Ya lo comentábamos la semana pasada: El Ministerio del Tiempo había sorprendido a propios y extraños por su excelente factura, sus buenos guiones y su planteamiento original. La serie parece haber roto moldes en cuanto a forma de producción y público receptor. Incluso los propios guionistas han comentado en sus redes sociales que les llena de orgullo haber llegado a públicos que habitualmente no consumen este tipo de productos, sirva de ejemplo este youtuber:

Conforme ha pasado la semana, una vez reposado el regusto del primer visionado, la serie, para mí, no ha hecho sino crecer, y no sólo porque el último episodio de la temporada lleve el título del mejor disco de Camarón. Me ha parecido, mirándolo con perspectiva, una trama interesante sobre una premisa interesante y, además, se estructura a partir de tres protagonistas bien definidos y con claros conflictos internos que los hacen apenas complementarios, pero condenados a entenderse. Y de ellos probablemente el mejor sea Julián (Rodolfo Sancho).

El personaje de Julián somos nosotros. Es nuestra mirada; nuestra visión del mundo, de las épocas, de los sucesos… Es con quién antes empatizamos porque, en cierta forma, lo conocemos mejor que a ningún otro. Julián es de nuestro tiempo. A su vez, también suele ser, de algún modo, el líder del grupo y el que normalmente les saca a los demás las castañas del fuego. Julián es resolutivo: soluciona las tramas. No obstante, a diferencia de otros personajes resolutivos como Víctor Ros, Julián dista mucho de ser perfecto.

A diferencia de otros personajes resolutivos como Víctor Ros, Julián dista mucho de ser perfecto

Ignorante de su historia, apesadumbrado, poco dado a heroicidades pendencieras y más bien callado e irónico, Julián es como el español medio. De hecho, sin la inteligencia de Amelia y la bravura de Alonso probablemente no sería creíble resolviendo los problemas a los que se enfrenta. Tan poco perfecto es su personaje que, de todos, es probablemente el que termine metiendo a su equipo en problemas con su dichosa costumbre de llamar por el teléfono intertemporal a su difunta esposa. Y quizá por eso me guste tanto.

Sin embargo, la jefa oficial del grupo es Amelia, lo que me parece un enorme acierto por parte de los creadores de la serie. Poner a una mujer de jefa de dos hombres no sólo es de justicia —es la mejor preparada de todos—, sino que argumentalmente es un caldo de cultivo excelente para introducir en la trama infinidad de problemas derivados de la ruptura del «techo de cristal». Y es que, no sé a ustedes, pero me da la impresión de que El Ministerio del Tiempo pretende ser conscientemente igualitaria en su representación de los roles masculinos y femeninos. La semana pasada me encantó el diálogo entre el personaje de Amelia y el de Irene con respecto al uso de un tampón. ¿Se imaginan un diálogo femenino no referido a ningún hombre entre dos mujeres protagonistas que no son ni madres ni esposas de nadie en cualquier otra serie? Traten de buscarlo —pista: empiecen por series del tipo Orange is the New Black o Girls, no sé si me entienden—.

¿Se imaginan un diálogo femenino no referido a ningún hombre entre dos mujeres protagonistas que no son ni madres ni esposas de nadie en cualquier otra serie?

Esta noche han puesto el segundo episodio, quizá más centrado en la figura de Alonso —intuyo, por el avance, que el próximo estará más centrado en la figura de Amelia—. En general, han mantenido la línea del primero, aunque el ritmo ha sido más lento, más pausado, y la puesta en escena me ha resultado un pelín pobre en algunos instantes que debían, en mi opinión, haber tenido mayor atención. Pero miren, ya que nos ponemos, se lo explico mejor si vamos escena por escena. Pinchen en la siguiente página, si se atreven, y acompáñenme por el segundo capítulo de El ministerio del Tiempo. Intentaré ser escueto, descuiden.