La escuela de Disney tiene tradición en lo que al musical se refiere, por lo que no es extraño que se haya propuesto adaptar uno de los más emblemáticos de Broadway y el West End londinense que además, como el gigante de la animación, se sostiene sobre las historias clásicas de los hermanos Grimm: Cenicienta, Caperucita Roja, Rapunzel… A lo largo de las dos horas de metraje, los personajes de los cuentos clásicos entrecruzan sus historias en medio del bosque en una trama que mezcla magia, sátira e incluso algún instante tétrico. Por ello, probablemente, la obra no se termine de entender.

A pesar de haber sido vendida por los tráilers como un cuento de hadas musical de los genuinos de la casa, lo cierto es que Into the woods se presenta más como una revisión satírica de las propias historias. Junto a los momentos de reconocimiento donde los elementos del folklore nos permiten identificar los relatos que se entremezclan —el lobo, la abuelita, el zapato de Cenicienta, las habichuelas mágicas…— encontramos instantes hilarantes, como el duelo de tenores a pecho descubierto, o momentos sórdidos, como cuando se eviscera al lobo o las amputaciones de pies. Todos los personajes son de moral dudosa, egoístas y avariciosos, que no tienen inconveniente en perjudicar al prójimo para lograr sus propios intereses, de ahí que la lectura final de la historia deje un regusto un tanto amargo.

Instantes hilarantes, como el duelo de tenores a pecho descubierto, o sórdidos, como cuando se eviscera al lobo o las amputaciones de pies

Destaca el porte interpretativo de veteranas como Meryl Streep, que ha recibido su decimonovena nominación a un Óscar —aumentando el récord que ya tenía—, y de rostros menos conocidos como Anna Kendrick o Emily Blunt, que destacan tanto en lo vocal como lo interpretativo. La puesta en escena se vale de una composición de corte teatral, con abundancia de planos largos y dejes propios de las tablas. En lo narrativo, igualmente, se sigue la misma lógica: numerosas escenas se narran en off, a posteriori; en vez de ser testigos de las gestas de algún personaje se opta porque el personaje mismo nos las cuente en un soliloquio cantado.

Y ahí tal vez resida el principal problema de la pieza. Lógicamente, al ser un musical, prácticamente todo el diálogo es cantado y la edición española ha tenido a bien respetar el trabajo de los actores y actrices recurriendo a los subtítulos —lo cual aleja, de por sí, a gran parte del público infantil—. No obstante, para los diálogos no musicales, se ha empleado el doblaje. Esto provoca una extraña sensación en el espectador, que ve como de pronto las voces de los personajes cambian y se ponen a cantar en inglés, interrumpiendo constantemente la magia.

Así y todo, Into the woods es una obra que se deja ver y disfrutar, aunque está muy lejos de la experiencia del referente original.