Esta noche llega a su fin la tercera temporada de Los Misterios de Laura, una de las pocas propuestas que hemos criticado positivamente en esta revista.

A la espera de saber si TVE va a tener a bien darle continuidad renovando por una cuarta temporada, vamos a repasar los ocho puntos por los que, en mi opinión, la serie ha demostrado ser superior a sus compañeras de parrilla. Ocho puntos. Como los apellidos vascos. Ahí van:

La cantera

Tenemos una excelente cantera de secundarios. Cada episodio de Los Misterios sigue más o menos la misma estructura: asesinato sucedido en extrañas circunstancias, en un entorno más o menos clausurado, y con un grupo de potenciales asesinos. Este grupo de sospechosos varía ente los cinco y los diez personajes secundarios, más o menos, por episodio. Hagan ustedes las cuentas.

No digo que sean todos igual de experimentados, igual de conocidos, igual de buenos, o merecedores de un Goya —sí, Marian Álvarez también ha sido secundaria de Los Misterios—, pero la tónica general es que, en su mayoría, todos desempeñan su papel satisfactoriamente. Y son muchos.

El humor

En Los Misterios hay humor, pero no hay parodia. No hay insultos raciales, ni expresiones soeces, ni Luismas ni Machupichus. Y oye, también es divertido. Es verdad que el personaje de la madre de Laura en ocasiones puede parecer que está un poco sobreactuado, pero es tolerable. Un personaje cómico puede estar al límite del tono sin sobrepasarlo. Los Misterios demuestran que se puede jugar al humor del malentendido, de la situación, de la confusión… son éxito. Sin necesidad de meter chistes en cada diálogo ni personajes esperpénticos.

La madurez

Laura no es ninguna jovencita. Su exmarido tampoco. Tienen niños ya bastante creciditos, han pasado un matrimonio, un divorcio… No. No son unos chavales. De hecho todos los actores del reparto principal superan los cuarenta, hasta los más jóvenes. Es más: la gran mayoría de secundarios y sospechosos con los que se va encontrando a lo largo de sus casos también rondan esa edad. O la superan.

¿Y? ¿Cuál es el problema? ¿Acaso echan de menos un protagonista más joven? ¿Hubieran preferido un plantel más treintañero? ¿Una Paula Echevarría resolviendo crímenes junto a un Miguel Ángel Silvestre? ¿Una Hiba Abouk al lado de un Álex González? ¿Una Paula Prendes con un Fran Perea? ¿Una Blanca Suárez con un Hugo Silva? Los Misterios han puesto sobre la mesa tramas protagonizadas por personajes maduros que funcionan; han introducido problemáticas que van más allá del amor imposible y, más importante si cabe, dan visibilidad a mujeres maduras en roles protagonistas, algo que, si no eres Belén Rueda, es algo bastante ausente de nuestra parrilla.

La multitrama

Tampoco hay adolescentes en Los Misterios. Ni hay niños. Los hijos de Laura tienen una presencia puntual y anecdótica, no tienen sus propias tramas ni protagonizan sus propios conflictos. No son lo importante. Los Misterios es un procedimental perfectamente fiel a su formato que demuestra precisamente eso: se puede ser fiel a un formato. Se pueden hacer productos que no respeten el clásico «para toda la familia» con tramas cruzadas entre padres, hijos, abuelos y nietos, como Vive Cantando, como Lolita… Se pueden hacer series sin meter a la fuerza la escena del desayuno de todos juntos en familia.

La audiencia

En esta tercera temporada Los Misterios ha tenido una audiencia media de unos dos millones trescientos mil espectadores. Los analistas que no sólo miren el share verán que no es poca. En mi opinión, para los números que debería manejar una cadena pública son más que suficientes para mantenerla en cartel y renovarla. Sobre todo porque es una audiencia fiel que supera la media de la cadena y que ha resistido los estrenos de El Principe y de A bailar sin inmutarse, que no es poco.

Pero no solo de números vive Laura. Los Misterios parte de una premisa muy poco usual en nuestro panorama televisivo: la audiencia es inteligente. Sí, sí. Como oyen. Los Misterios ignora por completo a la tiránica Señora de Cuenca y se dirige a una audiencia capaz de pensar y de razonar. Es más, incluso le propone a la audiencia el reto de adivinar quién es el asesino antes de que Laura descubra la pista que le da la clave —normalmente a partir de un comentario azaroso de su madre, eso sí lo debíais mirar, Javier, Carlos…— y reúna a todos los sospechosos al más puro estilo Poirot. Oigan, a mí me gusta que me consideren inteligente, no sé a ustedes.

La producción

En Los Misterios se ven los techos. Sí. Los techos. Parecerá una tontería, pero es muy importante. Hay techos, hay escenarios reales, hay fotografía, hay montaje… hay cine. No es un mero sainete frente a un decorado de cartón piedra.

Hay producción y cariño detrás. Seguimos sin tener diálogos en el interior de vehículos ni esas otras cosas tan tremendamente complejas y carísimas que hacen en televisiones de por ahí —y con el «de por ahí» no me refiero a las superpotencias seriéfilas como Estados Unidos o Reino Unido, sino a cadenas con presupuestos mucho más modestos como, por ejemplo, Dinamarca—; pero al menos encontramos lo que no hay en el resto de propuestas: exteriores controlados, iluminación y escenarios naturales… ya saben. Lo que viene siendo calidad.

Las tetas

¿He puesto «las tetas? ¡Pero si no hay! Efectivamente, querido lector o lectora. En Los Misterios no hay desnudos, ni erotismo barato ni lucimiento de cacha. Quien se espere a Paula Prendes luciendo encantos frente a una ventana desde donde se ve la catedral de La AlmudenaB&b y su «poética del desnudo»—, o a Hiba Abouk compartiendo una ducha con todos los espectadores porque síEl Príncipe y sus «exigencias de guión»— no lo va a encontrar en Los Misterios. ¿Por qué? Sencillamente porque no es necesario. No hace falta. ¿Significa eso que no hay sexo? En absoluto. Sí que hay. De hecho es una de las premisas recurrentes de la serie, tanto por parte de la propia Laura como por parte de los personajes de Martin o Lydia, los más sexualmente activos de la propuesta. El primero es un Remington Steele que prácticamente va a ligue por episodio —o eso dice—; la segunda es una mujer alfa antipática y fría que ya ha tenido, que sepamos, tres relaciones en la comisaría, entre las conocidas y las secretas. Y ni una teta, vaya; ni un tanga casual por ahí perdido, como en Supervivientes. Rompiendo tendencias en TVE, ya ven.

Los extranjeros

No sé todavía si van o no a renovar Los Misterios después del parón de dos años en que se olvidaron de la serie —sí, por eso cuando termina cada episodio ponen el copyright de TVE de 2012, no es confusión—, pero sería un tanto irónico. Sobre todo cuando el formato se está exportando a todo el mundo. Ya han firmado Italia, Holanda, algunos países de Latinoamérica, y la semana pasada iniciaron el rodaje de la versión de la NBC en Estados Unidos. Echen un ojo al tráiler de la Laura de Rusia:


De pronto tenemos una ficción que despierta el interés internacional, que tiene una audiencia fiel y que es un producto completo, y no solo lo dejamos abandonado en un cajón dos años por tema financiero sino que ahora no sabemos si debemos renovarlo o no. Ay. La crisis. Ay, esa cruel Señora de Cuenca… ♦