NOSOPRANO

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Revista de crítica audiovisual, review de cine, series y libros

Categoría: LIBROS

The Martian: ¡Vaya sorpresa!

Hay dos clases de personas: quienes se leen todos los prólogos e introducciones de los libros y quienes huyen de ellos como de la peste. Esto último también sucede con…

The Martian

Weir, Andy (2014). «El Marciano», Barcelona: Ediciones B.

Hay dos clases de personas: quienes se leen todos los prólogos e introducciones de los libros y quienes huyen de ellos como de la peste. Esto último también sucede con muchos lectores de periódicos —aún quedan algunos— que se saltan las esquelas, en un pueril intento por no recordar la ineludible visita de La Parca.

Si son ustedes de la primera clase, a buen seguro han leído más de una vez ejemplares en los que las introducciones de las obras eran tan buenas como las obras que introducían o presentaban, cuando no mucho mejores. Es cierto que muchos de esos «entrantes» no dejan de ser, muchas veces, hagiografías exageradas o meros ejercicios de mercadotecnia editorial de la peor calaña. Sin embargo, guardo buen recuerdo de juventud de excelentes colecciones de literatura clásica de Austral —por poner un ejemplo— en las que las introducciones eran casi tan extensas como el propio libro, pero constituían un excelente y completo ensayo, una contextualización perfecta de la obra que iba a leerse, la vida del autor y su tiempo, etc. Un complemento perfecto sin el cual, la obra introducida sería mucho menos «redonda».

A profanos en ciencia ficción como servidor, sí puede servirles como toma de contacto y chequeo del estado de salud del género.

No quiero decir con esto que la introducción que Miquel Barceló hace a El Marciano, de Andy Weir, sea un sesudo estudio sobre el Universo, los planetas y la carrera espacial. Sin embargo, a profanos en ciencia ficción como servidor, sí puede servirles como toma de contacto y chequeo del estado de salud del género.

Tras leerle, no puedo hacer otra cosa que coincidir con Barceló. El género de la ciencia ficción —al menos en su concepción más clásica y purista— no vive precisamente su mejor momento. No por ausencia de calidad en las historias o carencia de autores de talento. Sencillamente, la tecnología de la que hablan muchas de esas obras tiene muy poco de fantástica, ensoñadora o supone un verdadero reto intelectual para quien lee. Es la misma tecnología que convive con nosotros día a día, entre el smartphone, la videoconferencia y la última tablet del mercado.

Afirma Barceló —y puede que no le falte razón— que es ésta una de las razones por la que muchos autores «tradicionales» de la ciencia ficción se han pasado al género de la fantasía histórica, al más puro estilo George R. R. Martin: no sólo la capacidad de sorpresa es mayor para el lector sin resultar mentalmente fatigosa. La retribución económica para quien vive de la escritura —en plena burbuja de dragones, tronos de mal asiento y corruptelas entre armaduras y espadas— tiene más enjundia.

La explosión global de la obra de Weir no hace más que reafirmarla en su condición de extraordinaria rareza.

En palabras de Barceló: «[…] de reflexionar sobre nuestro mundo y los posibles futuros que nos esperan, por el crecimiento poco controlado de la ciencia y la tecnología, nos abandonamos a un pasatiempo fantástico más o menos inteligente pero que deja de estimular la reflexión. Seguramente hemos perdido con el cambio. […]»

Por eso El Marciano, la obra de Andy Weir editada por Ediciones B dentro de su colección «Nova», resulta tan particular: por un lado, recuerda mucho a clásicos de la ciencia ficción en sus mejores años, al estilo de Isaac Asimov, Stanislaw Lem o tantos otros —sin pretender equiparar su genialidad—. Por otro, Weir es casi un desconocido que publica su ópera prima, sale al mundillo editorial y encuentra la alfombra roja y la limusina esperando. Con todos estos antecedentes, la explosión global —un best seller con todas las de la ley— de la obra de Weir no hace más que reafirmarla en su condición de extraordinaria rareza.

The Martian es un libro distinto. Y lo suficientemente bueno como para hacer levantar una ceja al lector más recalcitrante.

El hecho de que sea un buen libro, una historia muy entretenida y digna de tener en cuenta entre los descubrimientos de un servidor para este 2015, es prácticamente un milagro. Si me leen ustedes con frecuencia sabrán que no me prodigo en halagos fácilmente y que la ciencia ficción no está precisamente entre mis predilecciones, bien por ignorancia bien por dejadez. No obstante, la lectura de The Martian me ha sorprendido muy positivamente.

Recalé en sus páginas al abrigo de la —exagerada— promoción de su adaptación a la pantalla grande, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Matt Damon. Además de este bombo y platillo, el hecho de que fuera un éxito editorial global no ayudó a predisponerme positivamente, que digamos. Pero Weir utiliza un estilo narrativo fresco, francamente atractivo, directo y con reminiscencias de historias de aventuras clásicas como Robinson Crusoe de Daniel Defoe o La isla misteriosa de Julio Verne. Eso, en pleno siglo XXI y dedicándose a escribir ciencia ficción, es todo un logro. El Marciano es un libro distinto. Y lo suficientemente bueno como para hacer levantar una ceja al lector más recalcitrante.

Aunque The Martian resulta predecible conforme avanza la lectura, no puede negarse que tiene ritmo, es entretenida, arranca alguna que otra sonrisa

Weir consigue dotar a su personaje protagonista de una personalidad muy marcada, rayana en lo carismático —algo francamente difícil de lograr, en literatura— y con un sentido del humor que hace imposible no empatizar con él desde la primera página. Esencialmente, El Marciano es una historia de aventuras y supervivencia, aunque los detalles técnicos o puramente «científicos» de los que disfrutarán los aficionados a la ciencia ficción clásica están presentados y explicados de tal forma que no resulten un obstáculo para el público en general. Y esto sin que suponga una vía de agua en la flotabilidad de la historia y sin faltar al rigor que se espera de una buena obra de este género.

La escritura en formato de diario personal, que agarra por la pechera al lector desde el inicio y lo sumerge en la trama sin remedio, ocupa un tercio del libro para luego alternarse —con mucho equilibro, lo que es meritorio— con estructuras narrativas más estandarizadas en la ficción tradicional. Aunque The Martian resulta predecible conforme avanza la lectura, no puede negarse que tiene ritmo, es entretenida, arranca alguna que otra sonrisa —lo de el protagonista carismático, no lo olviden— y satisface plenamente, si lo que se necesita es un poco de evasión pero no se conforma uno con cualquier «superventas».

También puede decirse que la obra en su conjunto es muy «cinematográfica», lo que explica que la 20th Century Fox se hiciera con los derechos antes de que Ridley Scott pudiera decir «Nostromo». Si la película hará justicia a la obra de Weir o no es algo que podremos comprobar a partir del 16 de Octubre de este año. Pero, de entrada, el libro es de notable alto.

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Escribir a golpe de güija

Decir que todo en esta vida se mueve por ciclos es una absoluta perogrullada, pero es una verdad como un templo. ¡Pasa hasta con el fútbol, figúrense! Y la literatura…

Decir que todo en esta vida se mueve por ciclos es una absoluta perogrullada, pero es una verdad como un templo. ¡Pasa hasta con el fútbol, figúrense! Y la literatura no está exenta de modas, impulsos y corrientes temáticas y estilísticas. Algunas pasan sin pena ni gloria, afortunadamente —como la de la literatura pseudo científica y pseudo histórica—. Otras no obstante, a pesar de sufrir momentos de menor fuste, permanecen.

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Enrique Vila-Matas, Premio Formentor de las Letras 2014

El escritor Enrique Vila-Matas recibió el sábado el Premio Formentor de las Letras 2014 en reconocimiento al conjunto literario de su obra. Marta Buadas entregó el premio junto a Simón…

El escritor Enrique Vila-Matas recibió el sábado el Premio Formentor de las Letras 2014 en reconocimiento al conjunto literario de su obra. Marta Buadas entregó el premio junto a Simón Pedro Barceló, representando a las dos familias patrocinadoras del galardón.

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El gris sigue siendo blanco más negro

Cuando parece que se han calmado las cosas en la ciudad norteamericana de Ferguson (Missouri), en Europa muchos aún se sorprenden —sobre todo algunos medios— de la virulencia e intensidad…

Cuando parece que se han calmado las cosas en la ciudad norteamericana de Ferguson (Missouri), en Europa muchos aún se sorprenden —sobre todo algunos medios— de la virulencia e intensidad que ha alcanzado un conflicto racial a gran escala, desencadenado por un caso aislado. Sensacionalistas como somos, creemos que los Estados Unidos de América son, realmente, el «hogar de los valientes», la tierra de los grandes sueños y oportunidades, el lugar de donde vienen las «buenas películas».

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Michi Huerta: «En el cine comercial de hoy a veces te sientes agredido intelectualmente»

Michi Huerta nos recibe en uno de los despachos del Master de Guión de Ficción con una camiseta de The Wire. Es profesor de Estética cinematográfica, Géneros audiovisuales de ficción…

Michi Huerta nos recibe en uno de los despachos del Master de Guión de Ficción con una camiseta de The Wire. Es profesor de Estética cinematográfica, Géneros audiovisuales de ficción y otras asignaturas relacionadas con el cine, que es su gran pasión junto con el fútbol. Se declara forofo del Real Madrid y de John Ford, aunque su afán por mandar analizar fragmentos de musicales en sus exámenes delatan que sus gustos van más allá del western.

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La Casa de Hojas…o más bien del caos

Ha tardado una década en llegar a España. Venía laureada como una de las grandes novelas de terror. Y lo cierto es que, con un estilo original para el mercado…

Ha tardado una década en llegar a España. Venía laureada como una de las grandes novelas de terror. Y lo cierto es que, con un estilo original para el mercado de libros de toda la vida, Danielewski y su Casa de Hojas han dejado huella en Estados Unidos y vienen a hacerse con el de España.

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Libro de cine para regalar: Merecido bofetón

Voy a hacer dos cosas que no es bueno hacer, en este negocio: una, extenderme más de lo debido a riesgo de aburrirles. Además, lo haré escribiendo a calzón quitado,…

Voy a hacer dos cosas que no es bueno hacer, en este negocio: una, extenderme más de lo debido a riesgo de aburrirles. Además, lo haré escribiendo a calzón quitado, lo que me expone más de lo conveniente. Y dos, vincular lo «profesional» con lo personal aunque esté tirando piedras contra mi propio tejado. Pero más se perdió en Cuba y, si no arriesgas, ¿Para qué juegas? Soy así de inconsciente. Quienes me conocen, lo saben.

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Lo mejor de 2013 con diferencia

Cuando termina el año se suele hacer balance. Si echo la vista atrás puedo decir que, literariamente, ha sido un 2013 agridulce. Primero, por no llegar a mi objetivo de…

Cuando termina el año se suele hacer balance. Si echo la vista atrás puedo decir que, literariamente, ha sido un 2013 agridulce. Primero, por no llegar a mi objetivo de finiquitar medio centenar de lecturas en doce meses. Segundo, por haberme «comido» algún fiasco que otro —fruto de lo ecléctico de mis apetencias lectoras, de mi incapacidad para refrenar el impulso comprador, sin reflexionar o asesorarme—. Pero también me he llevado algunas alegrías.

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El buscador del fin del mundo

En vista del modesto cabreo que se ha pillado Jean Cité, con la serie basada en el libro de María Dueñas, pensaba hablarles de El tiempo entre costuras, pero no…

En vista del modesto cabreo que se ha pillado Jean Cité, con la serie basada en el libro de María Dueñas, pensaba hablarles de El tiempo entre costuras, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de recomendarles una obra que está recién salida de la imprenta.

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Una intelectual del porno

Hace poco les hablaba de la discutible —en calidad— trilogía de E.L. James, 50 Sombras de Grey. Les decía entonces que su éxito se debía, según mi criterio, a una…

Hace poco les hablaba de la discutible —en calidad— trilogía de E.L. James, 50 Sombras de Grey. Les decía entonces que su éxito se debía, según mi criterio, a una deficiente educación sexual del grueso de la masa lectora y de una apabullante doble moral, en cuanto al sexo y sus derivados. No obstante, el desenfreno lector de páginas «hot» no termina aquí. La avalancha de obras eróticas continúa, para bien o para mal

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Nobel nuevo (y yo sin Gin-Tonic)

A ver, suelten la Wikipedia un segundo, que seguro que pueden dejar de investigar sobre Alice Munro un momento. ¿O les cambiará la vida?

A ver, suelten la Wikipedia un segundo, que seguro que pueden dejar de investigar sobre Alice Munro un momento. ¿O les cambiará la vida?

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Una de espías

El destino tiene estas cosas: caprichoso e impredecible, por definición. Hace muy poco han coincidido en el tiempo la triste desaparición de Tom Clancy, una «leyenda» del thriller de espías,…

El destino tiene estas cosas: caprichoso e impredecible, por definición. Hace muy poco han coincidido en el tiempo la triste desaparición de Tom Clancy, una «leyenda» del thriller de espías, y el «regreso a la vida» de otra: John le Carré —en este caso, maestro de maestros—, quien presentaba en sociedad Una verdad delicada, la última de las novelas de una carrera prolífica, que cuenta cinco décadas de feliz producción. Sirva esta entrada como homenaje a ambos y como apunte sobre las que me han parecido sus mejores obras

Bien es cierto que, tanto uno como otro, pueden considerarse autores de best-sellers. Pero, a diferencia de la triste tendencia actual, se trata de escritores «para la masa» pero responsables: se documentan hasta la extenuación y, a pesar de tratar el tema del espionaje, la seguridad nacional, la geoestrategia, la política y las operaciones militares, no pierden ningún anillo por viajar y entrevistarse con «fuentes» en el amplio sentido de la palabra —al menos en el caso del infortunado Clancy, le Carré es más introvertido y «casero»—. Sin una documentación sólida y un armazón bien fundamentado, la novela se viene abajo en dos capítulos, por mucha inverosimilitud, a lo Flemming, que queramos añadir a la historia. Puede gustarle a uno el género o no, puede parecerle más o menos afortunado un tema, un recurso o más o menos necesaria y extensa una subtrama. Clancy y le Carré son escritores de género negro y de espías con todas las letras. Y de quitarse el sombrero, además.

Sean Connery encarnó en cine a James Bond

De Clancy es de lectura obligatoria la saga completa de Jack Ryan, desde La caza del Octubre Rojo (1984) hasta Threat Vector (2012), aunque esta última aún no la he leído y creo que no tiene edición en castellano. Además de la iniciadora de la saga, quizás les suenen por encima del resto, tanto Peligro Inminente (1989) como Juego de Patriotas (1987), debido a las adaptaciones llevadas al cine y protagonizadas por Harrison Ford —bastante aceptables, ambas—. Literariamente, toda la saga tiene «chicha» de la que sacar el jugo y, a pesar de contar con luces y sombras, es una delicia poder acompañar a Jack Ryan, el personaje principal, en su desarrollo como tal. Sin ninguna duda, los libros son entretenidos, correctos estilísticamente y, exceptuando pasajes en los que el exceso de detalle puede hacernos trastabillar en el seguimiento de la trama, con toda la tensión que el género exige. También son destacables la series Op Center y NetForce, de las que no es autor, sino «ideólogo», junto a Steve Pieczenic. Sin duda, su último trabajo, cuya publicación está planteada para Diciembre de este año y cuyo nombre original es Command Authority, va a venderse como caramelos a la puerta de un colegio.

También tengo ganas de pillar por banda lo último de le Carré. Con Una verdad delicada el escritor inglés —que no francés, su nombre real es David John Moore Cornwell— suma una muesca más en su dilatadísima carrera literaria. Aunque es harto difícil poder hacerse con todos los títulos —algunos están descatalogados— recomiendo vivamente la lectura de El espía que surgió del frío (1963) y El topo (1974) cuya adaptación al cine, a cargo de Tomas Alfredson, es excelente. Tampoco deben perderse El Sastre de Panamá (1996), El jardinero fiel (2001) —en esta ocasión pésimas películas, en ambos casos— y Un traidor como los nuestros (2010). Calculen el privilegio de, con la excusa de leer ficción, comprobar cómo ha cambiado nuestro mundo, muro de Berlín y telón de acero incluídos. Porque, bajo la apariencia de provecto y bonachón ancianete, se esconde una mente lúcida, un escritor de oficio y, casi seguro, un autor del gusto de los amantes de este tipo de novelas.

Si bien Ian Flemming, al que antes citábamos, es el más reconocido por el gran público, tras «parir» al espía por antonomasia, es un autor propenso a la «pirotecnia» y el recurso fantasioso, a las tramas inverosímiles y al desarrollo edulcorado y excesivo, casi infantil. Esto ha hecho de Bond, James Bond, un icono y a las obras protagonizadas por él, un subgénero en sí mismo. Sin embargo, de haber un escritor de «una de espías» con mayúsculas, ese es John le Carré. De Tom Clancy no podremos disfrutar más, por desgracia, aunque nos quedan sus obras. Esperemos que aún podamos disfrutar de John le Carré un poco más.

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¿Sexo? Poco y regulero, gracias

Bueno, pues vamos a entrar en materia. Que llevo semanas deseando hablar de un hombre por el que muchas mujeres jóvenes, no tan jóvenes, amas de casa y MILF’s suspiran…

Bueno, pues vamos a entrar en materia. Que llevo semanas deseando hablar de un hombre por el que muchas mujeres jóvenes, no tan jóvenes, amas de casa y MILF’s suspiran denodadamente: Christian Grey, ese hombre al que —casi— todas parecen desear tener entre sus sábanas, para albores sexuales, fantasías frustradas y desahogos más o menos tórridos. Y tengo ganas también de hablar de ese afán que les ha entrado a muchas señoras por ser dominadas en la cama.

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Pero… ¿Qué necesidad había?

Les prometo que tenía pensado hablar de la saga de 50 sombras de Grey y la inusitada expectación que ha despertado su adaptación cinematográfica. Prometo encargarme de ambas en su debido…

Les prometo que tenía pensado hablar de la saga de 50 sombras de Grey y la inusitada expectación que ha despertado su adaptación cinematográfica. Prometo encargarme de ambas en su debido momento, que el látigo de Jean Cité, mi nuevo editor, es inmiserocorde e implabacle. No obstante, sucede que ante ciertas tropelías, sencillamente, el teclado adquiere vida propia y no puedo morderme la lengua.

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Te haces viejo, Arturo

Hay autores que a uno le gustan mucho, por el motivo que sea, y a los que sigues los pasos desde los inicios. Sean buenas o malas, lees todas sus…

Hay autores que a uno le gustan mucho, por el motivo que sea, y a los que sigues los pasos desde los inicios. Sean buenas o malas, lees todas sus obras y las analizas de un modo crítico, como harías con los pasos que da cualquier amigo al que aprecias. Con el paso de los años puedes seguir su trayectoria vital, al menos la parte de ella que deja traslucir en sus escritos —que siempre se cuela algo— y compruebas cómo evoluciona, a la par de sus libros. Cuando una de sus novelas te llena, te une a él/ella un íntimo sentimiento de agradecimiento y una secreta y sincera felicitación. Cuando da un patinazo… te decepciona, como si el libro «fallido» hubiera sido escrito sólo para ti.

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