En mi afán por aportar mi granito de arena al levantamiento del cine nacional he decidido ir a ver una película. [Aplausos]. Mi primer paso ha sido, como es lógico, mirar la cartelera: cinco títulos, uno español. Uf. Complicada elección. Lo protagonizan actores de conocido paso por series de televisión españolas y la banda sonora la pone Carlos Jean. [Silencio incómodo] La película va de carreras de coches… Para ver si me anima, leo la sinopsis en la propia web del cine —sí, en algunos cines lo siguen haciendo—. Afirma que es un «’A todo gas’ a la española» (sic.) con un empaque que promete ser parecido al estilo norteamericano. Uf.

En estos momentos puede más mi afán por levantar el cine español que las ganas reales de ver la película. Movido en pos de motivos que me levanten del asiento pienso en si es hoy el día del espectador. Sí pero no. Es el día, pero es festivo, por lo que no vale. Ni el descuento del día del espectador ni los descuentos por ser joven en Castilla y León, ni por ser estudiante —conservo un carnet universitario con la fecha de caducidad convenientemente desgastada—. O sea, que me tocaría pagar los alrededor de 6,70 € —resulta que el precio varía unos céntimos si es fin de semana, festivo o laboral— de la entrada. Empiezo a preguntarme para mis adentros por qué debería yo levantar el cine español.

Movido por la ansiedad empiezo a pensar en gratificaciones complementarias a la propia película: las palomitas —una película que aspira a ser un «’A todo gas’ a la española» requiere palomitas sí o sí—. Opciones: pequeñas, medianas y grandes, además de combos para parejas con cocacola. Escojo mentalmente una opción intermedia —insisto, el papel pone «’A todo gas’ a la española»—. Cálculo aproximado: 4,50 €. O sea, más o menos el equivalente a medio kilo de solomillo ibérico en el mercado. Mi mente se va al solomillo… y al mercado. Por ese dinero, y en función de los precios de la lonja facilitados por la Diputación, me tendrían que dar unos veinte kilos de maiz. Claro que tendría que restar el valor de la cocacola, los gastos fijos del cine, el cartoncito donde me dan las palomitas, etc. Creo que perfectamente se me podría quedar entre cinco o diez kilos de maiz para la opción mediana… No. Esta línea de pensamiento me está alejando del tema. Mejor busquemos alicientes en la propia película.

«’A todo gas’ a la española». Veamos. Producción de Atresmedia. No indica en ningún sitio si ha sido subvencionada de alguna manera —ya que estoy haciendo cuentas, me encantaría saber si indirectamente también he sufragado con mis retenciones parte de esta producción—. Director poco conocido que viene de realizar diversos trabajos televisivos. Guionistas curtidos en televisión en series como Física o Química o Al salir de clase… No sé yo. Digamos sencillamente que nunca fui fan de esas series… Nos metemos en las críticas:

«Los personajes utilizan los coches para expresar lo más profundo de su personalidad, como forma de vida, como suprema afirmación» Carlos Boyero, El País.

«¿Han visto algún ‘Fast and furious’? ¿Les pareció el horror? Pues aquí viene la réplica española, con peores coches y menos sexo» Luis Martínez, El Mundo.

«Un truño como una catedral que intenta abrir nuevas vías comerciales en el agonizante cine español.» José Arce, La Butaca.

Suspiro consternado. ¿Levanto el cine español o me preparo la cena? Dubitativo, reflexiono sobre mis pasos, me auto convenzo de que he puesto de mi parte. He pensado en el motivo económico, he acudido a varias críticas, incluso he hecho el esfuerzo en positivo de no prejuzgar para ir a ver el único estreno español que hay en el cine cercano a casa. ¿Debería coger el coche para ir a un multisala a buscar otros estrenos? —desde que estoy en esta ciudad han ido cerrando salas y construyendo en su lugar bloques de apartamentos—. A lo mejor la crítica es más favorable a otras películas españolas que se estrenen en otras salas. Quizá. Quién sabe. El cine español es una incógnita… Estuve pensando en ello mientras me comía el solomillo.