Netflix está que se sale. En serio. Produce poco, pero lo que produce es bueno. Y da envidia. Primero porque aquí en nuestra querida España no podemos verlo —Netflix ya dio el salto a Latinoamérica, Reino Unido, Irlanda, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Francia, Holanda y Bélgica—; y segundo porque, en comparación, nuestras cadenas privadas no hacen más que invertir en lo de siempre.

La última grandeza de Netflix es Orange is the New Black (OitNB). Después de varios meses oyendo y leyendo acerca de ella me ha dado, aprovechando la sequía veraniega, por echarle un ojo a los primeros episodios —hay trece, como es costumbre en la cadena—, y de momento las expectativas que me había generado se están viendo satisfechas gratamente.

Se trata de una dramedia, que ese invento moderno para llamar a los dramas con toques de humor —las comedias de toda la vida, vamos— que narra las desventuras de una joven blanca y pija en una prisión federal estadounidense. Los cargos: llevar un maletín con dinero procedente del narcotráfico de Chicago a Bruselas por la influencia de un amor lesbio de juventud. ¿Les parece rebuscado? Pues atentos al tema, porque se trata de una historia real protagonizada por Piper Kerman.

Aunque el ritmo se hace un poco lento en los primeros episodios, y el prometido humor es más ácido de lo que pueden dar a entender las imágenes promocionales —no es una sitcom, no se esperen risas enlatadas—, lo cierto es que la serie tiene enormes valores positivos. De entrada, un reparto que transpira realismo por los cuatro costados. Hay un fondo de patetismo en cada personaje que los hace inconfundiblemente humanos, veraces y capaces de ganarnos desde el primer minuto.

Sin embargo, su gran virtud, en mi opinión, es el planteamiento del contraste. No estamos ante la clásica historia del pez fuera del agua cargada de clichés —aunque alguno hay—. Las situaciones que vive Piper en prisión se contraponen en montaje a momentos análogos de su vida normal que, por el choque, quedan trivializados y relativizados hasta decir basta: la dieta de la limonada con su novio, la tiendecita pija de jabones artesanales… Igualmente, el contraste es el recurso empleado para trazar todos personajes desde la paradoja: la reclusa jefa, encarcelada por problemas con la mafia rusa, que termina imponiendo en sus dominios los mismos métodos de ésta; la transexual encarcelada por cometer fraude para pagarse la operación de cambio de sexo; la monja hippie…

Orange is the New Black es un ensayo sobre el género humano y la sociedad; una crítica a la falsa hipocresía y al código de valores imperante en la llamada clase alta; un grito contra los prejuicios sociales, raciales y sexuales que siguen imperando. No hay concesiones de ningún tipo, ni maquillajes —ojo a la cabecera— ni trucos, ni banalidades: es amarga pero, si la soportan, les arrebatará el corazón.