Si no está ocurriendo ya, probablemente en pocas horas se desatará la fiebre y twitter empezará a revolucionarse con el último episodio de Juego de Tronos. No es raro. Al fin y al cabo es el noveno de esta temporada y, tradicionalmente, los novenos capítulos suelen ser un punto de inflexión dramático en el desarrollo de la serie. La decapitación de Ned Stark fue al final de un noveno capítulo, igual que la «Boda roja» o las dos batallas importantes que hemos tenido en estas cinco temporadas. Por eso, aun sin haberlo visto, me atrevo a aventurar que el último emitido será de los que causan estragos en la audiencia. Y más les vale.

Todos saben que he gastado muchos bits en poner a caldo la serie. Tengo toda una colección de posts al respecto. No obstante, a nadie se le escapa que, pese a mis críticas, la he seguido viendo con fidelidad. El motivo principal, además de terminar lo empezado, es que, a pesar de todo, la serie me parecía fantásticamente producida y enormemente entretenida. Hasta ahora.

Esta última temporada me está resultando tan triste y tediosa que a veces me descubro a mí mismo haciendo un esfuerzo por terminar cada episodio. ¡Es un auténtico aburrimiento! Prácticamente no pasa absolutamente nada de interés, o lo poco de interés que pasa es tan predecible que ya ni siquiera sorprende a los que no han leído los libros. Vale que en el de la semana pasada el ejército de los Caminantes Blancos por fin llega a un campamento y hay un instante de sorpresa pero, aparte de eso, no recuerdo en toda la temporada algo que realmente me hiciera levantar una ceja. ¿Qué ha pasado con esta serie?

Juego de Tronos no solía ser así. ¿Recuerdan el comienzo?

Juego de Tronos no solía ser así. ¿Recuerdan el comienzo? La serie empezaba con una cuadrilla que se adentraba en un bosque helado y que era masacrada a los cinco minutos. Sólo uno de ellos lograba escapar de la escabechina, pero de poco le servía porque, tan sólo dos escenas después, el noble señor de sus tierras y protagonista del drama le rebanaba la cabeza con un espadón. Después nos enterábamos de un contubernio en la corte del rey para, de inmediato, trasladarnos a otro lugar donde una niña rubita, virginal y recién bañada era vendida como esposa a un garrulo montado a caballo. Si lo recuerdan, en el episodio terminaban empujando a un niño de lo alto de un torreón. ¿Y ahora?

Ahora hay poco más que diálogo. Diálogo y diálogo y más diálogo. La trama de Cersei: puro diálogo. La trama de Ayra: toda contada en diálogo mientras barre el templo. Jon Snow ha viajado hasta el otro lado del muro ¿adivinan para qué? Exacto, para dialogar con los salvajes. Incluso el momento de mayor tensión, cuando Daenerys se encuentra frente a frente con uno de sus archienemigos, terminamos viendo a los dos charlando con un vinito. La trama de Sansa, salvo el instante de la violación, se resume en diálogo en la cena, diálogo en el baño, diálogo en las torres y diálogo en la habitación. Poco más.

Parece que en algún despacho de algún departamento de la HBO algún directivo ha decidido echar el freno y empezar a marear la perdiz, que por ir tan rápido estamos alcanzando el ritmo de las novelas, y el señor Martín no escribe rápido, que digamos.

Así pues, lo que nos toca a los fans y fans-detractores es aguantar los aburridos preliminares que nos llevan al clímax del noveno capítulo de esta temporada. Esperemos que tenga algo más que diálogo.