Título original: La ragazza nella nebbia; Dirección y guion: Donato Carrisi; Fotografía: Federico Masiero; Reparto: Toni Servillo, Alessio Boni, Lorenzo Richelmy, Jean Reno, Galatea Ranzi

Una adolescente ha desaparecido durante una noche de niebla en un pequeño pueblo de montaña. Rápidamente al lugar se traslada el veterano investigador Vogel, conocido por sus mediáticos casos. Nada más llegar logra hacerse con la confianza de la familia de la desaparecida, que vive según las estrictas normas de su comunidad religiosa. El trato que dispensa el investigador a los policías locales denota experiencia y saber hacer. Se le presenta como un hombre seco, adusto y profesional. No obstante, su primer paso en la investigación es filtrar una exclusiva a la prensa, con la que resulta que siempre ha estado conchabado. Pronto el apacible pueblo de montaña se convierte en un hervidero de periodistas que pondrán sus ojos en el profesor Martini, docente en el instituto de la desaparecida. El profesor, sin mediar mayor prueba que su presencia circunstancial en torno a la muchacha en varios vídeos —de nuevo filtrados por el inspector jefe—, termina por ser señalado como culpable por toda su comunidad. Solo cuando el veterano policía se confiese ante el psicólogo del lugar se desvelará la verdad de sus intenciones, así como la resolución del caso en una sucesión de giros narrativos por completo impredecibles.

En una suerte de mortal hacia atrás con tirabuzón, el autor propone una resolución tan rocambolesca que termina pasándose de la raya

Donato Carrisi lleva él mismo a la pantalla su novela, éxito de ventas en Italia, sabiendo mantener en todo momento lo fundamental de todo thriller que se precie: giros inesperados y una atmósfera envolvente. En efecto, el director logra entretejer un enrevesado tamiz que propicia algo novedoso e interesante en cada escena, al tiempo que presenta una atmósfera densa y plagada de personajes que no dudan en mentir para obtener su propio beneficio. Los primeros, sin duda, los protagonistas del relato, que pasan todo el metraje caminando sobre el hilo de la ambigüedad, la moral y la vileza.

El problema viene conforme va avanzando el tercer acto y se resuelve el misterio. En una suerte de mortal hacia atrás con tirabuzón, el autor propone una resolución tan rocambolesca que se podría afirmar que, en su afán de sorprender al respetable termina pasándose de la raya. No obstante, es potestad del espectador aceptar o no la resolución que plantea el autor pues, al fin y al cabo, todos los relatos de misterio se intrincan en mayor o menor medida.

Queda, por otro lado, el buen hacer de una cuidada puesta en escena, así como una solvente interpretación de todos los implicados. El ritmo y la deconstrucción del relato contribuye a generar el misterio, y la crítica en absoluto soterrada a la perniciosa acción del sensacionalismo mediático en este tipo de casos configuran una película bien construida, reseñable y disfrutable para aquellos que sean aficionados al misterio.