Es posible encontrar en los cines no sólo una nueva obra maestra de la animación sino el adiós de uno de los directores más importantes de la historia del cine, el ilustre Hayao Miyazaki.

Un hombre que nunca ha tenido pelos en la lengua para expresar sus opiniones, que se ha mantenido firme ante sus convicciones artistas, caracterizado con una obsesión por el detalle, una imaginación desbordante, unos personajes mucho más reales y vivos que muchas películas de imagen real, unos conflictos fáciles de entender y ante todo un mensaje potente y sincero.

El viento se levanta es sin duda una de las mayores obras maestras del cineasta japonés, la película presenta todos esos elementos que han hecho grandiosa su figura y la del estudio de animación Ghibli, un largometraje sutil, valiente, lleno de alma, de sinceridad y polémico.

La película se basa en el novela corta Se levanta el viento de Tatsuo Hori y narra la vida de Jiro Horikoshi, un hombre que desde su más tierna infancia desea más que nada poder construir un avión de combate (el Zero). Sin duda es un punto de partida a priori muy poco apropiado para una película para todos los públicos y de hecho se ha tachado a la película de estar a favor de lo bélico.

No obstante si se presta la suficiente atención el espectador descubrirá que el mensaje que trata de mostrar este gurú japonés es justamente el contrario. Hayao en todas sus películas ha realizado en mundos de fantasía críticas muy duras sobre la sociedad actual, pero esta vez lo hace en el mundo real. En esta ocasión no sólo vuelve a subrayar su odio por la guerra, su protección por el medio ambiente, la búsqueda de buenos valores —sin sermonear— a través de metáforas únicamente posibles en la pantalla grande o su amor por Europa sino que además ha aprovechado su privilegiada —y merecida— posición en el cine para hacer lo que nadie hubiera aprobado en una película de animación para un público mayoritario.

Hay muchos elementos en la película que han activado las alarmas como la presencia de meretrices, que los personajes no dejen de fumar, incluso hay escenas un tanto controvertidas como aquella en la que uno de los personajes contrae tuberculosis y pueden verse los devastadores efectos de la enfermedad. Muchos pondrán el grito en el cielo ante este tipo de elementos y que no encaja en absoluto con la línea infantil del artista.

Sin embargo, Miyazaki nunca ha hecho algo puramente infantil. Siempre se ha preocupado por ofrecer obras que puedan ser disfrutadas plenamente por un público amplio independientemente de su edad. En El Viento se Levanta Miyazaki decide dar una visión más personal, oscura e incluso recuerda al «engaño» que realizó uno de sus alumnos aventajados: Hideaki Anno con su serie Neo Genesis Evangelion, que fue vendida como una serie infantil-juvenil de robots gigantes, cuando era en realidad un thriller intimista, oscuro y desgarrador que se centraba en la depresión y en los problemas mentales de sus personajes para olvidarse del componente épico de la trama.

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Aunque El viento se levanta no es un caso tan extremo, sí que se nota que hay una rotura de expectativas y hay un énfasis por mostrar la Segunda Guerra mundial con crudeza, pero sin morbo, con una magia portentosa sin traicionar la verosimilitud en la psicología de los personajes. ¿Por qué Miyazaki hace algo tan arriesgado y duro? Porque para mostrar la fascinación de un personaje cuyo sueño es crear un arma de matar hace falta tener valor, y este director ha aprovecha para hacer lo que nunca hubiera podido expresar antes sin sufrir consecuencias por parte de partidos políticos, por asociaciones de padres o por empresas tabacaleras. Miyazaki ya nos ha enamorado, ya nos ha ofrecido historias y personajes de los que todos tenemos mucho que aprender y admirar, pero esta película es un ejemplo de lo que probablemente sólo él sea capaz de hacer dentro de la animación japonesa.

En mi opinión esta película merecía a todas luces el Oscar a mejor película de animación. Si no os lo creéis id al cine para comprobarlo por vosotros mismos, un largometraje que sin duda es muy especial por lo que cuenta y por cómo lo hace, además casi nunca se estrena una película de animación japonesa en nuestro país y para rematar se despide un autor esencial para comprender y amar el buen cine. Eso sí, no esperéis un reconfortante El viaje de Chihiro o una mágica El Castillo Ambulante. Esta es una película muy personal, honesta, deliciosamente inteligente, controvertida y de una calidad magistral en todos y cada uno de sus aspectos. No gustará a todo el mundo, pero es una película imprescindible para todo ser viviente que presuma de amar el buen cine.♦