Nuevo ataque de nostalgia. Busco en el diccionario de la RAE la definición exacta de depredador: «que depreda». Pues muy bien.  Qué tiempos aquellos de hojear y ojear los diccionarios tipo Iter Sopena, y necesitar a veces hasta cuatro búsquedas, entre definiciones redundantes y sinónimos más opacos incluso que la palabra que buscamos.

El caso es que depredar, que por lo visto existe, según la RAE tiene dos acepciones que nos vienen al pelo para este artículo. Una es «Dicho de un animal: Cazar a otros de distinta especie para su subsistencia». La otra, «Robar, saquear con violencia y destrozo».  Obviamente el ser humano responde a las dos acepciones, siendo el mayor depredador en la escala evolutiva, un depredador que peca de gula, ya que no caza para su subsistencia, sino por capricho o incluso aburrimiento. Lo de robar, saquear con violencia y destrozo está ahora mismo en boca de todos, no por la peligrosa ley de la ciudadanía, que nos acerca cada vez más al mundo felíz de Huxley, sino a esa clase dominante, cada vez más acomodada, que con su sistema económico nos ha hecho llegar a donde estamos ahora, con una clase media que está como los dinosaurios, extinguiéndose, cuando debería ser la más nutrida. Porque tantas y tantas películas de Hollywood y no Hollywood han querido que tengamos miedo a una raza nueva que nos deprede, ya sean extraterrestres, seres de otra dimensión, zombies o infectados, como quiera Enjuto Mojamuto, cuando la realidad es la que nos muestran historias como La Carretera, en la que el auténtico depredador al que tenemos que temer es el propio ser humano, fagocitando a los de su propia especie.

Y por ahí van los tiros de estas dos piezas de animación que os presento. La primera es una joya que me ha llegado vía redes sociales, un corto argentino cuyo autor, Santiago ‘Bou’ Grasso, ya no tiene sitio en sus vitrinas para tanto premio. Se llama El empleo, y bastará decir que mejor que no lo vea Rajoy, no vaya a encontrar ideas para recortar el paro a la carrera antes de que se acerquen las elecciones.

Después  de ver este vídeo, brillante y que podría ser catalogado casi de mito en cuanto a que explica una conducta universal humana, vino a mi mente el concierto de Muse al que asistí en Oporto hace algunos meses. Allí, mientras esperábamos con las manos ocupadas con un perrito y una cerveza y alzando la mirada hacia el cielo rezando para que no lloviera, pudimos ver un videoclip de la canción Animals, cuyos autores eran seguidores del grupo. Otra micro-obra maestra que explica lo que somos, cómo nos comportamos y a dónde podemos llegar.

Asustan, uno desde su silencio agobiante,  otro desde su crescendo ruidoso, pero los dos tienen cosas en común, aparte de lo evidente de su argumento caníbal: son una gran idea desarrollada con brillantez, y que pueden enseñar a los que pretendemos ganarnos la vida contando historias que a veces no hacen falta las palabras para hacer sentir y pensar.

Creación que te impacta, te hace pensar y te anima a crear. Esto es cultura, ¿O no?