¿Le puedes repetir a mis amigos qué decías del cine español?

¡Ay Montoro, la que has liado! Tienes contento al personal. La verdad es que te mereces los parabienes que te mandan desde todas partes de España. Y es que no podría ser de otra manera, ya que tienes la cartera ministerial más odiada históricamente. Y todavía tienes suerte de que te esté haciendo sombra un monstruo, un prodigio del calentamiento global como es el señor Wert.

El dinero todo lo ensucia, cierto es, y siendo ministro de hacienda, pues pasa lo que tiene que pasar. Los impuestos tocan la moral al personal, y si encima lo haces como lo haces, cagándote en el cine español con la finura que tu clase política te permite pues qué esperabas. La cosa es que de todos los pecados que has cometido, el que te ha retratado es el de decir que la calidad del cine patrio está en tela de juicio. Qué ganas de meterte en un fregado así, cuando sabes que te van a dar estopa desde este lado del ring. Pero podría haber sido peor, podrías haber dicho que no nos han dado las olimpiadas porque el deporte español está en entredicho por el dopaje o por la crisis. Y eso no, no puedes permitirte meterte con el opio del pueblo, a ver si tu amigo Florentino Pérez, el Marca, el COE y la madre que parió a los hijos de Aznar te monten un pifostio. No, con el fút… digo, con el deporte no te metes.

Pero no voy a perder más tiempo con la canalla política, recomiendo este post de Carlos Prieto en el Confidencial y este otro sobre las grandes mentiras sobre el cine español de Ignacio Escolar que escriben mejor y con más autoridad que yo. Ni siquiera quiero sacar pecho porque tres películas españolas se hayan colado a finales de septiembre entre las diez más vistas, Las brujas de Zugarramurdi,  La gran familia Española y Justin. Yo sólo voy a valerme de dos  post para criticar  tres películas que desmontan las palabras de Montoro, y una de ellas precisamente es la última obra de Álex de la Iglesia.

Las brujas es irregular, como toda la filmografía del director.  Algo le pasa al creador vasco que sus películas pierden fuelle en su último tercio. ¿O sólo a mí me quedó una sensación de bajona cuando terminé de ver películas como Crimen Ferpecto o Muertos de Risa, después de disfrutar de una primera hora de película fantástica? Creo que sólo con El día de la Bestia y sobre, todo, con su obra maestra La comunidad — Para mí en el top 5 de cine español en lo que va de siglo— mantuvo la tensión cinematográfica hasta el final, porque no es tanto  que las otras flojeen en su guión, es que pierden el pulso narrativo.

Con las brujas pasa algo parecido. Asistimos a un arranque brillante, ágil, descacharrante. Soberbio en sus contrapuntos de acción y comedia negra, en su presentación al grano de los personajes, sus conflictos y sus metas. Un robo en el lugar más público de España acometido por mimos y personas disfrazadas de personajes infantiles, kitsch e irreverente a partes iguales pues no es casualidad que los personajes principales sean dos ladrones con disfraces que aluden a la iglesia y al ejército. En 20 minutos extenuantes estamos ganados para la causa, ya sabemos que la peli va de guerra de sexos a lo bruto, de padres separados luchando por la custodia de sus hijos, de hombres fracasados vilipendiados por sus cónyuges —algo misógina sí que les ha salido la criaturita—. Y en medio de una huida con el botín  —compuesto por miles de anillos de boda, que no se le escapa una a los guionistas— la banda de atracadores se planta en un pueblo lleno hasta la cepeda de brujas. Planteamiento y propuesta impecable, como siempre.

La película sigue avanzando a buen ritmo, y uno agradece que Jorge Guerricaechevarría haya vuelto a co-escribir el guión, después de que De la Iglesia firmara en solitario Balada triste de trompeta y La Chispa de la vida. También ayuda la interpretación de todo el plantel, en el que incluso Mario Casas cumple con una actuación al servicio de la historia y de su tono. Hugo Silva, Pepón Nieto y Secún de la Rosa hacen de Hugo Silva, Pepón Nieto y Secún de la Rosa, para qué más, y Jaime Ordóñez lo borda como taxista en el lugar y el momento equivocado. Luego aparecen las señoras, palabras mayores: Carmen Maura y Fele Martínez comandan el ejército de brujas con algunas secundarias que no desvelaré pero que añaden más gotas de humor barroco, muy español, marca de la casa.

Pero fiel a la tradición a la hora y media la película decae. La sangre ya nos parece excesiva. Los rudimentarios CGI que antes perdonábamos porque lo pasábamos teta llega un momento que exasperan, sobre todo en el clímax de la película. Los diálogos con subtexto de riña sentimental de andar por casa y vajilla voladora hacen gracia las dos primeras veces, pero a la quinta ya cansan. Y todo coronado con un tercer acto psicotrópico, a ratos de vergüenza ajena, a ratos de mirada furtiva al reloj.

Pero no seré yo quien no recomiende esta película que lo está haciendo bien en taquilla, que igual que Balada triste está escrita desde las entrañas de Álex de la Iglesia, desnudándole  entre tanta socarronería. Tachada de machista y feminista a la vez, las brujas de Zugarramurdi  es un divertimento exagerado pero sincero, con la secuencia de acción mejor rodada del cine español y con ganas de triunfar, de hacer reír y de provocar.

Así que, Montoro, la primera en la frente. La próxima semana más.