Lo mejor del cine español es que empieza a hablar del cine español.

De un tiempo a esta parte, con esto de la crisis del cine, el cambio en los hábitos del consumidor, y el cuestionamiento de la calidad de nuestras películas, parece que el cine español está en boca de todos. Que si el pirateo, que si la fiesta… ya saben. Ahora, este afán criticón ha salpicado al mismo cine, a la propia industria y, lo crean o no —que ya me conocen— ¡me parece muy bien!

Que se hable más o menos de cine viene a ser igual que hablar más o menos de política: por mucho que hablemos, el problema sigue ahí. No obstante, soy de los que creen que hablar de los problemas, diagnosticarlos, es el paso previo para poder solventarlos. Sobre todo cuando los que hablan son los que realmente tienen que hablar.

Hace varias semanas tuve la suerte de disfrutar en la SEMINCI del documental Writing Heads: hablan los guionistas, en el que numerosos profesionales del medio daban su opinión experimentada acerca de la profesión en este país nuestro. Hablaban de guiones, y también hablaban de cine, y de industria, y de penurias, y de la situación actual. El documental, dirigido por Alfonso S. Suárez, está producido al amparo del Sindicato de Guionistas ALMA —sí, aquí también tenemos de eso—. Aunque por instantes se hace un poco largo, pone de manifiesto las entretelas de la que probablemente sea la parte menos favorecida de la industria cinematográfica.

Por otro lado, ya se ha anunciado para la próxima primavera otro documental que junta en quince coloquios a nada menos que cuarenta profesionales del cine español entre guionistas, actores, directores, distribuidores, exhibidores… y algún que otro político: La Pantalla Herida, de Luis M. Ferrández. Aquí los productores explican de qué va la cosa:

Ya nos conocemos. Somos mucho de arreglar el mundo los domingos por la tarde en el bar de Lola y luego, a la hora de la verdad, poner en pausa la revolución para ver el fútbol. Es famoso eso de que se nos va la fuerza por la boca y tal… No obstante, me parece que poner los puntos sobre las íes ante la cámara es un avance. Porque ya no estamos en el bar. De hecho, Luis M. Ferrández ha tenido el punto, bien nostálgico, bien masoquista, de rodar sus coloquios en salas de cine cerradas o reconvertidas.

Personalmente estoy convencido de que el problema del cine español —y mundial, si me apuras— no está ni en el precio de la entrada, ni en el IVA ni en la piratería. Me parece que esos son achaques que agravan un problema más profundo cuya causa primera y principal no es otra que la falta de comunicación y el miedo a la adaptación. Agradezco que se empiecen a plantear coloquios y charlas, y que se espolee a los responsables de hacer nuestro cine para que cuenten las verdades y las mentiras del asunto: los presupuestos inflados, las extrañas subvenciones, la falta de promoción, los estrenos que nunca llegan, los profesionales que cobran o no… Ya saben. La mierda.

Por eso me parece una gran iniciativa que hablen los guionistas, los realizadores y los que viven del cine en nuestro país, bien para explicar, bien para ponerse de acuerdo, como ya están haciendo con respecto a los precios y demás. Ya solo es necesario, para esclarecer el crimen, que se dé voz a quien falta por declarar en este proceso. Sí, sí. Tú, y yo, y el resto del público. Subamos al estrado y contemos lo que está ocurriendo. Pero lo que está ocurriendo de verdad. Y digamos sin remordimientos al detective Poirot dónde y qué estábamos haciendo anoche a la hora de autos; a la hora de ir al cine.