Debo confesar que mi idea previa al estreno de El Ministerio del Tiempo no era del todo positiva. Si ya de entrada no suelen gustarme la factura visual, luces de contra y proscenios de las series de época de bajo presupuesto —y, seamos sinceros, todas las españolas lo son—, una que no sólo aborda una época sino que salta a través de todas no podía ser, me figuraba, nada bueno. Me daba la impresión de que iban a presentar un vaivén de cromas entre Isabel y Víctor Ros con ínfulas de Doctor Who e instantes de Ruby, la última viajera del tiempo. Sin embargo, también había varios elementos que me hacían levantar una ceja e imbuían mi prejuicio con un hálito de esperanza, y con razón.

Primero, el equipo. Los responsables de El Ministerio del Tiempo son los mismos que pusieron en parrilla las antes mencionadas ficciones españolas. Y no es baladí. Isabel puede considerarse un éxito dada su longevidad y su proyectada continuación en la figura de su descendiente; y Víctor Ros, de la que tanto hemos hablado, no es plato mal servido. Vale que los presupuestos suelan lastrar, y mucho, los guiones y la factura visual de nuestra ficción, pero eso no quita que se merezcan un visionado. Sí. El equipo me llamaba.

También los personajes. El Ministerio del Tiempo presentó hace bastante su plantel y debo confesar que me hizo levantar la otra ceja. A Rodolfo Sancho lo recordamos de Isabel, a Nacho Fresneda de Víctor Ros, pero ninguno de los dos tiene un papel parecido o semejante. Sancho interpreta a un enfermero de nuestros días que ha perdido a su esposa; Fresneda a un veterano de los Tercios de Sicilia condenado a muerte en el siglo XVI. Si bien el primero resultaba una auténtica incógnita para mí, el segundo se perfilaba como el Capitán Alatriste que deberían haber hecho en Telecinco y, mira por dónde, se me antojaba quitarme la espinita.

Folch no se presenta como una Hermione al uso, partenaire inteligente de un protagonista masculino

Pero, como habrán adivinado, la figura que más atractivo presentaba era la de Amelia Folch en la piel de Aura Garrido, y no solo por la belleza de la intérprete, no me sean superficiales. Folch no se presenta como una Hermione al uso, partenaire inteligente de un protagonista masculino. Según fueron perfilando en las promos, se trata de una mujer protagonista, inteligente, activa y que a todos los efectos parecía capaz de tirar por tierra el Test de Bechdel y bailar una sardana sobre él.

Tras recabar las buenas opiniones de varios críticos que tuvieron la suerte de asistir al pase de prensa, mi reticencia inicial se había convertido, no ya en voto de confianza, sino en pura ansia por ver la propuesta y poder valorarla. Por lo que no les extrañará que esta noche haya estado al pie del televisor en espera de El Ministerio del Tiempo y que incluso haya postergado mi aclamada Bajo Sospecha a la carpeta de las grabaciones-para-después. El resultado, ¡mejor de lo esperado!

El Ministerio del Tiempo es una serie redonda. Tiene un guión fantásticamente estructurado, una producción muy digna, una interpretación elocuente y una fotografía sinceramente de primera

El Ministerio del Tiempo es una serie redonda. Tiene un guión fantásticamente estructurado, una producción muy digna, una interpretación elocuente y una fotografía sinceramente de primera. Y ya saben que no soy amigo de críticas aduladoras. Los logros, además de la estupenda química de los protagonistas, el humor de los diálogos —maravilloso el guiño a Curro Jiménez— y el acierto que supone confrontar la visión de tres mundos tan distintos, son la fidelidad a los hechos y el sentido didáctico de la serie. El descubrimiento, el personaje de Cayetana Guillén Cuervo, interesante, completo e intrigante. Las trabas, si son capaces de encontrarle alguna, quizá sean propias al desarrollo diegético de la historia, del funcionamiento interno del Ministerio… y eso es estupendo, si me permiten, porque indica que no tenemos flecos que criticar en todo lo demás.

El Ministerio del Tiempo me ha enamorado. Además del primer episodio, anoche nos convidaron con un reportaje a modo de making of donde saltaba a la vista el fantástico trabajo de equipo y, según intuí, la libertad creativa que ha tenido un grupo de creadores que ojalá tuviera el presupuesto de otros estrenos de nuestra parrilla menos libres, menos acertados y peor acabados.

Seguiremos informando.