Por si todavía no se han enterado, se conmemoran cincuenta años del asesinato de JFK.

En el Cementerio de Arlington, la tumba de John Fitzgerald Kennedy es uno de los lugares más visitados. Está enclavada en lo alto de un promontorio, a pocos metros del edificio memorial del General Robert E. Lee y en una disposición perfectamente orientada hacia el Lincoln Memorial, en el Mall de Washington. Enmarcado por un conjunto de mármol blanco, la tumba, acompañada por la de Jacqueline Kennedy Onassis y sus dos hijos fallecidos en la infancia, consiste en una losa de pizarra negra en medio de un rectángulo conformado por rocas de granito traídas por la familia de Cape Cod. En medio de todo destaca la llama perpetua que The Washington Gas and Light Company se ofreció a mantener de manera gratuita ad infinitum. En comparación, la tumba de su hermano Robert —también asesinado— a tan solo quince metros de distancia resulta casi ridícula: consiste en una pequeña placa y una cruz blanca. Pero es que el asesinato de un presidente es el asesinato de un presidente.

Aun así, no deja de llamarme la atención el aluvión que llevamos ya varios días sufriendo en prácticamente todos los canales y todos los informativos. Que si el expediente Warren, que si la teoría de la conspiración, que si Oswald, que si el almacén… La 2 de TVE parece que ha hecho tres jornadas monográficas sobre el tema. No había un momento que no pusiera la televisión que no terminara viendo por enésima vez el disparo, la cabeza destrozada de Kennedy, la esposa tirada sobre el maletero del coche recolectando los restos del cráneo de su marido… espeluznante.

Ya. Sí. Es historia. Y encima hace 50 años. Obvio. Especiales por doquier. En 2051 probablemente hagan lo mismo con el 11S —si el calentamiento global lo permite, claro—. Es normal. Pocas efemérides tienen tanta enjundia… y pocas además están tan documentadas, con tanto vídeoaficionado, con tanta fotografía. Fíjense que incluso han repetido mil veces las imágenes del asesinato del asesino: la primera vez que una cosa así se hacía en directo por televisión. Es lógico.

Lo que no me parece del todo lógico, o al menos de buen gusto, es aprovechar la efeméride para promocionar de manera prosaica y banal cualquier producto de tres al cuarto. Al fin y al cabo es un acontecimiento, sí, histórico si lo quieren contextualizar en la coyuntura de la Guerra Fría, pero no deja de ser un crimen. Y no me refiero a los miles de autorcillos que han explotado la teoría de la conspiración, ni a los doscientos vendedores de recuerdos, fotografías y baratijas que han montado el tenderete en la Dealey Plaza. La cosa va un poquito más allá.

Echen un ojo a este anuncio de la compañía de apuestas PMU en el que se emplea el referente en tono satírico: un par de agentes de Dallas charlan distendidamente y se apuestan a que uno es capaz de hacer girar su arma en el dedo tres veces como los cowboys. Miren el final. El slogan es «¿Te gusta apostar?»

¿Era necesario? Lo mismo dentro de unos años les da por hacer algo parecido con el 11M, con las víctimas del terrorismo, o con cualquier asesinato reconocido y famoso, banalizando una cruda realidad para promocionar un servicio de apuestas. Todo sea por provocar. Miley Cyrus, que estrena nuevo vídeo en pelotas —ya, ya sé que no es ninguna novedad— debería estar tomando nota. Claro que lo mismo esto le saldría mal. El humor, la muerte… ya saben. Demasiado negro y macabro como para dar buena imagen.

Distinto es lo que han hecho en Hollywood. Verán: en mayo de 2014 se va a estrenar la enésima película de la saga X-Men. Le han puesto por título X-Men: Days of Future Past, la dirige Bryan Singer y, si no me corrigen los frikis, se trata del eslabón perdido: es la película secuela  [según Diego Matos (@diegomatosag), autor de cuatro libros sobre el mundo del cómic y mi asesor en estos temas, no es exactamente «la secuela»] pseudo-secuela de X-Men: The Last Stand, al tiempo que lo es también de X-Men: First Class y, según la frikipedia, de The Wolverine por no se qué cosa de un plano después de créditos [uy, casi spoileo, eh…] Y además pretende cumplir la función de justificar todas las discrepancias de las películas anteriores.

El caso es que, como la película ya está casi terminada, llevan bastante lanzando pequeños teasers, avances y juegos para ir promocionando el asunto. Comprendan que el nicho de los amantes de los cómics es un público ávido de este tipo de cosas, y desde que se lanzó la noticia de que proyectaba el rodaje está que no duerme por las noches. Así que, ni cortos ni perezosos, han decidido aprovechar la conmemoración del asesinato de Kennedy… para promocionar una vez más la película:

Sí. Ya ven. El tono es un poco más respetuoso. Se valen de un hecho real y de imágenes reales para introducir el universo diegético de la obra: el malo es Magneto, el villano de la saga. Además lo presentan como una parte «archivada» de la investigación real: si visitan la web —claro, la cosa no iba a quedarse solo en un pequeño spot, queremos interactividad y que los frikis nos dejen sus datos en la web para tenerlos localizados y hacerles spam del bueno— podrán leer la historieta que se inventan y ver cómo la entremezclan con los hechos reales en lo que parece un prólogo para la nueva película.

La diferencia con la aproximación de la casa de apuestas resulta evidente, aunque no deja de ser lo mismo: aprovechar la memoria colectiva, el mito, la leyenda de un personaje que es prácticamente un icono, para promocionar un producto. Lo han hecho siempre. Lo han hecho todos. Recuerden aquel anuncio de Dior en el que Charlize Theron se paseaba por el Salón de los Espejos de Versailles junto a Grace Kelly, Marlene Dietrich y Marilyn Monroe. El mito, la leyenda, el icono vende. Incluso muerto, vende.

Incluso su asesinato vende.