Para muchos de ustedes puede que no seamos más que un grupo de freaks que escriben una revista digital sobre cultura audiovisual y literatura en el siglo XXI. Les garantizo, no obstante, que muchos de los redactores están más que capacitados para escribir sobre cosas de las que saben. Y mucho.

Por eso me sorprende, no sólo que cuando escribimos en NOSOPRANO, nuestras reflexiones pasen sin pena ni gloria por el maremágnum de Internet, sino que las que son especialmente atinadas… caigan en saco roto. El editor de esta revista ya habló, en su día, de la pésima gestión publicitaria en las televisiones generalistas. Lo hizo también de la engañifa de la TDT y la traslación del caduco modelo analógico en los cacareados «nuevos canales». Evidentemente, no ha sido el único. Muchas voces han llamado la atención sobre la patética gestión de contenidos que, en televisión, se hace un día sí y otro también, con TDT y sin ella.

Lo mismo con la infrautilización de Internet como una ventana alternativa, desde la que poner a disposición otros contenidos o, cuando menos, sumar valor añadido a los que ya se ofrecen. Debe ser cosa de la «crisis de los medios», que tiene a los gestores con las gónadas de collarín, porque en este país no se conjuga el verbo «innovar» y, en medios de comunicación, menos aún.

[Tweet “En este país no se conjuga el verbo «innovar» y, en medios de comunicación, menos”]

Como la pasada temporada le di bastante estopa a En el aire, de Andreu Buenafuente y El Terrat, quería comprobar —llámenme masoquista— si habían remontado el vuelo en el segundo asalto del combate. Por ello recurrí a la web del programa, sustentada en la plataforma de A3Media, por revisar lo ya emitido, o algo. Y no pude ver más allá de 20 minutos del espacio, con Juanra Bonet de invitado. Porque —¡Oh, maravilla!— la publicidad, metida a cañón, no me permitía seguir con normalidad el desarrollo: cinco minutos de programa —puede que diez— seguidos de otros cinco de publicidad. ¿El caos que pueden ver en una emisión analógica? Pues igual, pero también en la web.

Internet no le importa lo más mínimo a las televisiones. Mucho hashtag de Twitter cuando se emite o se estrena cualquier programa, muchos foros para poner a caldo a los concursantes de GH15 pero, a la hora de la verdad… lo único que hacen los canales es replicar, EXACTAMENTE, el mismo modelo de negocio de un castillo —el mediático— que se desmorona. El ventilado y manido concepto de multiplataforma debe sonar a klingon en los despachos; en este país, la red sirve para ver lo mismo que puede verse en la tele del salón, pero en una pantalla distinta. Quizás en la cama, o en el retrete.

[Tweet “Internet no les importa lo más mínimo a las televisiones”]

¿Se imaginan que, en Internet, las cadenas en un alarde de locura, emitieran una programación íntegramente diseñada para ese medio? ¿Una parrilla completamente diferenciada, programas a los que no se tuviera acceso desde otro lugar, con posibilidad de interactuar más allá de las redes sociales? De pago, sí. Pero porque estos programas fueran realmente buenos, porque tuvieran un componente de excelencia imposible de encontrar en la «caja tonta» estándar. Y con publicidad, claro está. Porque esos programas estrictamente para la web, además, irían destinados al sector específico de público donde los réditos comerciales serían más sustanciosos. Un ejemplo: si me pongo a ver modelos de zapatillas de deporte en Amazon o cualquier otra tienda de Internet, los algoritmos de Google y sitios así me muestran mientras navego, semanas después de mi búsqueda, banners —discretos, gran parte de ellos— y publicidad sólo de zapatillas de deporte, de las características que he estado investigando previamente ¿A que parece magia?

[Tweet “Todo ello con el ancho de banda proporcionalmente más caro de Europa”]

Resulta que esos hipotéticos programas de «televisión» serían disfrutados, con precisión casi quirúrgica, por el público para el que fueron diseñados ¿Se imaginan tener un Ferrari y dejar de utilizarlo para ir a comprar el pan? ¿Se imaginan dedicarse a correr con él en un circuito pensado para correr? Claro, no pueden imaginarlo, porque, en este país, lo de la TDT y las NTIC es una mentira que nos tragamos de cabo a rabo. Y no pasa nada. Porque la culpa es de la crisis, que es muy mala. Y la cosa está fatal para los periodistas, para los medios. Porque la piratería y las descargas y tal y cual.

Si en una «plataforma digital» de una televisión (comercial) generalista, sólo puedo ver los mismos contenidos que ya se han emitido «calcados» unas horas antes y, además, el tipo de spot publicitario es exactamente el mismo que en la emisión analógica; si ese spot está insertado con tal «delicadeza» y gañanería que, no sólo se eterniza el visionado, sino que éste se convierte en una tortura; si a nadie se le cae la cara de vergüenza por todo esto es que, además de respetar muy poco el contenido, toman al público, a todos ustedes y a mí, por gilipollas.

Mientras las cadenas se fusionan bajo el paraguas de elefantiásicos grupos, económicamente insostenibles; mientras a nuestros mandatarios se les llena la boca con lo de la investigación, el desarrollo y la innovación… las colas del paro, repletas de profesionales del ramo, seguirán creciendo y ustedes y yo sólo podremos ver la misma mierda de todos los días, sin importar la pantalla que encendamos. Y todo ello con el ancho de banda proporcionalmente más caro de Europa, en función del rendimiento real que nos ofertan las operadoras. Pero no me hagan mucho caso, que igual el ciego soy yo.♦