TVE. 2015. Dirección: Oriol Ferrer, Salvador García Ruiz, Jorge Torregrossa. Guión: José Luis Martín, Laura Sarmiento, Nacho Pérez de la Paz.

TVE. 2015. Dirección: Oriol Ferrer, Salvador García Ruiz, Jorge Torregrossa. Guión: José Luis Martín, Laura Sarmiento, Nacho Pérez de la Paz.

Anoche TVE se adelantó al resto de cadenas en el estreno de la que parece que será una de sus grandes apuestas para la nueva temporada: Carlos Rey Emperador, sobre la vida del nieto de los Reyes Católicos. La serie bebe de la estela del éxito de Isabel y se enmarca dentro de su propia tesitura, llegándose a rodar, de hecho, los episodios en los mismos estudios que ésta y, como es lógico, con sus mismas limitaciones —ya saben esas cuestiones de iluminación que tan poco me gustan—. Sin embargo, puesto que nos seguimos empeñando en hacer series de época, y teniendo en cuenta el esfuerzo de emplazar algunos fragmentos de esta nueva propuesta en escenarios reales, voy a darle una oportunidad, aunque con reservas.

Sí, con reservas. En primer lugar porque no me gusta el salto generacional en el protagonismo de la serie. Si hay un personaje que me parece realmente interesante y que continúa mejor la semilla sembrada por Isabel es precisamente Juana, su hija, la que fuera en rigor primera reina de la España que conocemos y que apenas ejerció como tal; sólo nominalmente durante acaso tres añitos, antes de que su marido primero y su hijo después la encerraran por loca. Pero entiendo que Carlos, ese rey extranjero que nació a las bravas en un cuarto de baño, acumula más poder y señorío para el prime time —supongo—. En segundo lugar, me escaman varias licencias históricas por las que más de uno se habrá llevado las manos a la cabeza. Sin duda la más llamativa es la perfecta dicción castellana de todos los personajes de la serie, ya sean flamencos, franceses o españoles, incluyendo al mismísimo protagonista. Y es curioso cuando, de hecho, una de las exigencias en el momento de jurarlo como rey en la realidad fue que aprendiera español. Pero bueno, ya se sabe que el flamenco o los subtítulos queda mal en la tele, así que mejor saltarnos eso de la Historia. Lo de las lenguas extrañas, los subtítulos y los acentos regionales en TVE sólo creo que lo han hecho los del Ministerio del Tiempo, los muy locos.

La propuesta se articula, salvando los peajes de factura visual y licencias idiomáticas, sobre un guión que me ha parecido bien articulado pero con un grave problema de tiempo. Ha debido de ser muy complicado adaptar una enrevesada historia política con al menos una docena de personajes distintos, presentar varias tramas y conflictos, y encima hacerlo despertando interés en casi ochenta minutos de capítulo. Quizá hubiera sido buena idea estrenar antes La Corona Partida, la película que han realizado sobre el periodo post-isabel, entre una serie y otra, aunque solo fuera por contextualizar un poco.

Aunque la combinación de todas en un episodio tan largo se me ha hecho un poco indigesta, la arquitectura de las tramas por separado no está nada mal

Decía Juan Ramón algo así como que una persona puede tragarse veinte almendras, pero no todas a la vez. El primer episodio, desde mi punto de vista, ha resultado un poco complicado de seguir por la cantidad de personajes y conflictos y subtramas que se entrecruzan de sopetón desde el primer instante. Básicamente se nos narra la llegada del monarca extranjero a una Castilla que le es hostil donde tiene un hermano con aspiraciones al trono y una madre reina por derecho pero recluida e incapacitada. Sólo esto ya hubiera sido suficiente dosis de tejemanejes palaciegos entre todos los secundarios de la corte, aunque quizá no para los ochenta minutos. Tal vez por ello la producción nos agasaje con una subtrama un tanto menor de líos de faldas en la corte francesa; así como otra trama un tanto más alejada con Hernán Cortés como protagonista desde el Nuevo Mundo que, para mi gusto, no termina de cuadrar con el resto de la historia —aunque bien podría merecerse una serie propia—.

Personalmente, no me hubiera importado conocer a los Borbones, a Diego Velázquez —el pintor no, el otro— o a Da Vinci —sí, también sale— en segundos o terceros episodios. Ahora bien, cada una de las tramas por separado me han parecido bien narradas, con buenos giros y puntos interesantes de diálogo. Aunque la combinación de todas en un episodio tan largo se me ha hecho un poco indigesta, la arquitectura de ellas por separado no está nada mal y ese será, probablemente, el principal motivo para que continúe la próxima semana.