Quizá no haga falta escribir una crítica más sobre Cincuenta sombras de Grey. La campaña publicitaria que ha inundado marquesinas y carteles ha venido acompañada por una oleada de opiniones, titulares y artículos sobre el film y sobre todos sus temas relacionados: el sado, la dominación, el sexo… Basada en una novela erótica que ha sido éxito mundial de ventas y que, a su vez, también estuvo basada en la saga Crepúsculo —otro éxito mundial de ventas—, la película se estrenaba con gran parte del trabajo hecho. Ha sido éxito de taquilla en su primera semana, como era de esperar, en parte por la legión de fans de la obra literaria de ambas, de hecho— y para quienes se ha realizado fundamentalmente el film. Lejos de conocer si ha estado a la altura de las expectativas de las y los fans literarios, lo cierto es que la película presenta una trama muy simplona, unos personajes muy planos y una historia donde el conflicto se diluye a medida que pasa el metraje.

Cincuenta sombras de Grey narra la historia de una joven que, en su último año de carrera, conoce a un millonario que le propone una relación de dominación amo-sumisa con contrato de por medio. En lo que ella decide si aceptar o no las condiciones del acuerdo, ambos jóvenes se van enamorando y él va poco a poco desvelando sus secretos, sus parafilias y sus demonios internos. Así pues, el conflicto que se apunta es el de una relación de amor contractual, donde ella tiene que aceptar entrar en el juego para poder estar junto al ser amado. No obstante, en la realidad del film él, lejos de ser inalcanzable, es realmente quien no para de perseguirla a ella casi obsesivamente, pasando a controlar de manera imperativa —y muy infantil— todos los aspectos de su vida. El debate sobre el modelo de relación de dominación que presenta el film está servido.

Dakota Johnson sorprende por su completa entrega a los motivos del film, que no rehuye escenas de sexo

No voy a entrar a valorar las parafilias del muchacho, ni voy a tratar de encontrar una explicación a por qué se encapricha de la chavala más sosaina que entra en su oficina donde, a la sazón, el mozo trabaja rodeado de secretarias que parecen sacadas del calendario Pirelli. Cuestión de gustos. Lo que me pone un poco de los nervios es el tufillo machista que engloba todo el planteamiento amo-sumisa del film. Barbijaputa, blogger por todos conocida, lo ha descrito a la perfección en este artículo para eldiario.es cuando dice: «podríamos resumir 50 sombras de Grey en que es una historia aburridísima sobre el pene de un señor y su firme creencia de que la protagonista ha de someterse a él porque de eso va el mundo». En efecto, la película presenta a todas luces el perfil de un acosador. Claro, la gran incógnita es si la protagonista terminará cediendo al chantaje machista o si le dará con la puerta en las narices haciendo alegato de independencia femenina.

Otra cuestión que parece haber levantado ampollas es el tema del sadomasoquismo. El BDSM, como se conoce la colección de prácticas relacionadas con el bondage & discipline (ataduras, cuerdas y demás) y el sadomasoquismo, por lo visto no tiene nada que ver con lo que presenta el film. De hecho, parece ser que es todo lo contrario. Lejos de suponer una perversión fruto de una infancia traumática y enfermiza —como plantea la película—, se trata de una serie de juegos —juegos, ojo a la acepción lúdica— consensuados y fundamentados sobre la base del respeto y la comunicación en la pareja. Así, al menos, lo defienden la actriz porno española Amarna Miller en este artículo en El Periódico, y la también actriz porno —retirada— Aurora Snow en este post para el portal The Daily Beast. Créanme: ellas saben mucho más que yo sobre el tema.

Jamie Dornan encarna a un Christian Grey poco expresivo, dominante y con cierto aire similar a los asesinos en serie que ha interpretado anteriormente —lo cual es muy revelador—

Volviendo a la película, aunque los personajes apenas tienen evolución, la interpretación de ambos es correcta. Jamie Dornan encarna a un Christian Grey poco expresivo, dominante y con cierto aire similar a los asesinos en serie que ha interpretado anteriormente —lo cual es muy revelador—, y Dakota Johnson, tercera en la generación de intérpretes —después de su abuela Tippi Hedren, musa de Hitchcock, y de su madre, Melanie Griffith—, sorprende por su completa entrega a los motivos del film, que no rehuye escenas de sexo sadomasoquista, eso sí, en su vertiente más blanda.

La película se circunscribe a la primera novela de la trilogía erótica y deja un final que da pie a continuaciones, introduciendo incluso guiños a los lectores sobre acontecimientos que se apuntan y que no suceden hasta en los posteriores libros. Mientras llega y no Cincuenta sombras más oscuras, el sexo se realiza con las manos atadas, pero, eso sí, atadas con corbatas de seda.