No puedo criticar Masterchef Junior. Lo siento. Me resulta imposible. Y mira que lo he intentado, oye. He buscado todas las maneras y formas de hacerlo. Pero nada, que no he podido.

Primero pensé atacarlo por el asunto de los niños. Esos menores expuestos al ojo público; esos padres que «vendían» la imagen de sus criaturas para publicidad patrocinio cultural de El Corte Inglés; ese Defensor del Menor con la mosca detrás de la oreja… Me pareció demasiado apocalíptico todo. El chistecillo fácil de los niños con los cuchillos me rondaba la cabeza, pero ya suponía que sería la tónica común entre los detractores del Twitter. No. No podía tirar por ahí. Me quedaba, por supuesto, la opción de cargar contra los niños pero claro, insultar a impúberes, aparte de grosero, me resultaba fuera de lugar: al fin y al cabo son niños.

Descartada esa opción, en mi ansia de criticar por criticar, pensé cargar contra el formato. El reality-concurso disfrazado de talent-show, la dureza de los jueces, el nivel de exigencia que se iba a tener con los niños… Incluso me planteé en algún momento mencionar a Bertín Osborne, para hacer más sangre. Pero tampoco me parecía la opción. ¿Debía ponerme a criticar las elaboraciones de los chavales? Ahí volvía a lo mismo: son niños. Pueden hacerlo mal, no les va el futuro profesional en ello. ¿Cómo podía criticar MasterChef Junior?

Absorto por mi afán criticón de pronto me di cuenta de que no tenía nada en contra de Masterchef Junior. De hecho, antes de haber podido verlo, debo decir que su planteamiento no solo no me molesta sino que incluso ¡me gusta! Estamos ante una propuesta que mezcla cocina y niños de una manera que, según parece, va a ser educativa, amena y divertida. Incluso diría que los niños son un público objetivo que han de tener en cuenta en el programa. ¿Hay algo de malo en ello?

Acercar la educación culinaria a los más pequeños me parece un acierto, sobre todo cuando se empaqueta con varios chefs experimentados. No hay nada de malo en que los niños sean los protagonistas, ni que se diviertan con juegos que transmiten valores como la disciplina, la responsabilidad o el trabajo en equipo. Ni mucho menos que aprendan a cocinar y a comer, especialmente teniendo en cuenta que hace varios años que la tasa de obesidad infantil en nuestro país supera a la de EEUU.

¿Es la obesidad un problema educativo? ¿tiene la televisión alguna influencia en la educación de los pequeños? ¿es un medio propicio para educar? No sé. En cualquier caso si la respuesta es afirmativa me parece que MasterChef Junior es un buen proyecto, especialmente ahora que hemos dejado de producir programas infantiles.

Sólo espero que no se convierta en un mero reclamo para engatusar a la audiencia adulta. Espero que igual que lo programan para el prime-time de La 1 y lo postergan hasta las 22:15 de la noche —¿por qué debería TVE competir en el prime-time? Bueno, eso es otro tema…— no se corten a la hora de repetirlo en Clan TVE, que para eso es. Me gustaría, si fuera posible, que la autopromoción de la casa pasase a un segundo plano —¿he visto a Águila Roja deambulando por ahí?— y, ya que me pongo a pedir, rogaría al respetable que no anduviese buscando miraditas cómplices entre Eva González y Jordi Cruz, ahora que se rumorea lo que se rumorea…