Esta noche vuelve El Ministerio del Tiempo. Después del parón de varias semanas asistiremos por fin a lo que, en comparación con la temporada anterior, supone la ampliación de la segunda. En capítulos previos hemos vivido la ausencia y regreso del personaje de Julián y hemos descubierto al gran fichaje de este periodo, el irrepetible Pacino, por quien estoy seguro que los fans estarían dispuestos a hacer un crowdfunding.

Lo que llevamos de ronda, aparte de la introducción del magnífico novato, nos ha traído episodios con altibajos. Algunos realmente sublimes en cuanto a guion y ejecución —mis favoritos, el del Cid y el de Valle-Inclán— y otros que han rozado la herejía ministérica al saltarse a la torera —no lo neguemos— la propia premisa de la serie en base a paradojas temporales de diverso cuño. En cualquier caso, el saldo se me antoja positivo. Y no sólo a mí. De toda la ficción que se nos ha presentado esta temporada El Ministerio es de las pocas propuestas —con permiso de El Príncipe— que realmente crece.

No sólo los datos de la segunda tanda han alcanzado y superado las cifras de la primera —algo que, por ejemplo, ni Vis a vis ni Allí abajo, han logrado—, sino que además en sus últimas emisiones ha aumentado su audiencia a razón de 130.000 espectadores por día. La curva bruta —miren los datos absolutos, no la engañifa del share— del Ministerio va hacia las alturas mientras que la de otras propuestas se ha terminado hundiendo en la fosa de las series perdidas, como es el desastroso devenir de El Chiringuito de Pepe —auténtica fuga de público— o la triste tendencia que está marcando El Caso.

Los números parecen avalar la propuesta de los hermanos Olivares, y el fandom también. No hay ahora mismo en el mercado ningún producto capaz de generar la ola que está moviendo actualmente el Ministerio. Y no hablo sólo de Twitter. En las librerías podrán encontrar más de un libro y más de dos basados, inspirados o derivados de la serie, como El tiempo es el que es, de varios guionistas, Curiosidades de la Historia con El Ministerio del Tiempo, de varias firmas, o el coordinado por la académica Concepción Cascajosa Dentro del Ministerio del Tiempo, donde diversos autores de lo más variopinto —desde profesores universitarios hasta críticos de televisión— escriben acerca de la ficción de TVE. El caso fanmade resulta especialmente llamativo en el conjunto de objetos de coleccionista que está dando de sí la propuesta, con los que, de hecho, han montado toda una tienda online con el sello oficial. Si esto no es éxito que alguien me explique qué lo es.

En las librerías podrán encontrar más de un libro y más de dos basados, inspirados o derivados de la serie

Vale, es cierto que sus números todavía están lejos de los que se marcan otras producciones; es verdad que en términos de share no tiene ni comparación con lo que hacen los realities de la cadena amiga, y es insoslayable que el fenómeno fan no deja de ser una manifestación más o menos efímera del frikismo colectivo. Es verdad. Pero también lo es que una ficción en TVE no debería tener más pretensión que ofrecer un contenido de interés general bien hecho y que guarde especial cariño hacia nuestro patrimonio y, oye, en eso creo que de momento están cumpliendo.

Veremos cómo termina la entrega —ya Olivares ha anunciado que va a ser un despiporre semejante a Black Mirror—; veremos si mantiene la ola que está atesorando y, lo más importante, veremos si los señores de la poltrona se dan cuenta realmente de cuáles son las prioridades de una pública y hacen el anuncio de la tercera temporada de una puñetera vez.