El aire de España, ¿de quién es?

Seguro que han leído recientemente que Antena3 está de enhorabuena porque ha arrebatado el liderato a Telecinco en noviembre… por una décima. Sí. Según el dichoso numerito del que tanto hablamos en este blog, Antena 3 ha obtenido un 14,1 % de cuota media de pantalla frente al 14 % de Telecinco. Vítores y fiesta. Descorche de botellas. De hecho, el dato es más trascendente porque, según confirma y anuncia a bombo y platillo la propia cadena, el Grupo Atresmedia, todo él, también gana al grupo Mediaset por primera vez desde la fusión con La Sexta… por seis décimas. Impresionante. Fantástico. Genial. Atresmedia, Mediaset, y luego las otras que apenas llegan al 5%. ¿Ven la ironía?

En nuestro país, sin contar con las televisiones que operan en el ámbito autonómico, tenemos una treintena de canales que emiten en abierto a través de la TDT. Sí. Puede contarlos si quiere. Llegan a treinta. Con las autonómicas alguno más. Treinta canalitos para disponer de una oferta abierta y variada; de una saludable competencia y libre mercado; de una televisión que ofrece, como dice la ley que la impulsa:

…la posibilidad de acceder a un mayor número de programas y de servicios, con mayor calidad y garantizar la debida pluralidad de la oferta en España.

¿Ven ya la ironía? Sí. Claro que sí.

La realidad es que en nuestro país, a pesar de tener tantos canales, a la hora de la verdad solo operan unos pocos grupos mayoritarios, de los que tan solo tres, contando la pública, se repartieron el pasado mes el 75% de la tarta de audiencia. Tres cuartas partes para los tres. Olé.

Hombre, plural, lo que se dice plural, pues sí que es. Son tres. Claro. Tres que controlan «tan solo» 25 de la treintena de canales de los que hablaba antes. ¿Hacen las cuentas? ¿Ven los números? Repasemos: Atresmedia súper feliz porque le ha ganado a Mediaset. Un 29,6 % de share frente a un 29 % raspado. Por detrás, CRTVE, con un triste 16,4 %. Maravilloso, sobre todo para las cadenas, claro. Los anunciantes saben perfectamente dónde tienen que ir. Así visto, ¿para qué tantos canales?

En serio, ¿para qué? Los grandes grupos ni siquiera cuidan con un poco de cariño la calidad del resto de canales que emiten. Todo se lo lleva la niña bonita, la cadena de cabecera, la de siempre. Para Antena 3 todos los mimos son pocos: que si producimos series en exclusiva, que si estrenamos programas propios, que si platós, y hormigueros y demás. Telecinco hace otro tanto de lo mismo. Es la cadena estrella. La que más audiencia trae, claro. Hay que mimarla. Ahora con la incorporación de las hermanas pequeñas —La Sexta y Cuatro— tenemos un poco más de cancha: que jueguen, que experimenten, que encuentren su sitio y su propia impronta y, si podemos rascarle algo a la del otro, mejor. Muy bien. ¿Y Nova? ¿Y la Siete? ¿Y Nitro? ¿Y Divinity? ¿Y Energy? ¿Y todas las demás, qué? Tan solo parece que TVE cuida un poco la variedad… con Teledeporte.

El resto de las cadenas de cada grupo se ha convertido en un cajón de sastre para las entretelas olvidadas de sus cadenas madre; para las constantes redifusiones; para los programas enlatados de cualquier corte y condición. Apenas hay puestos de trabajo en estas cadenas: casi no hay presentadores, no hay informativos, no hay programas dirigidos a grupos específicos… Ni siquiera hay producción propia para ellos. Todo viene de fuera y se corta cuando se tiene que cortar. La publicidad es en todas a la vez.

Si es usted una de esas personas raras que conformaron antes de ayer el 1,8 % de share del canal Xplora sabe de lo que hablo: le cortan el programa a mitad de frase y se quedan tan anchos. Es casi como si la propia cadena del grupo se burlase de su cara. Como si le estuvieran diciendo algo así como: ¿qué hace que no pone Antena 3, como la gente normal? Claro, a lo mejor por eso los programas enlatados más o menos exclusivos son un poco raritos: Mil maneras de morir, Cuerpos embarazosos y gordos, Ganing Casino… En serio, ¿para qué queremos treintaytantos canales?

Ya sé que me dirán que claro, con un 1,8 %, pues poco se puede hacer. La gente ve lo de toda la vida, se entera de lo que ponen en lo de toda la vida, y siguen viendo lo de toda la vida. La gente elige… Sí. Pero elige entre lo que hay. Y les puedo asegurar que si en otro lugar hay algo más interesante —y la gente se entera, que esa es otra—, el share se mueve, como cuando Nadal ganó a Djokovic en Roma en 2011, que regaló a Teledeporte un 15 %; o como cuando el austriaco loco aquél saltó de la estratosfera, que alcanzó un 27,8 %.

Lo gracioso del asunto es que es cosa nuestra. ¿Se imaginan que ahora nos da un siroco y repartimos todas las aguas territoriales? Piénsenlo. Todos nuestros caladeros; toda nuestra línea de costa; todo nuestro mar, lo cogemos, lo repartimos, y se lo damos a tres empresas pesqueras. Tres. ¿Se lo imaginan? Bueno, pues eso es, más o menos, lo que hemos hecho con nuestro aire. Porque no se crean que cualquiera puede coger un día una antena y montarse una televisión en la TDT. No. Esto funciona por «concesiones administrativas», ya saben: la soberanía popular, el interés general. Lo de siempre, tú.