2011-2015. EEUU. Creadores: Ryan Murphy, Brad Falchuk. Reparto: Angela Bassett, Matt Bomer, Finn Wittrock, Chloë Sevigny, Denis O'Hare, Lady Gaga

2011-2015. EEUU. Creadores: Ryan Murphy, Brad Falchuk. Reparto: Angela Bassett, Matt Bomer, Finn Wittrock, Chloë Sevigny, Denis O’Hare, Lady Gaga

Pasaban casi tres tercios del siglo XIX cuando el irlandés Sheridan Le Fanu sacaba a relucir su maravillosa novela Carmilla, iniciando sin quererlo toda una saga de vampirismo que tendría en su compatriota Stoker quizá la más notable representación. En efecto, la historia de la joven vampiresa y de sus affaires lésbicos en busca de sangre antecedieron en lo literario al mismísimo conde Drácula, y tuvieron una progenie propia ya casi olvidada en las estantería polvorientas de la Hammer. No obstante, no se le puede achacar a Le Fanu toda la originalidad de la premisa. Como todo, su novela estaba igualmente inspirada por los aires que glosan la leyenda; especialmente la leyenda de una mujer cuya fama la ha llevado al Guinness de los récords como la homicida femenina más atroz. Elisabeth Báthory, condesa húngara de finales del siglo XV, tiene la cruenta marca de más de seiscientas muertes en su haber. Todas ellas, dice el mito, para darse baños de hemoglobina que mantuvieran su piel tersa y joven. Por eso mismo, llegados a este punto, la pregunta es más que obvia: ¿qué carajo tiene nada de esto de americano?

Seguro que ya están al tanto. Se ha estrenado la quinta temporada de ese paripé llamado American Horror Story. La primera novedad —por no decir «atentado»— que presenta esta nueva entrega es que han tenido a bien sustituir las tablas y el buen hacer de la veterana Jessica Lange por el exhibicionismo comercial de Stefani Joanne Angelina Germanotta, Lady Gaga para sus amigos, interpretando a la dichosa condesa que les mencionaba antes y que, por lo visto —supongo que para que la serie no termine de faltar a su propia denominación—, ha ido a dar con sus centenarios huesos a un polvoriento hotel de Los Ángeles donde sigue llevando a cabo sus delirantes crímenes.

American Horror Story viene siendo desde hace varias temporadas un aburrido catálogo de objetivos angulares y ojos de pez

American Horror Story viene siendo desde hace varias temporadas un aburrido catálogo de objetivos angulares y ojos de pez. Tengo que agradecer a mi proveedor de VOD la posibilidad de rebobinar los capítulos porque, lo confieso, viendo este estreno de temporada me he quedado profundamente dormido. Narcoléptico perdido, fíjense; aburrido de tanto maniqueísmo de lo absurdo, de tanto gore remellón, de tanto niño ojeroso por los pasillos enmoquetados de un hotel que tiene de Kubrick lo que yo de Kortajarena. No faltan, eso sí, los asiduos, los freaks y los repescados de otras entregas. No falta, de nuevo, el sexo de pezón tapado y la sangre en protuberantes litros, como no faltan —no pueden faltar— la puesta en escena errática aunque autoconsciente y la historia de amor forzado que termina por colapsarlo todo. Lo de siempre, en pocas palabras.

Ver American Horror Story es el equivalente seriéfilo a visitar un Museo de Cera de los malos

Lady Gaga, que eso de actuar lo tiene tan interiorizado que apenas lo saca, suple lo estrafalario de sus performances con un instinto musical envidiable. La serie de Ryan Murphy, en cambio, se queda en lo peripuesto, en lo extravagante de postín y en el cutrerío —que ya van cuatro temporadas de sorna, hombre— de vender lo grotesco porque sí; lo incoherente como marca de la casa. Ver American Horror Story es el equivalente seriéfilo a visitar un Museo de Cera de los malos, de los que no dan ni una.

Pero no voy a negarle a los fans la justificación. Al fin y al cabo el negocio se construye sobre las filias de cada uno, y ahora mismo no está la televisión para andar comparando. Sexo, gore, terror de trazo grueso y Lady Gaga en la misma franquicia es un sorbete con tantos topings que nadie puede resistirse. Yo mismo haré el esfuerzo, si la narcolepsia me lo permite, aunque sólo sea por ver llegar a Naomi Campbell a la recepción.