la ladrona de libros

Uno de los filones que está encontrando Hollywood —y no tan Hollywood— es adaptar libros infantil-adolescentes para sacar tajada en la taquilla.

No seré obvio y redundante enumerando las diferentes sagas que todos ustedes conocen y han sufrido o disfrutado, dependiendo de su capacidad para desconectar el lado del cerebro que se encarga de pensar. Salvo algunos sonados fracasos, la productora consigue dinero fácil, llevando a fans de la novela y tirando de padres que ven estas películas como una opción casi educativa. Tampoco quiero ser muy duro porque muchas de estas adaptaciones no son sólo aceptables sino en muchos casos notables, como la ya muy lejanas versiones de La historia interminable o La princesa prometida, clasicazos, o las más recientes Donde viven los monstruos y El niño con el pijama de rayas.

Concretamente con esta última novela tiene mucho en común la que ha inspirado el tostón y apuesta para los Oscars de Fox, es decir, La ladrona de libros. Las dos pertenecen una moda de narraciones con niños como protagonistas del horror de la guerra/posguerra/dictadura y como supervivientes en un mundo de adultos que para ellos es extraño y confuso. Su visión inocente y limpia y sus aventuras ante barbaridades de todo tipo intentan ser catárticas para adultos y emocionantes para los niños, y se establece una doble lectura. Un subgénero creado a partir del éxito —triste, por lo real— de El diario de Ana Frank, y que ha tenido bastantes obras seguidoras como Cuando Hitler robó el conejo rosa, o aquí en nuestro país el relato La lengua de las mariposas o la novela Pan Negro, las dos adaptadas maravillosamente a la gran pantalla.

Que no es el caso en esta ocasión. No he leído el libro, ni hace falta, porque como ya  he defendido muchas veces, una película se debe valorar independientemente del origen de la idea original. Y esta película es un peñazo — el corrector me pone «leñazo». También me sirve—. Larga en exceso, la historia se puede resumir en un párrafo, porque realmente en la película no pasa casi nada hasta el final. Una sucesión de anécdotas aburridas, en torno a una niña que, oh, qué emoción, lee. Y si esto en literatura seguro que funciona a la perfección, ya que la metaliteratura es uno de los caballos ganadores entre los raros a los que nos gusta leer, en cine vemos como una niña se mueve de su sótano a su calle, de su calle a su sótano, leyendo libros y aprendiendo vocabulario. Chupi.

Hombre, claro que hay más, hay Alemania nazi. Pero aquí de una manera demasiado tangente a la historia, excepto por la clandestinidad de los judíos. Los hechos históricos sirven de marco a la historia, pero sin entrar en el horror. Se nota que es una coproducción alemana, en esto y en la absurda mezcla lingüística: Alemanes que hablan en inglés entre ellos pero de vez en cuando sueltan palabrejas en el que es su idioma materno. Muy raro e incoherente, ya que luego los libros que leen y las palabras que escribe la protagonista están en la lengua de Shakespeare —¿?—.

¿La película tiene virtudes? Pues lo de siempre, dirección artística detallista, documentada y preciosa —tiene una primera secuencia en un tren que me atrapó y me encandiló, lástima que el resto pierda tanto fuelle— y actuaciones bastantes solventes de Geoffrey Rush y Emily Watson. Bueno, y los niños no están mal y no son cargantes, que no es poco. Pero la historia es tan anodina que todas estas bondades se diluyen hasta un final que pretende ser emotivo, pero que, y sin «spoilear» demasiado, es algo cutre y contado demasiado rápido. Algo frecuente en la película, modorra en la mayoría del metraje pero precipitada en momentos de tensión o de emoción que necesitarían un poco de pausa.

Busca la lágrima fácil en su tercio final, y algún Oscar en la gala que se nos avecina. Yo no le concedería ni lo uno ni lo otro. Sólo me gustaría aprovechar para aconsejar una película mil veces mejor que esta, que cuenta una historia parecida, en un ambiente similar pero con buen hacer, humor y  emoción, tanto que le valieron la candidatura al Oscar 2000. Aquí les dejo el enlace de esta maravilla checa que en Español se tradujo como Divididos caeremosAhí lo dejo.

Y si quieren llevar a sus hijos al cine, métanse en la de Lego. Ya que van, que la elección al menos le guste a ellos.