Todo fue culpa de la climatología.

Corría el verano de 1816. En una casita de campo junto al lago Lemán, en Suiza, un grupo de personajes ilustres se refugian de un mal tiempo del todo inusual para aquel mes de junio, probablemente consecuencia de un fenómeno conocido como «invierno volcánico». Entre los presentes estaba la hija de la filósofa feminista Mary Wollstonecraft y su esposo, junto a varios escritores invitados por el anfitrión: el recién exiliado Lord Byron, que se había trasladado allí con su médico de cabecera.

Cuenta la leyenda que, para superar el aburrimiento de un verano pasado por agua, se dedicaron a contarse historias de terror unos a otros. Algunas se pusieron por escrito y han llegado a nuestros días. La más notable de todas, sin duda, fue la que presentó Wollstonecraft —Shelley de casada—, y que dio origen al celebérrimo Frankenstein. Pero ninguno podía imaginar, no obstante, que el relato que mayor trascendencia tendría con el paso de los siglos fuera, en cambio, el que bosquejó no otro que el médico de Byron, un joven aspirante a poeta sin demasiado talento llamado Polidori. Su relato: El Vampiro.

Décadas más tarde, el hijo de otra feminista, un tal Bram Stoker, tomaría el porte aristocrático del vampiro de Polidori, lo aderezaría con la sensualidad lésbica de la Carmilla de Le Fanu, los muertos en vida de Poe, la experiencia de sus propios viajes por la inquietante y exótica Europa continental de la época victoriana, y escribiría la que ha sido probablemente la obra más veces versionada de la literatura y el cine universal: Drácula.

Si varios post atrás hablábamos de la reincidencia de Sherlock en infinidad de adaptaciones, su coetáneo Drácula no se queda atrás. El modelo, no obstante, ha ido evolucionando: del monstruo de los primeros filmes al terrorífico porte nobiliario de Lugosi o Lee, dando paso, Anne Rice mediante, a la mescolanza del mito con el ángel caído hasta llegar a Edward Cullen, personaje por el que Polidori, Byron, Stoker, Le Fanu, Poe, Shelley y sus respectivas madres se están revolviendo ahora mismo en sus centenarias tumbas.

Ahora, superadas las aproximaciones vía Buffy, Being Human, True Blood o Dexter —sí, Dexter también es un vampiro—, nos llega de mano de la NBC la enésima adaptación televisiva del mito. Vean el tráiler:

Con Drácula sucede algo parecido a lo que hemos experimentado con Sherlock. Hemos pasado de la adaptación más libre a la más fiel en cuestión de temporadas televisivas. Esta nueva entrega tiene, además del atractivo victoriano —los productores de Downton Abbey saben bien que la época vende—, la sugestiva inclusión de director y protagonista de Los Tudors.

¿Estará a la altura de la leyenda? Han sido muchos y muy repetidos los fracasos y las abominaciones realizadas con el conde. Unos lo han hecho terrorífico y monstruoso, otros ñoño y romanticón. ¿Habrán encontrado por fin el equilibrio? Lo descubrirán en EEUU a mediados de octubre, y probablemente no tarde en llegar a nuestras pantallas porque, como saben, los muertos viajan deprisa.