Si algo me gusta de las series de época —Spartacus, Da Vinci Demons, Vikings, Juego de Tronos…— es la ambientación. Me parece que tienen detrás un gran trabajo histórico y de diseño de producción. Los ropajes, las calles, el atrezo… incluso el acento o la forma de hablar de los personajes. De hecho, creo que lo que aporta calidad a las series de época es precisamente eso: una correcta y cuidada ambientación. El problema llega en el momento en que la chica de turno se quita la ropa y de pronto te quedas pensando cómo ha llegado la Silk-Epil a la Edad Media.

No me entiendan mal. No estoy en contra del desnudo en las series para adultos. Al contrario. Me parece que el desnudo, si está bien empleado —aquí mi particular decálogo al respecto— aporta tensión dramática y es bien recibido. De lo que estoy en contra es de la incoherencia. Me parece INDIGNANTE que con la excusa de mostrar un pecho bonito, un culo bonito, o un pubis bonito se tenga que romper con todo el planteamiento realista de la serie, además de hacer un poquito más de discriminación entre hombres y mujeres. Un poco de coherencia, por favor.

Si la serie se desarrolla en la Edad Media; hemos contratado a un especialista histórico; nos ha costado un dinero documentar todo el diseño de producción con expertos en la época; casi nos pegamos con el jefe o la jefa de vestuario para que emplee vestidos adecuados al tiempo del relato, y además tenemos a un becario en maquillaje encargado de ensuciar uñas y ennegrecer dientes, no podemos llegar a la escena del destape y mostrar una ingle brasileña. Es incoherente. Igual que sería incoherente que en la película 300 —que desde el comienzo plantea una estética más vinculada al mundo del cómic que al mundo real— alguno de los soldados tuviera pelo en el pecho.

El desnudo incoherente se ha venido poniendo muy de moda en las series de época en los últimos tiempos. Los Tudor, Los Borgia, etc. son un claro ejemplo de afeites extemporáneos, tanto que se llega incluso al ridículo, sobre todo en series de corte violento. Según parece, en Juego de Tronos tienen la premisa de que la audiencia puede soportar ver en toda su crudeza desmembraciones, decapitaciones, o destripamientos pero jamás una axila velluda, ni siquiera en una mujer salvaje que vive a la intemperie al otro lado del muro, que no se lava y come carne a mordiscos. Que Daenerys se come crudo un corazón sanguinolento… sin problema; que una salvaje del otro lado del muro tiene pelo en el cuerpo… ¡no, por Dios!

¿Por qué esta licencia poética con respecto al desnudo? Da la impresión de que en ocasiones lo que realmente interesa a los realizadores es mostrar cacha más que contar bien una historia. La situación no se da a la inversa: ¿Se imaginan que en las escenas de sexo de Californication las chicas llevasen miriñaque? ¿Se las imaginan con ropa interior de abuela? ¿Entonces por qué en las series de época las actrices tienen un look más pornográfico que el de la mismísima Sasha Grey?

Bueno— dirán, —mientras solo sea eso…— Claro, lo grave del asunto es cuando la trama se orquesta, con salto mortal de guión incluído, sólo para mostrar la consabida cacha de turno. ¿Nadie se ha preguntado por qué prácticamente en cada capítulo de Águila Roja hay una escena en que la chica —cualquiera de ellas— se da un baño en bañera/riachuelo/laguna mientras que él parece que todavía no se ha cambiado de calzoncillos en cinco temporadas? Les pondré a prueba con otro ejemplo. ¿Preparados? Tenemos dos series, A y B. La serie A está protagonizada por una docena de adolescentes con las hormonas revueltas atrapados durante varios meses en un barco con duchas mixtas. La serie B narra la vida de Isabel la Católica. ¿En cuál de las dos creen que hay más sexo? ¡Tiempo!

Personalmente cuando me pongo a ver una serie de televisión normalmente lo hago por la historia —o para ponerla a parir, pero eso es una afición particular—. Si la escena en cuestión tiene un desnudo justificado dramaticamente ¡estupendo!, si además hay escena de sexo coherente con la historia me parece genial —incluso si es sexo frenético como el de Homeland—. Ahora bien, si la teta en cuestión no tiene sentido en la trama y además introduce el concepto «silicona» en la Florencia de los Médici me cabreo, siento que en algún lugar me guiña el ojo un señor sudoroso y obsceno que se ha creído que yo venía buscando excitarme; que se está reduciendo a la mujer a un mero objeto sexual y que, al final de todo, el tiempo dedicado a aprender a escribir guiones no sirve para nada, porque en el fondo, como el del chiste, estamos a tetas.