Hay una tonadilla que podría resumir de manera bastante acertada la dinámica de Juego de Tronos.

Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña
como veía que no se caía fue a llamar a otro elefante…

Seguro que la conocen. El número de elefantes va aumentado estrofa a estrofa hasta el infinito porque el hilo de la araña parece ser irrompible. Algo así como la trama de Juego de Tronos, que se alimenta en cada nuevo verso de nuevos personajes y sus respectivas nuevas relaciones y conflictos. Piénselo. La cantidad de personajes de la saga, que nunca fue pequeña, ha ido creciendo de manera exponencial temporada tras temporada.

Hagamos repaso. La historia comenzaba con la familia Stark y la familia Baratheon, que de por sí estaba ligada con los Lannister. A lo largo de la primera temporada las relaciones de unos y otros estaban más o menos circunscritas a estos clanes, de los que conocíamos sólo a algunos miembros. Por otro lado también estaba la historia de la oxigenada Daenerys y su romance con los Dothraki. Para el caso, poco más de una docena de personajes principales más o menos fácilmente identificables por el espectador.

La segunda temporada empezó a disparar la presencia de gente nueva. Al grupo anterior, donde hay algunas bajas, se añade Stannis, Melisandre, Davos, Ygritte, Brienne of Tarth, Talisa, además de otros muchos personajes secundarios o con menor importancia. En la tercera tenemos a Tormund y Ramsay Snow, entre otros muchos nuevos, y en la cuarta estamos conociendo la vida y obra, entre otros, del príncipe Oberyn, del salvaje caníbal Styr, y un larguísimo e interminable etcétera de personajes con menor relevancia. ¿Se hacen una idea de cuántos elefantes tenemos balanceándose sobre la tela de G.R.R. Martin?

Bueno, me dirán que muchos de estos personajes ya están fuera del panorama, bien porque han desaparecido o han muerto. No obstante, sus tramas siguen vivas, se siguen alimentando y, dado que uno de los inventos de la historia es que la gente muerta puede o podría hipotéticamente resucitar bajo la tutela bien del Dios Rojo, bien por la acción de los Caminantes Blancos, cabe incluso la posibilidad de que vuelvan a aparecer por ahí.

Quienes me conocen saben que a pesar de esta colección de juegodetrolas, valoro muy positivamente la serie, la sigo, me gusta cómo está hecha y el fantástico trabajo de producción y puesta en escena. Ahora bien, no puedo dejar de mostrar mi desacuerdo con muchos aspectos que me sacan de la ficción o me dan la impresión de que con ellos «me están vendiendo la moto», y la política de aumentar personajes y personajes y personajes indefinidamente es uno de esos puntos negativos. Principalmente por tres motivos.

El primero de estos motivos de desagrado es el tiempo. Sí. En las últimas temporadas le están dedicando mucho más tiempo a las tramas de personajes «nuevos» como Margaery Tyrell y su abuela, que a los personajes de los que nos enamoramos desde el principio. Esto me provoca una terrible sensación de descompensación. Casi da la impresión de que en lo que Daenerys ha ido con sus dragones de un pueblo al pueblo de al lado, en la otra orilla de la mar han librado y terminado una guerra, ha habido tres bodas, matado a varios pretendientes al trono y cruzado y vuelto a cruzar el Muro a pie. Parece que un día para los Dothraki equivale a un mes en los Siete Reinos. El montaje alternado de unas escenas y otras me produce la falsa impresión de que tales cosas están ocurriendo margerysimultáneamente, y me enerva mucho que la propia lógica de la serie desmienta esa percepción.

El segundo motivo de mi descontento es lo episódico y fragmentario de cada capítulo. Ya no es que las tramas estén separadas físicamente en diversos territorios, es que, sencillamente, no tienen nada que ver una con otra. Lo que le pase a Bran con Hodor y sus amigos no guarda relación alguna con lo que nos narran de su hermana Arya, con lo que está viviendo su hermana Sansa, y mucho menos lo que está sucediendo con los Tyrell, los Baratheon, el atormentado Theon Greyjoy y todos los demás. Cada capítulo va dando saltos de una historia a otra, mostrando una composición tan fragmentada, contándome tantas cosas a la vez, que al final no terminan por engancharme en ninguna. Tanto es así, que incluso me repatea que traten de meter con calzador los antecedentes de cada uno de ellos. Un ejemplo rápido:

Robert Baratheon estaba enamorado de la hermana de Eddar Stark. Por ella organizó toda la Guerra del Usurpador, conquistó los Siete Reinos y se hizo con el poder. De hecho, a pesar de su muerte, sigue enamorado de ella y siempre lo estará. Para narrarnos esto en la primera temporada montan una expedición de la corte al completo desde Desembarco del Rey hasta Invernalia: el aviso de la llegada, la parafernalia de los preparativos, el encuentro entre el monarca y su Guardián del Norte… y luego nos muestran al rey bajando expresamente a las catacumbas de la fortaleza —es lo primero que hace cuando llega, incluso aunque la reina le implora «los muertos pueden esperar»—; nos lo muestran llorando delante de la efigie de su amada y, por si no ha quedado claro, lo vuelven a verbalizar varias veces en varios diálogos, tanto con Eddar Stark como con otros personajes. Un trasfondo interesante, aunque muerto, pues parece que ya no hay mucho más que sacar salvo dar matices al personaje de Robert.

[Tweet “¿Cuántos personajes nuevos han metido en #JuegoDeTronos solo para salvar a Arya alguna vez?”]

Por otro lado, Oberyn Martell es un príncipe de Dorne que aparece en la boda de Joffrey Baratheon-Lannister, en la cuarta temporada. No hemos sabido nada de él en toda la serie, aunque su trasfondo está mucho más vivo que el de Robert: muy unido a su hermana Elia, en el momento que se entera que ha sido violada y asesinada junto a sus hijos por La Montaña, jura vengarse de los Lannister. Por eso sorprende que aparezca en la por otra parte trágica boda del infante. Es decir, un personaje nuevo con una trama viva y que puede plantear giros y sorpresas en la historia que nos están narrando. ¿Saben cómo nos cuentan su trasfondo? En un diálogo de poco más de un minuto mientras da un paseo fuera de sus aposentos. ¿No les parece demasiado…? Quiero decir, mientras que todo el primer episodio de la serie pivota sobre la visita de Robert a las catacumbas de Invernalia —de hecho es en las catacumbas donde nombra oficialmente a Eddar «Mano del Rey»—, el trasfondo de Oberyn se lo despachan así, rapidito, un diálogo y ya, personaje presentado. Listo. ¿No les ofende?jaqen

El tercer motivo de mi descontento es el atajo de guión que supone sacarse personajes de la manga. A priori podría parecer que cuantos más personajes tengamos en el relato más complejo y rico resulta éste a la hora de estructurar y plantear el trasfondo de cada cual. Y sí. Sería así si de verdad cada uno tuviera un transfondo. Pero el problema es que muchos de estos personajes aparecen en la serie de manera episódica para cumplir un propósito específico y luego no nos los hemos vuelto a encontrar: recuerden a Syrio Forel, el profesor de esgrima que muere tras ayudar a escapar a Arya; recuerden a Yoren, aquel misterioso reclutador de la Guardia de la Noche que aparece justo en el momento de rescatar a Arya y sacarla de Desembarco del Rey —y que también muere poco después—; recuerden a Jaqen, aquel hombre extraño que cambiaba de cara y que mató a todos los enemigos de Arya, ayudándola a escapar de nuevo para desaparecer él mismo al poco tiempo. ¿No les parece todo un poco injustificado? ¿Personajes que salen de la nada, resuelven los obstáculos y con las mismas hacen mutis? ¿No les parece un deux ex machina de manual?

Temo que en las próximas entregas sigan metiéndome gente nueva, historias nuevas, conflictos nuevos… y temo que llegue el invierno, que el Dios Rojo y los Caminantes Blancos se pongan a devolver a todos a la vida y que los Siete Reinos se conviertan en Walking Dead con dragones. Quizá el hilo de la araña pueda soportarlo pero yo, me temo, lo tendría muy complicado.♦