Por si no se habían enterado, esta noche se juega la final de la Champions League entre dos equipos españoles. Mañana son las Elecciones al Parlamento Europeo. Vamos a hablar del evento importante.

Obvio. ¿No? Es una final histórica, algo importantísimo. Todo cuanto se haga es poco. Claro que sí. «TVE se vuelca con la emisión» se lee por ahí. Y no es para menos. La cadena pública va a ofrecer la previa, el partido y el postpartido, sea eso lo que sea. Seguro que ya lo están notando. Se ha trasladado a todo un contingente a Lisboa para la retransmisión; se han programado siete horas ininterrumpidas —ojo, ininterrumpidas— de riguroso directo; se ha organizado un magnífico despliegue para la retransmisión del partido multicámara, con cobertura de redes sociales… incluso se va a poder hacer una fusión nunca antes vista: ver el partido oyendo los comentarios de Radio Nacional. Y me parece muy bien, oigan. Pero ¿por qué no lo echan por el canal Teledeporte?

Sí. Teledeporte. Si no lo conocen es un canal que pagamos entre todos, público, abierto y en la TDT, dedicado a la información deportiva. Vamos, digo yo que no estoy proponiendo ninguna barbaridad. Quien quiera ver el partido y todo el despliegue podrá hacerlo igual que si lo echaran por la 1. ¿No? Tenemos un canal específico para eventos deportivos, tenemos un evento deportivo que atañe a dos equipos españoles… ¿no sería lo lógico? Nos va a costar lo mismo, oye. Y además tendría una ventaja: quien no tenga interés por el fútbol —alguien habrá— puede seguir viendo en la primera su programación habitual, su informativo de siempre, su información meteorológica y lo que sea que fuéramos a poner si el dichoso partido lo jugaran equipos extranjeros.

[Tweet “¿Por qué se cargan la programación para el partido cuando lo podría poner Teledeporte?”]

Porque, ¿qué motivación hay para cambiar la programación de TVE por la emisión de un partido si podemos tenerlo todo: partido y emisión regular? Ya nos hicieron lo mismo cuando emitieron la final de la Copa del Rey. TVE programó el fútbol en la 1, quitando de parrilla Masterchef, mientras en el canal Teledeporte hablaban de motos o algo así. El resultado: la 1 reinó con más de once millones de espectadores, llegando a alcanzar picos de hasta el 60% de share —Teledeporte se quedó con 1% de media—, y yo empecé a leer un nuevo libro porque me quedé sin mi Masterchef. Con el tenis ha pasado lo mismo. ¿Por qué, TVE? ¿Por qué cambias tu parrilla en el último minuto si puedes emitir lo mismo por otro canal de temática incluso más específica? ¿Por qué me quitas los programas que prefiero ver antes que el fútbol?

Al principio me costaba entenderlo. Una televisión pública, estatal, pagada por todos y sin publicidad, ¿no debería pensar en emitir lo que promete donde lo promete? ¿No debería ser capaz de emitir programas para todos los espectros, para todos los distintos públicos? ¿No debería apostar por la variedad en la oferta independientemente de la audiencia? ¿No la estamos pagando precisamente para eso, para que no dependa de la audiencia? ¿Por qué se cargan Masterchef para poner un partido de fútbol? ¿Por qué se cargan toda la programación habitual, trastocando hasta los informativos, para emitir siete horas desde Lisboa cuando lo podría hacer Teledeporte la mar de bien? Entonces di con la clave. El problema no era de lógica. El problema partía de un error de base: la prioridad de TVE también es la audiencia.

Piénselo. Quitamos Masterchef, o los informativos, o lo que haya, porque ante una final deportiva es obvio que va a perder audiencia. En cualquier cadena realmente estatal y realmente pública, en cualquier otro país donde eso signifique realmente algo, tal vez que un Masterchef se quedase sin audiencia una noche no importe demasiado. Pagamos una televisión pública para que no tenga que competir con el resto de cadenas por el trozo de pastel y pueda dedicar tiempo a esas cosas que el resto no hace.

Las televisiones públicas no deben, en mi opinión, tener un objetivo de audiencia sino un objetivo de servicio público, información, veracidad, cultura, calidad, etc. Pero, aun teniendo ánimo de lucro, tampoco debería importar mucho la audiencia de un espacio cuando el chorro del share se lo va a llevar previsiblemente otra emisión de la misma casa ¿no?

Pues aquí no. Aquí sí importa. Y mucho. No tenemos publicidad, pero tenemos anunciantes, claro. Patrocinio cultural con segundas. El Corte Inglés «patrocina» Masterchef, pero no apelando al principio filantrópico que tiene la etimología de la palabra de «protección, amparo o auxilio», sino para que se vea la marca. Y cuantos más la vean, mejor —lo que viene siendo la publicidad de toda la vida—. Así que no pongas mi programa —mío porque lo patrocino yo— a la vez que otro que sabes que va a tener más audiencia, majete.

[Tweet “Teledeporte. Si no lo conocen es un canal que pagamos entre todos dedicado a la info deportiva”]

Supongo que la lógica del debate debería ir por el lado de la financiación. ¿Podemos sostener nuestra deficitaria televisión pública sin recurrir a los truquillos del patrocinio? ¿Debería volver la publicidad a TVE, aunque la sigamos pagando? ¿Tenemos un engranaje televisivo por encima de nuestras posibilidades? ¿De verdad es necesario que TVE compre los partidos de la Champions, cuando es obvio que no se van a quedar sin cobertura a través de alguna privada?

Y, lo más importante de todo, ¿para qué sirve Teledeporte?♦