Personal decálogo audiovisual

#1 El desnudo aporta tensión dramática.

Un desnudo en escena es como una pistola, una tarántula o un bebé: tiene carga dramática por sí solo.

#2 El desnudo en cine suele ser erótico.

En un libro de medicina no lo es; en un documental sobre el Holocausto tampoco, pero en cine suele serlo. Es importante tenerlo en cuenta.

#3 A veces el desnudo pretende transmitir la idea de fragilidad o indefensión, pero la fuerza erótica es más potente.

Si se persigue lo primero, hay que ser muy sutil con lo segundo.

#4 Honra el desnudo.

Si la escena tiene tensión sexual, el desnudo estará justificado y será necesario.

#5 No apliques el desnudo en vano.

Si no hay tensión sexual en una escena, el desnudo probablemente esté enturbiando y sobre.

#6 No distraigas al espectador con tetas.

La más brutal y sentida expresión corporal o facial del mejor de los actores pasará completamente desapercibida si hay una teta en el mismo plano. Piensa bien si el desnudo, aun justificado, debe o no estar ahí.

#7 Adapta el desnudo a la escena, no adaptes la escena al desnudo.

No transgredas toda la verosimilitud del relato solo por meter una tensión sexual suficiente para justificar el desnudo. En los vestuarios femeninos normalmente las cheerleaders no se enjabonan unas a otras después del partido.

#8 Una actriz sexy no es justificación dramática suficiente para meter escenas eróticas inverosímiles sea como sea.

En la Edad Media, en pleno bosque en invierno, a ninguna aldeana se le ocurría darse un baño desnuda en el riachuelo, por muy Elsa Pataky que fuera.

#9 No insultes mi inteligencia

Un desnudo bien puesto es elegante, avanza la historia y aporta tensión. Un desnudo mal puesto es chabacano, hortera y denigrante, además de un insulto al espectador.

#10 No solo de desnudos vive el hombre.

El erotismo es mucho más que un desnudo. El desnudo es solo el recurso más fácil.