Los viejos rockeros nunca mueren, y las franquicias rentables siempre vuelven a la vida. Con treinta años de diferencia desde la última entrega de la saga, Mad Max: Furia en la carretera desentierra de la arena del desierto australiano la más distópica de sus historias y al más callado de sus héroes para contar una cacería que ya ha colapsado los cines en medio mundo.

La cuarta entrega de «Max el loco» —o «Locura máxima», según como queramos interpretar el título de la franquicia— se podría ubicar temporalmente justo antes del que hasta la fecha fuera el cierre de la trilogía inicial, Más allá de la Cúpula del Trueno. En esta ocasión, la película presenta un argumento bastante sencillo. Aprovechando una estratagema, Furiosa (Charlize Theron) escapa del control del malvado Immortan Joe, líder supremo de una sociedad de fanáticos llamada La Ciudadela, llevándose consigo a las esclavas sexuales del harén del villano. En cuanto detectan su huída, todas las tropas del malvado Joe se lanzan tras ella en sus vehículos motorizados, iniciando así una persecución de dos horas en la que se verá involucrado sin quererlo Max (Tom Hardy), que terminará ayudando a Furiosa y su grupo de refugiadas.

Fury Road es consciente de su acervo —repite, de hecho, con Hugh Keays-Byrne, actor que ya diera vida al villano de la primera entrega allá por 1979—, y retoma la estética visual de sus títulos ochenteros para recrear un western futurista en los páramos desérticos de algún lugar indeterminado —si bien en las primeras películas de la saga el volante a la derecha de los coches denotaban a las claras su origen, en esta ocasión se ha optado por lo contrario—. Los diálogos son escasos y altisonantes, y la fotografía se deleita entre los impresionantes efectos visuales de una persecución cargada de disparos, explosiones, polvo, gasolina y guitarras eléctricas.

Charlize Theron eclipsa por completo a Max. Su empresa de rescate ha sido etiquetada, no sin razón, como una historia de épica feminista

Aunque por estas referencias puede parecer un filme más de acción dirigido tan sólo al público que considera la saga como «de culto», lo cierto es que los giros de la historia la hacen entretenida. Los personajes, a su vez, desarrollan arcos dramáticos en su recorrido y apuntan un trasfondo que, según se desprende de las declaraciones de su creador, será explorado en futuras precuelas, valga la paradoja. De todos ellos, sin duda el que copa por completo la película es el personaje interpretado por Charlize Theron, que eclipsa por completo a Max y cuya empresa de rescate ha sido etiquetada, no sin razón, como una historia de épica feminista.

Con un universo propio, una narración cruda y sucinta, un ritmo endiablado, acción imposible y personajes arquetípicos que rozan lo tópico, Furia en la carretera se deja ver e incluso disfrutar por los profanos.