Pues sí. Ahora Desigual, la marca de ropa, anuncia consoladores. Y por la tele. Como lo oyen.

Ya dieron el «campañazo» hace un año con el anuncio de la chica que se vestía provocativa con la única y confesada intención de acostarse con su jefe. Ahora van un pasito más allá. En el nuevo spot una lozana muchacha se frota con un frasco de perfume al tiempo que descubrimos el sonido de un vibrador. Vean, vean:

Alegre, ¿verdad? En este blog llevamos posts y posts aplaudiendo la liberación sexual de la mujer; que ya no sea mero reclamo sexual en cine y series; que poco a poco los roles femeninos vayan ganando en complejidad y que, por fin, sean sujetos y no objetos en lo que al sexo se refiere. Ahora recuerden el spot que acaban de ver, y piensen en su padre. Uy, da cosa, ¿verdad? Si son padres o madres rememoren el spot y piensen en su hija. ¿Qué? ¿Alegre?

Está muy bien esto de provocar al personal para vender vestidos estampados y camisetas de colorines. No digo yo que la estrategia sea mala, o que no sea efectiva. Se está hablando del anuncio, se está hablando de la marca, e incluso un blog como este se hace eco de las últimas promociones de Desigual y su juego con el doble sentido. Les pondría el otro anuncio famoso de la marca, pero lo han censurado en YouTube porque se ve media teta —ya saben cómo son en YouTube con las tetas—.

La cuestión que realmente me interesa no es el emisor, sino el receptor. Concretamente el receptor infantil. Recuerdo a un profesor durante la carrera que nos contó lo que había sufrido para explicarle a su hija pequeña el significado del anuncio de Media Markt aquél que decía algo así como «nos bajamos los pantalones», en referencia a que ponían sus artículos tirados de precio. No quiero imaginarlo bregando ahora con la niña preadolescente que quiere por Navidad el perfume de Desigual que trae esa cosa que «no es un pintalabios». Miren otro anuncio de perfumes, a ver qué les parece este otro:

¿Qué? ¿Inspirador? Buenos valores, ¿eh? En nuestra regulación televisiva tenemos todo tipo de cortafuegos en lo que a la protección de los menores se refiere: horario protegido, canales de adultos, indicadores de edad recomendada en los programas… ¿Y en la publicidad? ¿Qué previene a los padres de que tal o cual anuncio es adecuado para los menores? Digo que me parece muy bien que Desigual regale consoladores —me parece mejor la línea de Axe para los hombres, que promete directamente el éxito sexual, sin consuelos que valgan—; ya digo: que se anuncien como les dé la gana. Lo que me preocupa es si mi sobrina pequeña debe o no ver ese tipo de anuncios y, si resulta que no es apropiado para ella, cómo podríamos evitar que le llegue el «impacto» —en el mundo publicitario se habla de «impactos», públicos «target» y otros términos igualmente bélicos como el mismo «campaña»—.

Porque Desigual anuncia sus perfumes igual que todos los demás: sexo en alguna de sus formas, provocación más o menos explicita, esculturales cuerpos desnudos o semi, y eslóganes en inglés o francés, que por lo visto vende más. La hora de emisión es, sencillamente, cualquiera. Mejor en primetime, claro, pero también a mediodía o a media tarde. Y como resulta que nuestros canales son generalistas en el sentido más amplio, y los pocos más o menos especializados que tenemos no los ve ni Carlotti, pues ya se sabe. Los niños y el consolador. Alegría para el cuerpo.

Supongo que no es tampoco para tanto. Al fin y al cabo qué sabe un impúber qué es un consolador; seguro que ven el anuncio y ni se enteran de qué va [#ironía]. Seguro que los torsos desnudos e hipermusculados de los anuncios de perfumes no tienen influencia alguna sobre un adolescente, ni le incentiva a nada, ni le sugiere un estilo de comportamiento supuestamente «deseable» —recuerden el spot del perfume «invictus» y los valores de deportividad y humildad que transmite— [#másironía]. Y, en todo caso, si alguna o algún adolescente precoz se enterase, pues ya tiene su raciocinio formado, su cabeza amueblada; es sabido que las quinceañeras y quinceañeros no son nada susceptibles a modas, que el cambio hormonal y la necesidad de pertenencia al grupo apenas se nota en esa edad [#requeteironía].

Se ha hablado mucho y de forma muy crítica de los spots publicitarios dirigidos a los menores. Que si la influencia persuasiva de los anuncios de juguetes; que si el estrés generado por la presión del consumismo; que si los estereotipos de género reforzados y reafirmados a través de la publicidad de juguetes —la cocinita para las niñas, el scalextric para los niños—. Ya. ¿Y la publicidad convencional? ¿No influye? ¿No les llega? Supongo que partimos de la base de que los niños no miran esas cosas; que cuando sale por la tele se tapan los ojos; que el sexo no les llama nada la atención; que las quinceañeras no se identifican para nada con las veinteañeras que se masturban ante la cámara; que los alevines no aspiran para nada a parecerse a los «tronistas» de tal o cual palo. Ya. Nada de influencia —sigo con la ironía, por si no lo habían notado—: anuncios de ropa donde las chicas aspiran a tirarse a su jefe; anuncios de perfume donde los chicos entran en harenes con trofeos sobre los hombros; la cocinita, el scalextric. Casi na, oye. ¿Y los niños? ¿Y a mí qué? No nos importan. No son nuestro target.