Lo de los formatos en TV va por modas, ya se sabe.

Igual que ahora estamos viviendo la edad de oro de los concursos de corte culinario, en otra época lo que se llevaba era la supervivencia. Hacían películas con Tom Hanks hablando solo en islas perdidas; hacían series en las que los protagonistas vivían atrapados en un promontorio en mitad del océano —o no…—, y Bear Grylls mostraba al mundo sus dotes de boyscout y el drama de su terrible dolencia: es el único británico que después de dos horas nadando al sol hacia una playa desierta no se pone como un salmonete.

Poco a poco, conforme perdía fuelle, el formato empezaba a decaer: la supervivencia cada vez daba más risa; los concursantes cada vez eran más ineptos, y la lucha contra la naturaleza se dirimía en el reformado plató de Sálvame con expertos de la talla de Carmele Marchante. Quizá el punto de inflexión fue cuando descubrimos que lo único que había llevado un conocido actor para sobrevivir a su paso por la Isla de los Famosos era una pastilla de viagra.

No obstante, el formato se resiste a morir. Las pruebas de supervivencia —valga la redundancia— siguen ocupando espacio en nuestras parrillas televisivas y, quizá motivadas por el descenso del interés de los espectadores, son cada vez más y más radicales. Recordemos cómo pasó por España sin problemas la prueba de Fear Factor, censurada en el resto del mundo —salvo Dinamarca—, en la que dos parejas de atractivas gemelas se bebían una jarra de semen de burro; recordemos la más reciente mordedura de serpiente que casi se lleva por delante a Frank de la Jungla, ese naturalista…

Mi último descubrimiento dentro de esta dinámica ha sido el de un programa emitido por el Discovery Channel que reduce el sentido de la supervivencia al máximo exponente del morbo: una pareja de jóvenes desconocidos, chico y chica, tienen que sobrevivir durante 21 días por su cuenta y sin ayuda en una isla desierta… y desnudos. Aquí el tráiler:

El programa, que algún entendido del Discovery ha titulado en España «Aventuras en pelotas», se emitió el pasado lunes y la cosa sigue. Aunque las imágenes están siempre censuradas —es el Discovery Channel, por favor, un canal sobre todo educativo, faltaría más— si lo ven se darán cuenta de que la gracia del asunto no está, de hecho, en la supervivencia. Es más: el chaval que han visto en el tráiler se pasó los 21 días tumbado en la playa mientras ella pescaba erizos de mar. No. La gracia del temita está en la tensión sexual no resuelta del caso, además del morbo de los desnudos en televisión, que es algo que han descubierto que vende.

¿Para qué queremos ver a Bear Grylls comiéndose gusanos y untándose de orines si podemos disfrutar de los sonrojos de una lozana pareja de nudistas? Miren lo que depara el siguiente capítulo. Observen la sonrisa de la muchacha cuando descubre a su compañero de aventuras:

Con la televisión y el nudismo ya se sabe: son polos que se atraen como las moscas y la miel, ya sea en la supervivencia, en los concursos, en los grandes hermanos o en los programas culinarios. Los formatos van y vienen, están en boga un tiempo y luego pasan de moda. Los desnudos no.


 
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