Hoy da comienzo la iniciativa de bajada de precios conocida como «Miércoles al cine», para regocijo universal.

Como seguro que ya saben, desde hoy y hasta el 15 de abril en más de 300 salas se pondrá un precio especial que variará entre los 3,90 y los 5 euros para todas las películas en cartel. Esta medida surge como iniciativa de las asociaciones de distribuidores, exhibidores y productores que tratan, según dicen, de emular el éxito de la pasada Fiesta del Cine, que llenó las salas con entradas a 2,90 euros.

Hasta aquí me parece muy bien. Siempre he defendido que el elevado precio de la entrada es una de las causas de la baja afluencia de público a las salas, recuerden mi post del solomillo. No obstante, no pensemos que esto del precio es la panacea. Hay otras causas, como la que ya mencioné del calzoncillo, la de los huevos de tortuga, o la que descubrí cuando fui a ver la última de Superman, que por mucho que lo bajen no van a lograr solventar.

Que se baje el precio del cine, aunque solo sea un día a la semana, es positivo para los espectadores. A priori parece que no hay trampa, como la que había en la Fiesta del Cine, en la que entidades «filantrópicas» como Coca Cola o El Corte Inglés financiaban parte de la entrada a cambio de los datos personales; y aparentemente, según se desprende del comunicado de FECE, la oferta afecta a todos los títulos en cartel, por lo que se acabó eso de «precio reducido salvo estrenos y películas en 3D».

Ahora bien, no nos dejemos llevar por la euforia. Esto del cine barato no responde, como afirman los patrocinadores, al éxito de la iniciativa de la Fiesta. La bajada de precios, igual que todas las bajadas de precios de todos los bienes de consumo, corresponde a la situación del mercado: si baja la demanda, baja el precio. Ni fiestas ni leches. ¿Por qué baja la demanda? Más arriba he enlazado algunos de mis razonamientos sobre el tema. Luego está el asunto de la crisis, del paro, de la precariedad laboral que tenemos encima… que claro que se nota.

Esto me lleva a un segundo razonamiento. Si recuerdan, en la dichosa Fiesta del Cine, el descuento se lo tragaban amigablemente empresas patrocinadoras. ¿Quién se lo traga ahora? Porque, como sabrán, la sala abre todos los miércoles de la promoción aunque no vaya ni el Tato —que también puede ocurrir, oiga, una tarde lluviosa de febrero y tal…— Sigue habiendo sueldos que pagar, gastos de luz, de contribución, etc. ¿Quién asume este dinero que se pierde al cobrar menos? ¿Ridley Scott? ¿Tarantino? ¿Harvey Wenstein? ¿Lars von Trier? No. Me temo que ellos siguen vendiendo sus películas al mismo precio. El descuento, como siempre, lo asumen los nuestros.

Doy por sentado que los distribuidores, exhibidores y demás implicados en la promoción hayan hecho bien sus números, porque si la oferta de dejar el cine a cuatro euros todos los miércoles del invierno va a repercutir en despidos, recortes de personal, cierre de salas y demás, creo que la medida habrá fracasado. Incluso aunque esta noche se llenen los cines y mañana los periódicos aplaudan la iniciativa.

Y me da muy mala espina, la verdad, que se haya proyectado una cosa así «solo» para los meses de invierno que, fíjense la casualidad, suelen ser tranquilitos. Una promoción que empieza después de los pepinazos de taquilla de la Navidad y que termina justo antes de que empiece la temporada de blockbusters de verano obviamente quiere sacar algún partido a la época de vacas flacas. Y me parece muy bien, oigan. Al fin y al cabo si ellos, que son los principales afectados, no hacen algo al respecto no lo va a hacer el resto de la industria. ¿O se creen que a Spielberg le preocupa el cierre de los Renoir?

A lo mejor Spielberg nos queda un poco lejos. Echo de menos oír en el debate la voz de las cadenas de televisión, que financian o apoyan numerosas producciones y tienen mucho que decir en el tema del cine; echo de menos en el debate la voz de los entes y figuras públicas, que han gravado el cine con un impuesto elevadísimo en comparación con nuestros vecinos de euro; y echo de menos la voz de los propios consumidores: parece que solo exigimos un cine más barato y más barato y más barato, mientras que en otros ámbitos sólo pedimos más goles y mejores fichajes.

Con todo esto lo que quiero decir es que me parece muy bien que se baje el precio de la entrada de cine, igual que me parece muy bien que Zara haga rebajas en enero. Ahora, estamos viviendo un proceso de cambio en los hábitos de consumo que, fíjense qué mala pata, ha coincidido con una época de recesión económica. Creo que la adaptación es la clave, y abaratar los precios soñando con que esa medida nos lleve de nuevo a la época en que se estrenaba Jurassic Park, cuando no había internet —ni smart tv, ni catálogos online de cine, ni televisiones HD de plasma…— sería caer en un grave espejismo.