Los que me siguen en Twitter saben que suelo dar bastante el coñazo mientras veo alguna serie con comentarios acerca de las luces en las coronillas, las luces de contra, el cartón piedra y, últimamente, los cromas en la pequeña pantalla. Para quién no esté enterado, las luces de contra se emplean para perfilar a los personajes en la imagen y dar la sensación de que están por encima del fondo, y un croma es básicamente un color que digitalmente se puede sustituir por cualquier otra cosa y que se utiliza —desde hace mucho…— para cambiar los fondos de las producciones y ahorrarnos una pasta.

Es claramente más barato poner a un personaje en un estudio a hablar frente a una pantalla azul y luego sustituir ese azul por una panorámica de la Gran Vía madrileña que llevar al personaje al escenario real, cortar el tráfico, colocar focos y reflectores, y filmar lo mismo si el tiempo y la lluvia lo permiten. Es perfectamente lógico. Sobre todo en las series de época que son, como ya apuntaba la semana pasada, nuestra manía de los últimos años. El problema es que los cromas y la iluminación en nuestras series, por norma general, no se suelen ver del todo naturales.

Los cromas y la iluminación no se suelen ver del todo naturales

Para empezar, tenemos la mala costumbre de poner iluminaciones extradiegéticas, es decir, que no se corresponden con las fuentes de luz de la escena. Es más, no sólo no se corresponden con las fuentes de luz propias de la escena, sino que, de hecho, no se corresponden con ninguna fuente de luz. Imaginen cualquier escena de Águila Roja donde todos los personajes suelen aparecer con un leve resplandor en la coronilla. ¿Tenían bombillas colgadas del techo de los castillos en aquellos tiempos? Obviamente no. Se trata de un plató. Bueno, corrijo: se trata de un plató «con iluminación de plató». Y eso es lo más sangrante de todo.

Porque, a diferencia del rodaje en exteriores, un plató tiene la ventaja —en teoría— de poder disponer de absoluta versatilidad en lo que a recursos lumínicos se refiere; o sea, en un estudio podemos poner la luz del sol donde nos dé la gana, donde sea más conveniente a la historia. Ojo, no estoy diciendo que se respete al detalle la iluminación de la época, porque entonces no podríamos siquiera ver a la luz de la velas. Lo que digo es que se respete una iluminación «verosímil» con lo que nos están narrando. La serie Hannibal, por poner un ejemplo de los más baratos hechos en el extranjero, está igualmente rodada en estudio, pero no emplea apenas luces de contra. En vez de eso logran profundidad iluminando estratégicamente los fondos.

Hannibal

Hannibal. Lado de la figura iluminado sobre fondo oscuro, lado de la figura en sombra sobre fondo iluminado.

Me da la impresión de que la complicación, más que nada, viene de tener que adaptar la luz a cada escena. En una sitcom americana cualquiera, además de tener público en directo, risas enlatadas y ser más tolerable una iluminación visiblemente artificial, los actores tienen más o menos sus lugares marcados, por lo que no hay que hacer grandes cambios lumínicos en los platós fijos. Sheldom siempre se sienta en «su sitio», no hay que modificar mucho para tenerle siempre bien iluminado. Pero nuestras series no son, en su mayoría, sitcoms. Al menos no aspiran a serlo, ni siquiera Águila Roja. Aspiran, de hecho, a ser realistas, y eso implica cuidar una iluminación «realista» y tener que adaptar los escenarios a los variados tiros de cámara, a las diferentes horas del día, a las distintas configuraciones de luz… Claro, más trabajo conlleva más tiempo, y más tiempo lleva aparejado más coste, con lo que volvemos a lo mismo de la semana pasada: ¿por qué nos empeñamos en hacer series realistas de época sin suficiente presupuesto? Porque otra cosa no sé, pero estoy seguro de que si en producción optan por este apaño es porque no tienen opción para hacerlo de otra forma.

Otra cuestión relacionada es el caso de los cromas. Antaño, cuando las series tenían más presupuesto —aunque viendo los diez millones que dicen por ahí que ha costado Alatriste empiezo a tener mis dudas— no quedaba otra que rodar los exteriores en exteriores. Imaginen el despliegue que supondría el rodaje de un episodio de Verano Azul o de Curro Jiménez. Eso con los cromas se ha abaratado, pero ha traído consigo cierta pérdida de realismo. Porque, reconozcámoslo, los cromas no dejan de ser imágenes hechas por ordenador o colocadas artificialmente, lo cual, o genera la sensación de estar ante un videojuego o no casa del todo bien con la iluminación del resto de la escena —donde entran en juego, una vez más, los dichosos rellenos y luces de contra—. Echen un ojo a cómo lo hacían en El Príncipe y cómo no se nota «nada nada»:


Making Of de el príncipe || Stargate Studios… por culturaenserie

El pasado lunes, viendo Víctor Ros, detecté al menos tres cosas que me chirriaban en los cromas. Y mira que, en sí, no son malos. Los cromas en Víctor Ros tienen un magnífico trabajo de animación ya que no sólo retratan un Madrid de época, sino que además lo hacen en constante movimiento, con tranvías y gente deambulando —digitalmente— al otro lado de las ventanas. Y es un punto, oye. Además parece que los propios realizadores lo saben y han querido potenciarlo llenando los encuadres, no ya de ventanas, sino de enormes ventanales en los fondos y despojando hasta las casonas de las gentes de bien de cualquier tipo de cortina, como si estuviéramos en Finlandia. Los problemas, en mi caso, son tres: se nota el recorte y la superposición de los personajes; no está bien acompasado el movimiento de cámara con el movimiento del croma, y no se corresponden los componentes lumínicos con las escenas.

Con respecto al primer punto, si se fijan en las escena del segundo episodio en el que Víctor y Clara pasean por el Parque del Retiro apreciarán un sospechoso difuminado en los perfiles de los personajes. Por alguna extraña razón, tanto el sombrero de Víctor como el tocado de Clara pierden, de pronto, definición. Si se van al minuto 27:15 verán que, además, en los figurantes que aparecen al fondo sucede lo contrario: no sólo no pierden definición en sus perfiles, sino que incluso aparece un diminuto halo que rodea la forma de las figuras. A lo mejor les estoy pareciendo demasiado tiquismiquis. Nadie se fija en estos detalles, pero eso no significa que el ojo no los perciba y que no aporten al conjunto la impresión de que las figuras son un recorte insertado sobre un fondo artificial.

Víctor Ros

El movimiento del croma es un elemento igualmente complicado. Cada vez que se mueve la cámara, para dar sensación de profundidad, el croma tiene que moverse acompasadamente. Por ello normalmente se suelen determinar unos puntos fijos sobre los fondos azules a partir de los cuales acompasar en postproducción el movimiento de cámara, como hacen por ejemplo en Sin City, aunque los modernos programas permiten también simular el movimiento de forma automática. El problema viene cuando el croma se mueve estando la cámara detenida, o cuando el movimiento del croma es mayor o más exagerado que el movimiento de la cámara. En tales casos de pronto se pierde la referencia, los fondos empiezan a bailar por detrás del decorado y termina por dar la impresión de que los personajes están subidos en una casa flotante.

Por último, a veces no hay correspondencia entre la iluminación que se aprecia en el croma —en Víctor Ros han optado por un luminoso Madrid veraniego— y la iluminación con la que se compone la escena con los personajes. Lo mismo da que estemos ante las tenues luces del amanecer o el atardecer, viendo la serie —no sólo Víctor Ros, ojo, esto pasa en otras muchas— da la impresión de que los personajes están siempre iluminados por la misma potencia y el mismo tono de luz. Claro, el foco clave, imagino, será siempre el mismo y no admitirá ningún tipo de filtro…

Pero no me hagan caso. Estas cosas son sutilezas mías, que soy un enfermo. Estoy seguro de que los realizadores han cuidado y mimado hasta el más último detalle de su obra, aunque sólo sea porque no desluzca el trabajo de los compañeros que se han dedicado a animar cada uno de los cromas. Las limitaciones en ese ámbito se me escapan. Lo mismo resulta que no, que no hay manera de hacerlo de otra forma. Ya no tenemos los presupuestos de Curro Jiménez, supongo, y lo que tenemos no podemos invertirlo en luces diegéticas y pijadas así.