crepuscular o hacia la parodia de sí mismos

Dicen que los géneros cinematográficos empiezan a dar síntomas de agotamiento cuando se derivan hacia la amargura crepuscular o hacia la parodia de sí mismos, y no olvidemos que hace menos de un mes que Los Vengadores Infinity War doblegaban la pantalla con una historia de tintes negativos. Deadpool, en su cachondeo, refresca los panteones de superhéroes al tiempo que los banaliza y pervierte, y quizá esto suponga, definitivamente, el comienzo del fin de una etapa cinematográfica que nos ha dejado a los espectadores un puñado de buenas películas, y a los realizadores un récord de taquilla tras otro.

En cualquier caso, se trata de un film cuyo malintencionado y soez humor es muy disfrutable; especialmente si se va al cine con la intención de no pensar demasiado.

No hay comentarios en Deadpool 2: la sátira como estertor

La mujer que sabía leer: romance seminal

En 1919 la escritora octogenaria Violette Alhaud escribió una obra con tintes autobiográficos que no fue publicada hasta 2006. Ella misma consignó por escrito la demora: según su testamento, el…

Título original: Le semeur; Dirección: Marine Francen; Guión: Marine Francen, Jacqueline Surchat, Jacques Fieschi; Música: Frédéric Vercheval; Fotografía: Alain Duplantier; Reparto: Geraldine Pailhas, Pauline Burlet, Iliana Zabeth, Alban Lenoir, Françoise Lebrun

En 1919 la escritora octogenaria Violette Alhaud escribió una obra con tintes autobiográficos que no fue publicada hasta 2006. Ella misma consignó por escrito la demora: según su testamento, el manuscrito, oculto en un sobre, quedaba en manos de un notario que no podría abrirlo hasta 27 años después de su muerte. Entonces debía pasar directamente al descendiente de la autora que tuviera mayor edad con una sola condición: debía ser de sexo femenino. El relato se titulaba El hombre semen.

La película coescrita y dirigida por Marine Francen lleva a la pantalla la novela de Alhaud, que desde 2006 se ha convertido en una pieza de culto en Francia. El film narra la historia de un pequeño pueblo perdido en las montañas de la Provenza que sufre la represión del gobierno de Napoleón III quien, tras su ascenso al poder, inicia una purga contra todos los partidarios de la República a los que encarcela o envía a Argel. Esta persecución afecta especialmente a los habitantes del lugar, que ven como de la noche a la mañana son arrestados todos los hombres del pueblo. Solas, sin sus maridos, hermanos e hijos, las mujeres se tienen que hacer cargo de todas las labores de labranza y pastoreo, que son las principales actividades productivas de la localidad. Preocupadas por su futuro y el de su sociedad, las mujeres pactan que compartirán al primer hombre que aparezca por allí; que si algún hombre se acerca al lugar sería para todas. Por supuesto, un hombre aparece.

A pesar de su potente detonante y de una logradísima ambientación, la película pierde fuerza al apostar más por la estética que por la narrativa

Bregada en el oficio como ayudante de dirección de autores tan particulares como Olivier Assayas y Michael Haneke, Marine Francen apuesta por una película de corte íntimo y cercana a lo ensayístico. Filmada en cuatro tercios, el filme acompaña a la protagonista, Violette —caracterización de la autora de la novela original— en el trance de enamorarse del forastero y tener que compartirlo con las demás. Los celos se unirán al secreto que oculta el reticente semental, que en realidad está buscando una ruta de escape hacia la frontera.

A pesar de su potente detonante y de una logradísima ambientación, la película pierde fuerza al apostar más por la estética que por la narrativa. La parsimonia con que se desarrolla; los instantes oníricos; la recurrente metáfora de la siembra y la siega…, ralentizan en exceso la película y terminan por disolver la carga dramática que tan bien se apunta tanto en el conflicto romántico de la pareja como en sus consecuencias cuando, terminado el segundo acto, regresan los hombres oriundos del pueblo.

Pese a todo, resulta una propuesta interesante que conviene no dejar pasar en la cartelera.

No hay comentarios en La mujer que sabía leer: romance seminal

Mi querida confradía: sacristía con techo de cristal

Después de más de treinta años de servicio y entrega a la hermandad de la virgen de su pueblo, Ronda, Carmen ansiaba resultar elegida hermana mayor de la cofradía. Por…

Dirección: Marta Díaz de Lope Díaz; Guión: Marta Díaz de Lope Díaz, Zebina Guerra;Música: Javier Rodero; Fotografía: Vanesa Sola; Reparto: Gloria Muñoz, Pepa Aniorte, Carmen Flores, Juan Gea, Rocío Molina,Joaquín Núñez, Alejandro Albarracin, Manuel Morón, Rosario Pardo

Después de más de treinta años de servicio y entrega a la hermandad de la virgen de su pueblo, Ronda, Carmen ansiaba resultar elegida hermana mayor de la cofradía. Por ello, cuando en su lugar es elegido un hombre menos devoto se lleva un disgusto tan grande que, presa de la rabia, busca la manera de echarle laxantes en la copa en cuanto tiene ocasión. No obstante, una confusión con las pastillas trae consigo la tragedia: en lugar de laxantes le echa en el vaso varios diazepanes, lo que provoca que el hombre pierda por completo el conocimiento en el suelo de su cuarto de baño.

Angustiada por la circunstancia, Carmen urdirá la manera de disimular su crimen y ocultar el cuerpo yaciente —no llega a matarlo— de su archienemigo, pero una avalancha de problemas se agolparán de pronto a su puerta: la ruptura de su hija con su marido, la crisis previa a la salida en procesión de la cofradía, la ausencia del recién elegido hermano mayor y, no menos importante, la petición de ayuda de su vecina, a la que no le salen bien las torrijas.

La guionista y directora Marta Díaz de Lope Díaz teje en su debut en el largometraje un sainete costumbrista bien llevado en tono y forma. El crescendo narrativo de la película conjuga el realismo de la tradición más andaluza con cierto punto de crítica hacia las costumbres patriarcales no solo en la Semana Santa malagueña, sino en cualquier ámbito pues, al fin y al cabo, el film no se puede entender sino como una metáfora apenas exagerada de una realidad todavía el vigor: la limitación por razón de género a diversos cargos de poder.

El punto fuerte de la pieza lo compone sin duda el enredo de una historia llevada a hombros principalmente por tres mujeres en apenas tres espacios

El punto fuerte de la pieza lo compone sin duda el enredo de una historia llevada a hombros principalmente por tres mujeres en apenas tres espacios. La fuerza visual de planos cuidados al milímetro exprime al máximo la carga expresiva de la propuesta que, aunque la circunda, huye todo cuanto puede de la parodia exagerada para quedarse en un tono ácido y crítico que, más que apoyarse en el estereotipo, lo aprovecha, acertando con puntería en la realidad de los pueblos del sur.

Es precisamente cuando se arrima a la parodia cuando la historia flaquea, perdiendo humor sin quererlo en los momentos en que los intérpretes juegan la baza de la impostura y la exageración, como en el caso del alcalde y su impostado guardaespaldas, que sí parecen más cercanos a los platós de las sitcom que a la serranía de Ronda.

Pese a ello, la película es más que disfrutable, en especial la soberbia interpretación de Carmen Flores en su rol de vecina, a la sazón, Biznaga de Plata como Mejor Actriz de Reparto en el pasado Festival de Cine de Málaga.

No hay comentarios en Mi querida confradía: sacristía con techo de cristal

Vengadores Infinity War: diamantes para la eternidad

La última entrega de la factoría Marvel es el destino donde confluyen los dieciocho filmes que, desde hace una década, vienen conformando el que probablemente sea el canon cinematográfico más…

Título original: Avengers: Infinity War; Dirección: Anthony Russo, Joe Russo; Guión: Christopher Markus, Stephen McFeely (Cómic: Jack Kirby, Jim Starlin);Música: Alan Silvestri; Fotografía: Trent Opaloch; Reparto: Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Benedict Cumberbatch, Chris Evans,Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Chris Pratt, Tom Holland, Josh Brolin,Elizabeth Olsen

La última entrega de la factoría Marvel es el destino donde confluyen los dieciocho filmes que, desde hace una década, vienen conformando el que probablemente sea el canon cinematográfico más taquillero de la historia. También es el eje que da inicio a una nueva continuidad de anunciados estrenos probablemente igual de taquilleros. No solo se trata del título donde cruzan sus tramas todas las piezas individuales que han ido escalando en taquilla año tras año, también es la clave de bóveda donde se unen las sagas que han conformado el complejo tapiz de superhéroes: Iron Man, Capitán América, Hulk, Thor, Spiderman, Doctor Strange, Guardianes de la Galaxia y el resto de secundarios de Los Vengadores uno y dos, además de la recientemente estrenada Black Panther.

El hilo conductor que permite la conjunción de tan diversos y dispares elementos son las llamadas «gemas del infinito», excusa dramática que ha ido salpimentando las entregas previas con mayor o menor relevancia. Según la historia, el malvado Thanos, hercúleo villano de tez morada y gigantes proporciones, ansía poseer las cinco gemas que andan desperdigadas por el universo para provocar una hecatombe que dé al traste con la mitad de la vida en el cosmos. Se trata de una empresa que lleva tiempo intentando —varias películas— a través de sus secuaces, pero la incompetencia de éstos han terminado provocando que opte él personalmente por hacerse cargo del asunto.

Por supuesto, la facilidad con la que cada gema cae en sus malvadas manos resulta tan pasmosa que hasta roza el despropósito. Alguna de ellas, que antaño inspiraron películas completas, son tomadas por el villano directamente en off. Alguna otra, perdida hace eones, simplemente aparece en su camino de la mano de algún fortuito cameo. Pocas son las que tiene que pelear y, en cualquier caso, tampoco es eso lo realmente importante.

La facilidad con la que cada gema cae en sus malvadas manos resulta tan pasmosa que hasta roza el despropósito

Porque si algo interesa al público que ha roto los records de taquilla en su primer fin de semana de estreno son fundamentalmente los cruces dramáticos entre unos héroes y otros. Iron Man salvando al Doctor Strange; Thor aventurándose en el espacio con el mapache de los Guardianes; Hulk peleando mano a mano con el Soldado de Invierno y todas las huestes de Wakanda. La mixtura, la amalgama.

El filme teje a la perfección el choque entre caracteres y hace las delicias de los iniciados. Aquellos que, por contra, se acerquen de nuevas al relato se sentirán irremediablemente defraudados, como invitados a una fiesta donde no conocen a nadie.

No hay comentarios en Vengadores Infinity War: diamantes para la eternidad

Isla de perros: sofisticado estilo, magistral técnica, historia naive

En un municipio del archipiélago japonés se decide por decreto desterrar a todos los perros a una isla lejana, pues se les acusa de transmitir una terrible enfermedad. La corporación…

Título original: Isle of Dogs; Dirección: Wes Anderson; Guión: Wes Anderson (Historia: Wes Anderson, Roman Coppola, Kunichi Nomura, Jason Schwartzman);Música: Alexandre Desplat; Fotografía: Tristan Oliver

En un municipio del archipiélago japonés se decide por decreto desterrar a todos los perros a una isla lejana, pues se les acusa de transmitir una terrible enfermedad. La corporación municipal está encabezada por el último miembro de una estirpe de detractores de los perros y amantes de los gatos, que desoye todas las recomendaciones de los científicos y que, de hecho, manda deportar en primer lugar a su propio perro guardaespaldas. Sin embargo, su sobrino de doce años, que es el mejor amigo del can, decide secuestrar una avioneta y lanzarse él solo al rescate. Sin más ayuda que la de una pandilla de perros exiliados, el pequeño emprenderá un viaje a lo largo de la isla para lograr dar con su mascota y traerla de nuevo a casa.

Wes Anderson es sin duda un director y guionista con un marcado estilo propio. A lo largo de toda la obra, filmada con la técnica del stop-motion empleando modelos de alguna clase de plastilina, resulta imposible no encontrar los trazos característicos de su cine de planos detallistas, composiciones de perfecta simetría y rupturas de la cuarta pared. No obstante, en esta ocasión añade además a su obra reminiscencias del cine japonés, del que toma prestado el estilo, los tiempos, el ritmo y la banda sonora, lo cual supone un acierto de cara a aportar coherencia a la narración, si bien condena la película a cierta parsimonia y previsibilidad solo compensada por el toque de humor, los chistes y gags visuales, el empleo del metalenguaje, la ironía, y un manejo magistral del montaje.

El film presenta, igualmente, a través de una elaborada fábula distópica, una lectura política que pone en entredicho los mimbres del poder

La pandilla de perros exiliados conforman, sin lugar a dudas, el corazón de la pieza, dejando incluso eclipsada la trama principal. Se trata de un grupo de canes de distinta procedencia que, al compartir destierro en la isla, han conformado una suerte de clan donde las decisiones fundamentales se toman de manera democrática; donde todos expresan sus pensamientos con una labia sofisticada —los ladridos están doblados al español, lo hablado en japonés no—, y cuyo viaje en compañía del héroe supone una fuente de desavenencias que pone en juego la propia identidad de los personajes.

El film presenta, igualmente, a través de una elaborada fábula distópica, una lectura política que pone en entredicho los mimbres del poder. Los líderes corruptos de este pueblo confabulan una trama de dominación de trazo grueso basada en la manipulación mediática, el exterminio e incluso el asesinato. La aniquilación canina no es más que la búsqueda de un enemigo externo frente al cual lograr la adhesión de las masas. Por ello termina resultando sorprendente el final almibarado y hasta naive de la película, a la que parece no importarle dejar cabos sueltos siempre y cuando se logre cerrar con una sonrisa del público.

No hay comentarios en Isla de perros: sofisticado estilo, magistral técnica, historia naive

La casa torcida: psicópatas de alta alcurnia

No es descabellado afirmar que las novelas de la escritora Agatha Christie son, en su mayoría, meramente instrumentales. Las tramas de intriga bosquejadas por la autora, sin duda originales y…

Título original: Crooked House; Dirección: Gilles Paquet-Brenner; Guión: Julian Fellowes (Novela: Agatha Christie); Música: Hugo de Chaire; Fotografía: Sebastian Winterø; Reparto: Glenn Close, Terence Stamp, Christina Hendricks, Gillian Anderson, Max Irons,Stefanie Martini

No es descabellado afirmar que las novelas de la escritora Agatha Christie son, en su mayoría, meramente instrumentales. Las tramas de intriga bosquejadas por la autora, sin duda originales y enrevesadas, centran su interés fundamentalmente en la necesidad de resolución del enigma. Los personajes viven por y para dar justificación a tal conflicto, y su trasfondo se ciñe enteramente a él, como las piezas de un juego de mesa o los jugadores de un deporte de equipo: sin el tablero, sin la cancha, carecen de sentido y función. Esto, sin embargo, no es óbice para que tales libros puedan ser disfrutados con deleite por todos los lectores, en parte porque todos los jugadores que posiciona la británica sobre la pista saben cumplir perfectamente su función en el partido.

La nueva adaptación de la autora que llega a las salas —la segunda en un año después del Orient Express de Kenneth Branagh—, está dirigida por Gilles Paquet-Brenner y sigue la estela de las versiones cinematográficas clásicas que llevaron a la pantalla los textos de Christie en los setenta y ochenta. El film reúne un plantel de artistas conocidos —Glenn Close, Terence Stamp, Christina Hendricks, Gillian Anderson…—; sitúa la trama en una localización de alta cuna acotada en tiempo y espacio pretéritos —una endogámica familia de la nobleza británica a mediados del siglo pasado—; y ubica el misterio en torno al asesinato de un potentado en el interior de una laberíntica mansión. No obstante, a pesar de cumplir con el canon, la versión de Paquet-Brenner se aleja del nivel de sus predecesoras por faltas que van más allá de prescindir del mayordomo.

El principal problema de La casa torcida es que los jugadores de este partido han salido al campo completamente desganados.

El principal problema de La casa torcida es que los jugadores de este partido han salido al campo completamente desganados. La historia, sumida entre el artificio fotográfico y la pose exagerada, asienta el peso de su recorrido sobre las espaldas de un detective inexperto y sin muchas luces que, además, no es capaz de generar el menor apego ni química con la audiencia. Su falta de carisma choca con la impostura del resto de secundarios y termina por acrecentarla, llegando a rozar por instantes la parodia. No ayuda, igualmente, la acuciada necesidad del guión por delegar en los diálogos el interés narrativo de las acciones y descubrimientos, lo que ralentiza el devenir de algunos pasajes.

Solo Glenn Close y su afilada mirada logran aportar al juego de intriga un poco de interés y sospecha, manejando con astucia la ambigüedad de un personaje que eclipsa por completo al protagonista en cuanto comparten plano.

No hay comentarios en La casa torcida: psicópatas de alta alcurnia

Campeones: los discapacitados sin diagnosticar

«La discapacidad va a tenerla siempre, pero al menos ya está empezando a lidiar con ella» afirma uno de los personajes de la última película coescrita y dirigida por Javier…

Título original: Campeones; Dirección: Javier Fesser; Guión: David Marqués, Javier Fesser; Música: Rafael Arnau; Fotografía: Chechu Graf; Reparto: Javier Gutiérrez, Juan Margallo, Luisa Gavasa, Jesús Vidal, Daniel Freire,Athenea Mata, Roberto Chinchilla, Alberto Nieto Ferrández, Gloria Ramos, Itziar Castro

«La discapacidad va a tenerla siempre, pero al menos ya está empezando a lidiar con ella» afirma uno de los personajes de la última película coescrita y dirigida por Javier Fesser. Este diagnóstico no sería en absoluto reseñable en el contexto del tema de la obra, pero el caso es que quien lo pronuncia es precisamente un discapacitado, y el sujeto sobre quien va dirigido no lo es. O, al menos, no está diagnosticado como tal. Esta frase, comentada medio de soslayo, supone la condensación de todo el espíritu del film.

El argumento es conocido y se intuye nada más ver el trailer, pues la película pertenece a ese subgénero de filmes deportivos que están todos cortados con el mismo patrón: entrenador antipático y arrogante recibe cura de humildad teniendo que hacerse cargo por mandato judicial de un equipo de discapacitados intelectuales, los cuales terminan regalándole al protagonista una enseñanza de vida trascendental. Sin embargo, lo interesante no es tanto su desarrollo argumental como las verdades que, soterradas bajo la premisa del humor, exponen con crudeza las bajezas morales de la sociedad.

El humor huye del chiste fácil y logra crear comedia en la situación, en el choque de fuerzas y, sobre todo, en el patetismo que imprime Javier Gutiérrez

El menosprecio hacia los discapacitados, a menudo manifestado tanto en el trato despectivo como en tono condescendiente, articulan el verdadero conflicto de la historia. El protagonista, que comienza refiriéndose a ellos con términos despectivos como «subnormales» o «mongólicos», termina por ser testigo de cómo la propia sociedad ningunea, rechaza o explota a los discapacitados en el día a día al tiempo que se queda maravillado de la fuerza con la que ellos afrontan la vida, en muchos aspectos, con más «capacidad» que él.

El humor huye del chiste fácil y logra crear comedia en la situación, en el choque de fuerzas y, sobre todo, en el patetismo que imprime Javier Gutiérrez al personaje que interpreta en circunstancias en las que se enfrenta tanto al singular planteamiento del mundo que le proponen los discapacitados como en su relación con su madre o con la jueza que le sentencia a trabajos sociales.

La película, no obstante, no llega a ser redonda. Sobran del metraje abundantes escenas dramáticas encaminadas únicamente a enternecer al espectador con instantes alejados de la premisa principal. Igualmente, el relato se vuelve a menudo sobreexplicativo, con exceso de diálogos que redundan con palabras sobre escenas ya narradas con imágenes, o que simplemente verbalizan las conclusiones temáticas a las que el espectador ha llegado por sí mismo.

Con todo, se trata de un film necesario y acertado en su planteamiento.

No hay comentarios en Campeones: los discapacitados sin diagnosticar

The Deuce: el ecosistema del porno

Cuando Travis Bickle regresa de Vietnam con veintiséis años no puede dormir por las noches, así que decide hacerse taxista nocturno. El hombre que le hace el contrato detecta nada…

HBO: 2017, Guion: David Simon, George Pelecanos, Richard Price, Reparto: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Margarita Levieva, Gbenga Akinnagbe, Dominique Fishback, Gary Carr, Lawrence Gilliard Jr., Emily Meade, Michael Rispoli, Chris Bauer, Don Harvey, David Krumholtz, Chris Coy, Natalie Paul, Pernell Walker, Ralph Macchio

Cuando Travis Bickle regresa de Vietnam con veintiséis años no puede dormir por las noches, así que decide hacerse taxista nocturno. El hombre que le hace el contrato detecta nada más verlo que algo no anda bien en su cabeza, pero al fin y al cabo ambos sirvieron como marines en Indochina. Travis se encuentra en su turno con gente de toda ralea y cada mañana le toca limpiar las manchas de sangre y semen del asiento de atrás.

Porque Travis es, ante todo, un hombre limpio; tan limpio como el agua de lluvia que de vez en cuando empapa las mismas calles que él trabaja; limpio, como su conciencia.

Por eso cuando una prostituta de doce años entra en su coche huyendo y es rápidamente interceptada por su chulo, Travis decide comprarse una Smith & Wesson Modelo 29, cañón Magnum calibre 44, además de una S. & W. Modelo 36 de cañón corto cromado, una Scort creyendo que es una Colt de 25, y una Astra Constable pensando que se trata de una 380 Walther semiautomática.

Para limpiar.

Más de cuarenta años separan el clásico de Martin Scorsese Taxi Driver de la última producción de David Simon sobre los orígenes de la industria del porno en Estados Unidos. El protagonismo, la historia y el relato tampoco tienen nada que ver. No obstante, hay algo que une de manera incuestionable ambas ficciones: las calles que retrata la segunda son las mismas que recorre Travis con su coche en la primera, con la particularidad de que, en el film de Scorsese, no son una recreación.

La pornografía estadounidense, hoy día la mayor del mundo y localizada fundamentalmente a lo largo del valle de San Fernando en California —no muy lejos de Hollywood—, nació como industria profesional y sistematizada en el mismo underground neoyorkino donde confluían el arte y la estética de los protegidos de Warhol con las drogas, la subcultura, la mafia italoamericana y los prostíbulos. En este contexto, los tres kilómetros y medio de la calle 42 en Manhattan tienen especial relevancia. No solo se trata del epicentro del distrito teatral, a tiro de piedra de Broadway, Hell’s Kitchen y Times Square, sino que concentra en los setenta la zona de sex shops, peep shows y prostitución callejera probablemente más preeminente de la ciudad. La calle, concretamente el segmento delimitado por los cruces con la 6ª y la 8ª avenidas, era conocida en el argot popular como The Forty-Deuce o, sencillamente, The Deuce.

No es ambientación, es ecosistema

Si David Simon fuera cocinero seguramente seguiría los pasos de esa vieja escuela que entiende la sacralidad de la realización de buenos «fondos» como pieza maestra en la gastronomía. El fondo es una base importante en salsas y caldos. Su elaboración requiere, sobre todo, tiempo, pues se trata de algo que, para que realmente adquiera sustancia, ha de elaborarse a fuego lento. Las obras de Simon en cierto sentido siguen la misma lógica. En las primeras cucharadas de prueba apenas se aprecian resquicios de sabor, suenan a historia insípida y casi aguada. No obstante, conforme va avanzando la elaboración, las esencias de la materia prima se van condensando hasta el punto de poder engrandecer otros platos derivados; otras tramas, incluso secundarias. Eso sí, el arte del fondo requiere pericia, experiencia y una materia prima selecta a base de buen vino, buenas especias y, a menudo, espinas y huesos. Muchos huesos.

Y mientras, las víctimas de la trata siguen sufriendo el mismo destino en una suerte de inalterable maldición divina.

Los primeros episodios de The Deuce nos introducen en un ecosistema complejo. Los últimos, también. Las tramas horizontales que se van pergeñando apenas sugieren una deriva ni un objetivo concreto. No hay protagonistas claros ni conflictos definidos. Y, sin embargo, algo hay. Hay sustancia. La historia se mueve entre los tejemanejes de Vincent y el bala perdida de su hermano gemelo, que montan un bar en la zona con el auspicio medio indirecto de la mafia local; la relación entre las prostitutas, los proxenetas y los clientes que habitan la calle; la vida de Candy, que ha decidido ir por libre sin la salvaguarda de ningún chulo; la historia de Lori, una joven llegada a Nueva York desde Minnesota; o Abby, que deja la universidad para ser camarera de Vincent; o Darlene, que se trae a la calle a una chica de su pueblo a la que arruina la vida… La serie retrata también el ir y venir de los policías corruptos del barrio, los de la comisaría del distrito, los de antivicio, los honrados a su pesar y los que no lo son ni queriendo. También cuenta la historia de Sandra, una joven periodista que quiere denunciar la prostitución de la zona; o los problemas de Chris, camarero de Vincent, que anhela montar su propio bar gay.

Dos hechos añaden presión a la olla donde se cuece todo. Por un lado, el cambio en la legalidad del porno que, siguiendo la estela de Europa, deja de ser perseguido. De pronto los locales especializados empiezan a integrar cabinas de visionado, por lo que muchos clientes optan por invertir unas monedas para lo que antes se dejaban varios billetes. Por otro, la nueva política policial aspira a sacar a las prostitutas de la calle, lo que motiva a un tiempo el auge de los burdeles de la mafia y la obsolescencia de la supuesta protección que brindaban los proxenetas, gremio que empieza a ver próxima su extinción.

Y mientras, las víctimas de la trata siguen sufriendo el mismo destino en una suerte de inalterable maldición divina. El primer episodio termina con un enfático plano del pasillo de un hotel de mala muerte y paredes de papel, habitual refugio de meretrices y clientes. El último plano de la temporada remeda encuadre y composición, si bien varía la localización: ahora se trata del pasillo de un burdel cuyas paredes ni siquiera llegan al techo. Todo ha cambiado para seguir igual.

El porno como salvación

Y luego está el porno, probablemente el más interesante de todos los temas que aborda la serie, mitad por lo novedoso de la propuesta mitad por el empaque de quien la personifica. Pues, no nos engañemos, la historia de Vincent y su hermano, encarnados por partida doble por James Franco, y su ascenso a partir de los asideros de la mafia local ya la hemos visto en más de una ocasión —y con mejores elencos, dicho sea de paso—. En cambio, la incursión de la pornografía en el escenario público suena a una premisa novedosa. Que además se construya a partir del punto de vista de una directora sugiere una refrescante variación sobre los precedentes que se puedan rastrear sobre el tema.

Maggie Gyllenhaal, que además de interpretar también produce la serie, realiza un trabajo de altura, solvencia y valentía. La entidad que otorga al personaje de Candy, prostituta que encuentra en la pornografía una vía de expresión, supone con diferencia lo mejor que presenta la serie. Y lo de mayor interés. Pues Candy no solo va a encontrar en el cine para adultos una manera de salir de la calle, también va a descubrir una vocación artística, una profesión que la terminará salvando tanto en lo físico como en lo emocional. Y ahí está, quizá, la mayor controversia que se desprende de esta primera temporada.

La pornografía de alguna manera se presenta en su origen como una actividad inocua ejercida por nerds con super-ochos, comprensivas directoras, y apenas financiada muy de lejos por los lazos mafiosos

En el último episodio los personajes principales asisten al estreno de la famosa Garganta Profunda (Deep Throath, 1972), el primer filme pornográfico en ser estrenado y distribuido en salas convencionales. Candy y su socio son invitados en calidad de cineastas, pues ya han realizado diversas películas X, alguna incluso con actrices vocacionales que han acudido a ellos epatadas por el aura del celuloide. En su calidad de VIP acceden a ver el estreno junto a Linda Lovelace, protagonista del mítico film, mientras que el proxeneta que les suministraba a las actrices habituales de sus producciones —y que obligaba a todo el equipo, cámaras incluidos, a pagarle su correspondiente tributo— se queda fuera del cine, viendo desmoronarse simbólicamente su estatus y su poderío.

Aunque no puede acusarse a David Simon de perseguir ninguna premisa moralizante en ningún sentido, lo cierto es que la pornografía de alguna manera se presenta en su origen como una actividad inocua ejercida por nerds con super-ochos, comprensivas directoras que susurran sus instrucciones al oído de las actrices, y apenas financiada muy de lejos por los lazos mafiosos. Una actividad que, de hecho, parece suponer una salvación para prostitutas como Lori, la chica que vino desde Minnesota y que termina invitando en las cabinas para que los clientes la admiren en pantalla. Una alternativa a todas luces mucho mejor y más glamurosa que aquel pasillo del burdel cuyas paredes no llegaban al techo y que es comparado por las primeras trabajadoras que entran en él con un establo. Incluso Lovelace es representada exultante como primera pornstar, con un vestido largo de blanco virginal entre flashes y autógrafos a su llegada al estreno de Deep Throath. La misma Lovelace que años después, en la vida real, renegó de todo su trabajo y afirmó haberlo hecho bajo coacción; y la misma película cuyos millonarios derechos regaló el director a la mafia a cambio solo de mil dólares por miedo a quedarse sin piernas.

En todo caso, nunca se sabe por dónde nos pueden llevar. Es David Simon, y tiene todo el tiempo del mundo.

No hay comentarios en The Deuce: el ecosistema del porno

Ready Player One: empacho de melancolía

Inmersos en un futuro gris y anodino, la humanidad de 2045 vive enganchada a un videojuego de realidad virtual que permite a sus jugadores evadirse de lo mundano y sobrellevar…

ready player one

Título original: Ready Player One; Dirección: Steven Spielberg; Guión: Ernest Cline, Zak Penn (Novela: Ernest Cline);Música: Alan Silvestri; Fotografía: Janusz Kaminski; Reparto: Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Mark Rylance, Simon Pegg,T.J. Miller, Hannah John-Kamen

Inmersos en un futuro gris y anodino, la humanidad de 2045 vive enganchada a un videojuego de realidad virtual que permite a sus jugadores evadirse de lo mundano y sobrellevar la existencia a través de las peripecias de un avatar cibernético. El gurú creador de este juego muere dejando un huevo de pascua escondido en él que permite, a quien lo encuentre, heredar toda la fortuna del inventor así como el control de la maquinaria. Un grupo de chavales se embarca en la aventura para evitar que una corporación se haga con el trofeo e inunde el pasatiempo de publicidad. Para lograrlo, deberán desvelar los tres acertijos póstumos que el creador dejó escondidos en la historia y que basan su solución en la vasta cultura pop desde los sesenta.

Con una factura visual preciosista y abigarrada que alterna entre lo granuloso, desaturado y titubeante del mundo real y la exuberancia digital del mundo mágico dentro del videojuego, Spielberg trae una historia de aventuras juveniles llamada a encandilar tanto a los más pequeños como a sus cuarentones padres. Así, aunque la narrativa es más bien floja, más bien infantil y más bien vacua, realmente el relato no es sino una excusa para atiborrar al respetable de elementos pop con los que saciar su melancolía, como el Delorean de Regreso al futuro debidamente tuneado con las señales luminosas de El coche fantástico, participando en una carrera contra la moto de Akira, el Batmóvil de la serie de Adam West o la furgoneta de El equipo A mientras son perseguidos por el tiranosaurio de Parque Jurásico. Resulta obvio que pocos podrían haber realizado esta adaptación mejor que Spielberg quien, tanto en su labor como director como gracias a su aportación en el campo de la producción, ha contribuido probablemente más que nadie a nutrir de referentes el acervo colectivo popular.

Los olvidados por la propuesta probablemente sean los integrantes de la llamada generación millennial, que a duras penas podrán identificar todos los referentes que aparecen en el filme —salvo, seguramente, los más frikis— y que difícilmente lograrán empatizar con una carrera de obstáculos tan desganada como previsible, con personajes de planicie argumental y villanos maniqueos. A ellos les queda, en todo caso, la cercanía en edad con el inexpresivo protagonista, así como una peripecia más o menos entretenida y visualmente absorbente —mareante por momentos—, que pese a todo tiene diversos aciertos, como el homenaje a El Resplandor de Stanley Kubrick y su Hotel Overlook, en cuyas siniestras dependencias se desarrolla el mejor pasaje de la aventura.

No hay comentarios en Ready Player One: empacho de melancolía

Jumanji: el cascarón vacío

Un grupo de jóvenes son castigados por distintas faltas en su instituto. Mientras realizan las tareas de limpieza que les han encomendado en un viejo almacén se topan por casualidad…

Título original: Jumanji: Welcome to the Jungle; Dirección: Jake Kasdan; Guión: Jeff Pinkner, Scott Rosenberg, Erik Sommers (Novela: Chris Van Allsburg. Historia: Chris McKenna);Música: Henry Jackman; Fotografía: Gyula Pados; Reparto: Dwayne “The Rock” Johnson, Jack Black, Kevin Hart, Karen Gillan, Alex Wolff, Madison Iseman

Un grupo de jóvenes son castigados por distintas faltas en su instituto. Mientras realizan las tareas de limpieza que les han encomendado en un viejo almacén se topan por casualidad con un videojuego de los que hoy se conocen como «retro». Como es lógico, no tardan en enchufarlo para ponerlo a prueba, optando cada uno por un avatar dentro de la historia. No obstante, nada más comenzar la partida, el videojuego los absorbe hacia el interior de la pantalla. Una vez dentro, cada uno adoptará la forma del avatar elegido que, como es de esperar, presenta características completamente opuestas a las suyas en la vida real.

Mitad continuación mitad remake de la película protagonizada por Robin Williams en 1995, el nuevo Jumanji viene a explotar la carta de la nostalgia que tan buenos resultados de taquilla y suscripciones está dando a lo largo de la última década. Sin embargo, el planteamiento comercial se queda sólo en lo instrumental de la historia, desgranando luego un relato de acción y comedia tan ordinario que bien podrían haber subvertido cualquier otro packaging finisecular y haber obtenido el mismo resultado.

Da la impresión de que los filmes adolescentes de los ochenta y noventa originales exploraban, bajo la excusa de aventuras imposibles y mundos mágicos, valores mucho más profundos

La fortaleza del film, más allá de un guión pergeñado con escuadra y cartabón sobre arcos simplones y premisas fáciles, descansa fundamentalmente en la vis cómica de sus intérpretes, y en concreto sobre las orondas espaldas de Jack Black y Dwayne Johnson, que efectivamente hacen suyos los roles que les toca interpretar a ratos entre estampida y estampida. Obviamente es Black quien se lleva el gato al agua, no sólo por un menor encasillamiento del actor, sino por el acierto de corporeizar algo tan alejado de sí mismo como es una quinceañera adicta a instagram.

Pero la película presenta más debilidades que fortalezas, empezando por la escasa sensación de peligro real que mueve a los personajes —todos dotados con tres vidas en la partida— y siguiendo por lo predecible y facilón de la aventura. El interés que suscitan las relaciones entre ellos se queda en lo banal, apenas rozando la superficie de quiénes son y quiénes quieren llegar a ser en el microcosmos de los pasillos de la secundaria.

De alguna forma, da la impresión de que los filmes adolescentes de los ochenta y noventa originales exploraban, bajo la excusa de aventuras imposibles y mundos mágicos, valores mucho más profundos relacionados con el sentido de la justicia, la amistad, los traumas provocados por la inestabilidad familiar, la madurez o la necesidad de aprender a lidiar con la muerte. Las nuevas aventuras que apelan a aquéllos para ganarse tanto a los millenials y post-millenials como a los treintañeros de hoy parece que se quedan, por lo general, en la superficie, no sabiendo ofrecer nada mejor que un cascarón vacío.

No hay comentarios en Jumanji: el cascarón vacío

Tomb Raider: Lara Croft y la última cruzada

En la tercera entrega de la saga de Indiana Jones, el héroe rechaza la llamada a la aventura al menos tres veces. Cuando recibe el misterioso paquete que contiene el…

Título original: Tomb Raider; Dirección: Roar Uthaug; Guión: Geneva Robertson-Dworet, Alastair Siddons (Personaje: Toby Gard);Música: Junkie XL; Fotografía: George Richmond; Reparto: Alicia Vikander, Daniel Wu, Dominic West, Walton Goggins, Kristin Scott Thomas

En la tercera entrega de la saga de Indiana Jones, el héroe rechaza la llamada a la aventura al menos tres veces. Cuando recibe el misterioso paquete que contiene el diario de su padre con los secretos de su investigación, él ni siquiera se molesta en abrir el sobre; cuando el millonario Donovan le presenta, copa de Möet por medio, los vestigios hallados que prueban la existencia del Santo Grial y las sobrenaturales bondades que se le atribuyen a la reliquia, él les resta valor tachando las pruebas de indeterminadas y la historia de «cuento para niños». Ni siquiera accede a embarcarse en lo que parece un insigne proyecto arqueológico cuando le explican que el experto que lo estaba dirigiendo se encuentra en paradero desconocido. Nada parece interesar lo suficiente al profesor como para abandonar la cotidianidad de sus lecciones en la Universidad. Solo cuando agarra su sombrero ya con la intención de marcharse del apartamento del millonario éste le espeta un argumento que le hace cambiar de opinión y lanzarse de lleno a la aventura: el hombre que ha desaparecido es su propio padre. El reboot de la franquicia de Tomb Raider presenta no pocas similitudes con el ya clásico de Spielberg.

Deliberadamente alejada de la versión protagonizada por Angelina Jolie este nuevo comienzo apuesta por apoyar todo el peso sobre el talento de Alicia Vikander

Lara Croft es una joven que malvive en el bullicioso centro de Londres. Su principal afición es el boxeo, pero va a tener que renunciar a él al no poder pagar más tiempo la matrícula del gimnasio donde está inscrita. Desesperada por conseguir algo de dinero, trabaja como repartidora y de vez en cuando participa en carreras de bicicletas, lo que le ocasiona problemas con la policía. Lo curioso es que Lara en realidad es la única heredera de una inconmensurable fortuna a la que podría acceder tan solo con aceptar la herencia por escrito. Pero firmar ese papel supondría dar definitivamente por muerto a su padre, que desapareció hace años en el mar de Japón, y ella no está dispuesta. Por eso el hallazgo de un mensaje secreto de su progenitor la anima a seguir sus pasos en la investigación de una antigua leyenda con la esperanza de encontrar al menos las causas de su desaparición.

Deliberadamente alejada de la versión protagonizada por Angelina Jolie hace más de quince años, este nuevo comienzo apuesta por apoyar todo el peso dramático sobre los robustos hombros y el incuestionable talento de Alicia Vikander que, en efecto, cumple con su cometido. Sin embargo, pese a comenzar con una premisa potente, la historia se va desinflando conforme avanza el metraje, perdiéndose en la espectacularidad de las persecuciones, las deudas visuales con el videojuego, un macguffin de buena intención pero flojo resultado y unos villanos maniqueos de ocurrencia sobrevenida y alevosía injustificada.

No hay comentarios en Tomb Raider: Lara Croft y la última cruzada

La muerte de Stalin: risas en el gulag

Infartado y sobre un charco de orina, Stalin da sus últimos estertores sin que nadie acuda en su ayuda sencillamente por miedo a entrar en sus aposentos. Cuando por fin…

Título original: The Death of Stalin; Dirección: Armando Iannucci; Guión: Armando Iannucci, David Schneider, Ian Martin, Peter Fellows (Cómic: Fabien Nury);Música: Christopher Willis; Fotografía: Zac Nicholson; Reparto: Steve Buscemi, Olga Kurylenko, Andrea Riseborough, Jason Isaacs, Paddy Considine, Jeffrey Tambor

Infartado y sobre un charco de orina, Stalin da sus últimos estertores sin que nadie acuda en su ayuda sencillamente por miedo a entrar en sus aposentos. Cuando por fin alguien se decide a llamar a un médico, la problemática se torna paradójica: los mejores doctores han sido todos deportados o eliminados por mandato, precisamente, del propio Stalin. El cuadro, enmarcado desde el patetismo, apunta hacia la sonrisa del respetable: todos los gerifaltes del régimen evitan pisar la mancha de orina de su líder mientras sollozan y emiten lamentaciones exageradas. En sus fueros internos urden en secreto la trama maquiavélica que les permita agrandar su cota de poder aprovechando que el sucesor del jerarca es un pusilánime sin autoridad. Apenas la noche anterior compartían con el jefe chistes y bromas mientras veían alguna película norteamericana de indios y vaqueros; ahora le pegarían gustosos un tiro en la nuca al amigo más cercano. Es la Unión Soviética y estamos en 1953.

Si aceptamos la existencia de unos «límites del humor», La muerte de Stalin se edifica directamente sobre la línea divisoria de tal linde fronteriza

El director y guionista Armando Iannucci lleva a la pantalla un cómic del francés Fabien Nury haciendo gala de su afilado sentido de la parodia. Si aceptamos la existencia de unos «límites del humor», La muerte de Stalin se edifica directamente sobre la línea divisoria de tal linde fronteriza para erigir una contundente crítica al poder en todas sus formas. Los chistes, que no dejan bien parado a nadie, se desenvuelven desde el aséptico gag físico hasta el más irredento de los escenarios; desde el chascarrillo zafio de los protagonistas hasta la comedia a costa de ejecuciones explícitas, condenas a muerte con risotada y bidón de gasolina, o violaciones a menores pertrechadas al amparo del fuera de campo.

Perpetran la obra, además del director, un conjunto de actores anglosajones en estado de gracia. Con el siempre histriónico Steve Buscemi a la cabeza, todos los intérpretes se pliegan al reclamo de la parodia gamberra, pero dejando ver entre las grietas de la sátira la piel de monstruos tan oscuros, crueles y sanguinarios como tristemente reales.

La película, no obstante, bajo esta capa de negrura no banaliza la realidad ni la subvierte tras la careta del payaso sino precisamente lo contrario: la expone de una forma tan descarnada y cruda que finalmente el espectador se enfrenta a la duda de si lo que está viendo es o no una exageración de la realidad histórica, y si realmente la risa que le ha provocado es en el fondo legítima o cruel. Tal vez haya sido esta dualidad la que ha propiciado que el filme haya sido finalmente vetado en Rusia además de en otras ex repúblicas soviéticas.

No hay comentarios en La muerte de Stalin: risas en el gulag

Gorrión Rojo: Madre Patria

En 1974 Chalotte Rampling, con 28 años, llevaba el escándalo y la polémica a las salas de cine de la mano de la directora Liliana Cavani. El motivo no era…

Gorrión Rojo, Jennifer Lawrence

Título original: Red Sparrow; Dirección: Francis Lawrence; Guión: Justin Haythe (Novela: Jason Matthews);Música: James Newton Howard; Fotografía: Jo Willems; Reparto: Jennifer Lawrence, Joel Edgerton, Jeremy Irons, Charlotte Rampling, Mary-Louise Parker

En 1974 Chalotte Rampling, con 28 años, llevaba el escándalo y la polémica a las salas de cine de la mano de la directora Liliana Cavani. El motivo no era otro que la película Portero de noche, escrita por esta última, donde narraba con abundante erotismo la relación sadomasoquista entre reclusa y carcelero en el contexto de los campos de exterminio durante el holocausto. La primera escena que se rodó del filme fue precisamente la que terminó siendo más famosa: el baile de Rampling en toples cubierta por la gorra de un oficial de las SS. No resulta extraño, por tanto, que el casting de Gorrión Rojo haya optado por la misma actriz para interpretar en esta ocasión a la severa mentora jefa del centro de adiestramiento para espías donde recae el personaje interpretado por Jennifer Lawrence, precisamente también a sus 28 años, y donde le enseñarán, entre otras lecciones, que su cuerpo y su sexualidad son bienes al servicio del Estado.

La película de Lawrence se aleja de la tónica de todos los filmes del género de espías de la última década

Bregada en la disciplina del Bolshói, la primera bailarina Dominika Egorova ve truncada su carrera por un aparatoso accidente en escena. Su tío, un gerifalte del gobierno ruso, explota su debilidad económica y la dependencia de su madre discapacitada para enredarla en un asunto indecoroso: debe seducir a un político rival y aprovechar la intimidad de la alcoba para robarle el teléfono. No obstante, todo sale mal y al político le da tiempo a violarla antes de ser asesinado por un sicario, cosa que era el verdadero objetivo del plan desde el comienzo. Implicada, salpicada de sangre, y con la atención médica que necesita su madre en vilo, a Dominika no le queda otra opción que acceder al plan de su tío y pasar a integrar un cuerpo de espías de élite —los llamados «gorriones»—, especializado en las tácticas de seducción. El agente de la CIA Nate Nash (Joel Edgerton) será su primer objetivo.

Sostenida sobre la contención, la película del director Francis Lawrence —sin parentesco con la protagonista— se aleja de la tónica que han llevado, no solo todos sus filmes precedentes, sino casi todos los filmes del género de espías de la última década en general —especialmente los protagonizados por mujeres—. En Gorrión Rojo no hay apabullantes escenas de acción, persecuciones con tiroteos a toda velocidad ni avasalladores planos secuencia de peleas imposibles. En lugar de eso se narra una historia íntima, sosegada y mantenida sobre los diálogos, las mentiras y las traiciones insospechadas. Lawrence, la actriz, hace gala de una fuerza expresiva encomiable capaz de llevar todo el peso de la trama y además engañar al espectador en un final del todo sorpresivo.

Eso sí, la película resulta quizá demasiado larga.

No hay comentarios en Gorrión Rojo: Madre Patria

Todo el dinero del mundo: la oreja de Kevin Spacey

Correcta y bien narrada, pero fría.

todo el dinero del mundo

Título original: All the Money in the World; Dirección: Ridley Scott; Guión: David Scarpa (Libro: John Pearson);Música: Daniel Pemberton; Fotografía: Dariusz Wolski; Reparto: Michelle Williams, Mark Wahlberg, Christopher Plummer, Romain Duris, Charlie Plummer

John Paul Getty era un adolescente que en el 1973 tenía la mala fortuna de llevar el mismo nombre y apellido que su abuelo, el magnate del petróleo más acaudalado del mundo y, además, de haber perdido casi toda relación con él. Su secuestro fue primera plana al instante en la prensa mundial, así como la negativa del anciano a pagar un centavo por su rescate, lo que le acarreó al pequeño no sólo la prolongación del tormento en manos de la mafia calabresa sino también la amputación de la oreja derecha. Charlie Plummer es el actor encargado de darle vida en la pantalla y, aunque comparten apellido, no tiene ninguna relación familiar con quien interpreta a su abuelo y cuyo casting será recordado por una triste polémica.

Christopher Plummer, veterano actor con más de cien títulos en su carrera, ha sido el encargado de dar vida en la ficción al multimillonario J. Paul Getty en sustitución de Kevin Spacey. Por lógico que pueda sonar que para un papel de octogenario sea preferible Plummer, de 88, antes que Spacey, de 58, lo cierto es que la película ya estaba rodada y montada cuando el escándalo sexual salpicó al segundo. Por ello el director Ridley Scott —también octogenario— optó por evitar boicots y polémicas a golpe de reshoot, volviendo a convocar a todo el equipo para volver a filmar con Plummer las escenas que había encarnado Spacey.

Correcta, disfrutable y entretenida, pero narrada con una frialdad casi documental.

El buen o mal resultado del cambio solo lo pueden corroborar comparativamente los miembros del equipo que hayan visto ambas interpretaciones. La versión de Plummer, en todo caso, denota una profesionalidad y un carácter sin duda reseñables que juega en sintonía con la lograda fuerza dramática que imprime Michelle Williams al personaje de madre coraje, verdadera protagonista de la historia. No obstante, el ritmo, el tono y, en definitiva, el relato tipo thriller que narra el filme no lo sitúan a la altura de los trabajos más excelsos del director de Blade Runner que, aun con su evidente pericia y eficiencia narrativa, no logra una película de la tensión emocional que cabría esperar. Correcta, disfrutable y entretenida, pero narrada con una frialdad casi documental.

Con todo, independientemente de la calidad interpretativa de uno u otro villano, la solución de Scott para salvar su película realmente le ha venido como anillo al dedo. El desaire al trabajo de Spacey no solo ha logrado promocionar el filme de forma indirecta, sino que además la pretensión comercial que ha motivado el cambio de actor casa a la perfección con el carácter del villano que retrata, quien, como es sabido, solo aceptó pagar a los captores de su nieto cuando se enteró de que el dinero del rescate desgravaba.

No hay comentarios en Todo el dinero del mundo: la oreja de Kevin Spacey

La limpiadora muda y el anfibio enamorado

Más que una historia de espías, La forma del agua es la historia de amor entre Elisa y un ser anfibio de rasgos humanoides

La forma del agua

Título original: The shape of water; Dirección: Guillermo Del Toro; Guión: Guillermo del Toro, Vanessa Taylor;Música: Alexandre Desplat; Fotografía: Dan Laustsen; Reparto: Sally Hawkins, Doug Jones, Michael Shannon, Octavia Spencer, Richard Jenkins

Elisa es una mujer sencilla. De costumbres humildes, duerme en un diván durante gran parte del día y por las noches se levanta, se da un baño, y se va a trabajar como limpiadora de unas instalaciones científicas. Su vecino es un ilustrador ya entrado en edad que trabaja desde casa y al que acompaña por las tardes a comer tarta. Su mejor amiga trabaja con ella, le guarda los turnos y le cuenta las intimidades de su matrimonio como hacen las amigas normales. Sin embargo, Elisa es muda, su vecino es gay, su amiga es negra y todo esto se intuye problemático porque el relato nos sitúa en el intolerante Estados Unidos de comienzos de los sesenta.

Si ya con estos ingredientes el filme se pinta interesante, la cosa no hace sino ganar profundidad con la irrupción de un villano de funestas proporciones que viene a situarse como el brazo ejecutor —y acosador— de una burocracia machista y retrógrada que no tiene en mente más que una preocupación: la amenaza de la Guerra Fría. Y con razón: entre los doctores que trabajan en las instalaciones científicas hay al menos un espía soviético infiltrado.

Con una lectura que evidencia sus metáforas políticas y morales, la nueva fábula de Del Toro se sostiene sobre una historia bien trazada, una interpretación magnética de su protagonista, y una audacia incuestionable al subvertir los géneros

Pero el relato va más allá, pues el film de Guillermo del Toro no se contenta con las posibilidades dramáticas que se adivinan de una ambientación tan prolija en conflictos. Más que una historia de espías, La forma del agua es la historia de amor entre Elisa y un ser anfibio de rasgos humanoides, objeto de estudio de los científicos y potencial ventaja estadounidense en la contienda. Por supuesto el gobierno —personificado en un general de cinco estrellas, esos que pueden contarse con los dedos de una mano en toda la historia de los EE. UU.— ordena sacrificar a la criatura para analizarla por dentro y Elisa, con la ayuda de sus amigos, tratará de salvarla.

Con una lectura que evidencia sus metáforas políticas y morales, la nueva fábula de Del Toro se sostiene sobre una historia bien trazada, una interpretación magnética de su protagonista, y una audacia incuestionable al subvertir los géneros —el film tiene incluso algún momento musical— e incluso introducir de manera explícita el sexo. A lo largo del film no son pocos los homenajes y citas cinéfilas, comenzando por el propio diseño del monstruo, calcado del de los clásicos de los cincuenta. El juego visual, por otro lado, y como es habitual en el director, se construye en torno al realismo mágico que es común en el resto de su filmografía. Igual que los problemas de la película, también habituales en todas sus obras: un villano demasiado estereotipado y maniqueo, y un clímax donde los personajes de pronto muestran virtudes y capacidades que no se habían manifestado anteriormente en el metraje.

No hay comentarios en La limpiadora muda y el anfibio enamorado

Cincuenta sombras liberadas: masoquismo naíf

Hay que reconocerle al menos el esfuerzo de tratar de sacar ápices de emoción a la que probablemente sea la pareja de intérpretes con menos química de la historia del cine.

fifty shades freed

Título original: Fifty shades freed; Dirección: James Foley; Guión: Niall Leonard (Novela: E.L. James);Música: Danny Elfman; Fotografía: John Schwartzman; Reparto: Dakota Johnson, Jamie Dornan, Eric Johnson, Eloise Mumford, Rita Ora

El sadomasoquismo encierra en sí mismo una paradoja: el sometimiento de los amantes en los actos de dominación sexual parten —al menos así dicta la teoría— de la más rotunda de las libertades. La tercera y última entrega de la saga iniciada por Cincuenta sombras de Grey encierra otra similar: bajo la aparente capa de liberalización de las conductas sexuales se esconde un relato eminentemente moralista, retrógrado y, en suma, mogigato.

Tras la tormentosa relación de la primera y los dimes y diretes de la segunda, la pareja formada por Christian Grey y Anastasia Steele se dan el sí quiero definitivamente al comienzo de Cincuenta sombras liberadas, para, a continuación, lanzarse a una luna de miel por los rincones más estilosos de Europa. De regreso, ella vuelve a su trabajo convertida en la señora del jefe de su jefe, y esto se traduce en un mayor despacho redecorado según la dictadura del lujo que le corresponde. Él, por su parte, vuelve a hacer lo que quiera que sea que haga para ganarse la vida —nunca se muestra de manera explícita—, si bien queda claro que su trabajo le deja tiempo para disfrutar de las escapadas de fin de semana a la sierra, el lago, la montaña… o lanzarse a temerarios paseos a bordo de su Audi R8 —unos 200.000 euros de coche—. No obstante, dos problemas irrumpen en el bienestar de la pareja. Primero, los celos y la negativa de Mr. Grey a tener hijos. Segundo, el acoso de un peligroso psicópata que pretende vengarse de Anastasia al sentirse despechado. En medio de todo esto, los recién casados darán rienda suelta a su lubricidad siempre que tienen ocasión, si bien es destacable que el «cuarto de juegos» parecen haberlo reservado ya solo para ocasiones especiales.

Adaptación de la tercera novela de E.L. James a cargo de su marido, que firma el guión, no termina de encontrar el tono en el que quiere desarrollarse.

El filme, adaptación de la tercera novela de E.L. James a cargo de su marido, que firma el guión, no termina de encontrar el tono en el que quiere desarrollarse. En unos momentos parece un thriller, en otros un drama conyugal, y en otros un videoclip de música pop. En todo caso, en ninguna de estas facetas presenta suficiente entidad. El thriller, que se desenvuelve sobre la incongruencia, se solventa con una facilidad sonrojante; el drama conyugal, que se construye a base de afrentas de romance adolescente, se sublima en el éxtasis de la edulcoración marital —y familiar—; y los videoclips musicales, sencillamente, parecen todos el mismo.

No obstante, ninguna saga llega a tener terceras partes sin el apoyo masivo del público. El filme ya ha destronado en taquilla a los éxitos navideños, y hay que reconocerle al menos el esfuerzo de tratar de sacar ápices de emoción a la que probablemente sea la pareja de intérpretes con menos química de la historia del cine.

No hay comentarios en Cincuenta sombras liberadas: masoquismo naíf

You might also like...

Ocean’s 8: la feminización del robo

La Mantis: Hannibal se hizo mujer

Type on the field below and hit Enter/Return to search