Normalmente, es mi compañero Jean Cité quien solía hablar de la serie Juego de Tronos. No le culpo: al fin y al cabo, la serie tiene sus fallas y hay gente que no soporta verlas en pantalla. Sin embargo, creo que es la primera vez que escribiré sobre la última temporada del producto de estrella. Siento decirlo, me sabe mal, pero si tuviéramos que titular esa temporada en concreto la respuesta sería sencilla: Juego de Trileros.

¿Por qué ese título? Bueno, quien haya visto la temporada y leído los libros sabrá el encaje de bolillos que han tenido que hacer el dúo formado por David Benioff y D. B. Weiss. Y, pese a ello, el resultado no ha podido ser más decepcionante. La temporada, que apuntaba momentos muy álgidos, ha contado con un reparto muy desigual. De hecho, los seis primeros episodios han sido, como ha mencionado antes Jean Cité en otros artículos, el aburrimiento hecho diálogo. Sin embargo, repasémoslo todo con la calma.

El primer problema de la quinta temporada de Juego de Tronos es que el significado de diálogos como acción en algunas tramas ha sido inexistente. O peor: algunas de esas historias corales no avanzaba. Un ejemplo claro es la trama de Arya, la cual apenas ha tenido alguna clase de evolución en seis capítulos. Solo los dos primeros y los dos últimos han sido realmente relevantes. ¿El resto? Bueno, pues aprendiendo el oficio, siendo sutiles, pasando el rato entre tortazo y tortazo… En resumen, un desastre durante la parte intermedia de la temporada.

Si bien el guion está construido de perlas en términos de estructura dramática, la estrategia emocional empleada ha sido insuficiente o incluso pobre

Otra trama sin sentido ha sido la de Brienne. De hecho, el personaje —uno de mis favoritos— solo ha servido para los dos últimos capítulos. ¿Qué más hace? Visita a Sansa, búsqueda de esta y conversar con Podrick. El plano de Brienne observando un castillo a lo lejos debe de ser uno de los mayores momentos de vergüenza ajena en toda la serie.

Otro asunto en el que han sido unos trileros es en términos de producción y ejecución de escenas, y ahí podemos mirar los escenarios de Dorne y el campamento de Stannis. Dorne ha pecado de ambas cosas, de hecho; el I am Obara Sand, who do you fight for? quedará para la historia como uno de los peores momentos de la serie. Bueno, toda la escena de pelea, de hecho. Además, y hablando de peleas mal resueltas, podemos incluir a medias la subtrama de Meereen, la cual ha pecado también del mismo defecto. Por suerte, y pese a su irregularidad, hay bastante trama y toda bien configurada en un apogeo final fantástico.

La parte del campamento de Stannis es otra prueba de que no se ha sabido encajar la historia al metraje acordado. Si bien el guion está construido de perlas en términos de estructura dramática, la estrategia emocional empleada ha sido insuficiente o incluso pobre, y la escena de la pira, que debería habernos helado la sangre y sacado una lagrimilla, ha quedado a medio gas. Pregunta: ¿alguien ha visto a Stannis dudas y sufrir con el dilema después de decirle a su hija lo mucho que la quiere?

En definitiva, tenemos ante nosotros la peor temporada de la historia de Juego de Tronos

Esos, sin duda, son los puntos flojos de la serie. Podríamos hablar también de Sansa, pero al menos ha habido evolución —fingida— y algo de acción dramática por su parte. Y ni hablar mal, por supuesto, de Desembarco del Rey y del Muro, que son de largo las mejores subtramas de toda la temporada.

Ahora pasemos a los buenos puntos. Pese al efectismo de trileros de los últimos tres episodios y el aburrimiento casi establecido en el acto intermedio de la temporada, hay que decir que la serie sigue teniendo la misma esencia y algunos personajes no solo han ganado carisma sino también profundidad e incluso cambios de muy buen calado como Melissandre, Stannis o Theon/Hediondo. También cabe decir que las muertes efectistas al menos no son un vacío insustancial para abrir la boca del espectador, sino que saben cuándo y cómo usarse.

Y, sobre todo, hemos visto que el grupo de guionistas no se ha perdido por los cerros de Úbeda o han dirigido la serie hacia donde querían sin respetar a sus personajes. Ahí está, ante vosotros, el tremendo despliegue realizado en Casa Austera, preludio de una de las declaraciones de intención de la serie: los elementos fantásticos están ahí. ¿Qué por qué lo digo? Bueno, yo creo en la siguiente temporada.

En definitiva, tenemos ante nosotros la peor temporada de la historia de Juego de Tronos. Son unos diez capítulos decepcionantes en su mayoría con el espíritu inicial de la serie, pero siguen siendo, se quiera o no, la misma serie, con el mismo trasfondo y con muchas, pero que muchas tramas abiertas para dos temporadas que, de estar bien manejadas, prometen mucho. Esperemos —y crucemos los dedos— para que esta sea la única temporada de Juego de Trileros.