No hay que ser muy avispado para percatarse de que uno de los reclamos principales de Juego de Tronos es alto nivel de despelote femenino.

Pocos, muy pocos episodios no cuentan entre sus planos con el lucimiento más o menos gratuito de una teta o de media cacha. En Desembarco del Rey o en Invernalia pueden no tener hospital ni escuela, pero el burdel no falta, ni en éstas ni en ninguna otra ciudad al sur del Muro. Los personajes femeninos están copados prácticamente por damiselas y meretrices —incluyendo alguna meretriz que se hace pasar por damisela—, además de una o dos guerreras entre salvajes y asalvajadas, como Ygritte o Brienne de Tarth que, en todo caso, están en la historia como complemento de sus respectivos varones Snow y Lannister, respectivamente; y que también enseñan cacha si es menester. Quizá menos Brienne, tal vez por eso de que al ser la única caballero han decidido ponerle rasgos hombrunos alejados de los cánones femeninos, no fuera que pareciera una mujer manejando espadas, pues ya se sabe que, según los guionistas, las señoritas finas sólo manejan livianos floretes, como Arya, o como mucho un arco y flechas, como Ygritte, pero sólo si son salvajes.

No es ninguna novedad. La serie incurre en tantas escenas de sexo más o menos explícito y más o menos gratuito que, de hecho, cuenta en su reparto con varias actrices porno o que han realizado películas pornográficas en el pasado como Sibel Kekilli —la novia-prostituta de Tyrion Lannister—, Sahara Knite, Maisie Dee, Aeryn Walker, o Jessica Jensen entre otras. La amplia presencia de desnudos es casi es el chascarrillo habitual de aquellos que se sumergen por primera vez en la serie. Incluso los amigos de Screen Junkies lo mencionan en su Trailer Honesto sobre la ficción:

[Tweet “Cualquier jovencita que se despelote en los Siete Reinos parece recién salida de la «esteticién»”]

Personalmente no tengo ningún tipo de prejuicio con respecto a la desnudez en sí. De hecho, si está bien introducida en la trama, está respaldada por la historia y se presenta de manera coherente y justificada, me parece incluso necesaria. Las cosas como son, a ver: cuando hay que enseñar, hay que enseñar. Mi problema con los desnudos de Juego de Tronos vienen más bien por otro lado. Fundamentalmente viene por dos motivos principales: la silkepil y la justificación. Me explicaré.

Juego de Tronos cae en la injusta necesidad de otras muchas series de mostrar desnudos canónicamente bellos. Digo «injusta» porque la belleza, según parece entendida por los realizadores de la serie, se circunscribe a la veintena. No verán desnudos más allá de ese prefijo, créame. Fíjense cómo será la cosa que mientras que a Emilia Clarke (27) —Daenerys Targarien— la hemos visto desnuda varias veces en prácticamente todas las temporadas desde que comenzó la serie hace tres años, Lena Headey (41) —Cersei Lannister— todavía no ha enseñado nada, a pesar de llevar una vida sexual mucho más activa en la ficción que la «Madre de Dragones».

También he puesto «canónicamente bello», y eso es otra grave injusticia. Esta vez hacia los espectadores. Verán. Por alguna razón que me niego a reconocerles a los realizadores, parece que el desnudo, además de bello, joven y turgente, tiene que estar reñido con todo realismo. Cualquier jovencita que se despelote en los Siete Reinos parece recién salida de la «esteticién»: ni un pelo de más, ni una cana mal puesta, e ingles brasileñas depiladas con escuadra y cartabón. Lo mismo da que sea una sofisticada meretriz del lupanar de la capital del reino que una salvaje de las que viven a la intemperie al otro lado del Muro. Todas bellísimas, todas voluptuosas y perfectísimas. No baja de la noventa la talla media, no les digo más.

¿Les parece que eso cuadra con la historia que estamos contando? A ver, seamos realistas, la población de los Siete Reinos duerme en jergones de paja. Incluso la clase privilegiada de los castillos se alumbra con velas, antorchas, y se lava de higos a brevas. Los hombres no son guapos, y los que son guapos pierden miembros, mueren o lucen cicatrices en la cara. Ellos no suelen salir desnudos —que yo recuerde, sólo Hodor hace un «integral»—, a menos que sean homosexuales, en cuyo caso reciben el mismo tratamiento que las mujeres. ¿No les parece un atentado contra el realismo que pretende blasonar la serie en su puesta en escena? ¿No se sienten tratados como meros espectadores de un peep show?

Sin embargo lo que más me enerva es que traten de justificar los desnudos mediante volteretas imposibles en la trama. Ya les he dicho que si la historia lo requiere, el desnudo y el erotismo son necesarios. En ese orden: primero la historia, luego los complementos eróticos. En Juego de Tronos parece que prima lo contrario: tenemos que meter erotismo, así que escribamos una escena que medio lo justifique, y no importa si no está siquiera en los libros. ¿Sabían que el personaje de la prostituta Ros no aparece como tal en las novelas? ¡Qué casualidad que se inventaran para la serie precisamente una prostituta, oye!

El personaje de Ros termina mal: Joffrey la ata a su cama semidesnuda y dispara su ballesta contra ella por puro entretenimiento. Y eso es quizá lo más grave de todo este asunto: la dominación del hombre sobre la mujer. No es ya que estemos en una ambientación machista y medieval, es que hay elementos, como el distinto rasero a la hora de presentar la desnudez, que aluden a una superioridad masculina que está presente durante toda la serie. Una de las escenas más comentadas de la última temporada es la violación de Jamie a su hermana en pleno funeral de su hijo. Hasta el propio G.R.R. Martin ha tenido que salir a justificarla ante la avalancha de críticas. Básicamente él la fuerza a ella con su hijo de cuerpo presente a pesar de que ella lo rechaza y se niega varias veces. En los libros, según parece, el sexo es consentido y se da en otras circunstancias, pero en la serie no han tenido reparos de ponerlo como les ha dado la gana. Jamie viola a su hermana —que de hecho es también su reina— así porque sí. Porque le da la gana. Porque es el hombre. Ay.♦