Me da mucha pereza ver series españolas. Lo confieso. Ése es el principal motivo. Pereza. Y no porque las series sean malas… En realidad es porque me terminan aburriendo. Empezar a ver cualquier serie al cabo de poco tiempo se convierte en un suplicio. Termino fulminándolas con el mando a distancia mientras reniego para mis adentros.

El primer motivo que me provoca esta incontenible pereza es la duración de los episodios. Las series, como la televisión toda ella y el mundo que le rodea, es de préstamo estadounidense. No solo no nos hemos inventado nada, sino que además hemos tomado como propios los mismos formatos: sit-com, reality… ¡incluso empleamos la nomenclatura anglosajona! Lo hemos copiado prácticamente todo, excepto la duración.

¿Por qué la sit-com en España dura lo que dura? Una comedia de situación tiene un formato y unas características clarísimas: comedia, risas enlatadas, unidad de escenario y decorados… y entre veinte y treinta minutos de duración. Así lo avalan Friends, Frasier, Big Bang, Como conocí a vuestra…, incluso Los Simpson. ¿Por qué nuestra serie Aída, que es comedia de situación familiar —igual que el Príncipe de Bel Air o Cosas de casa—, dura de media 50 minutos? ¿Por qué la desaparecida 7vidas alcanzaba también los 50? Y solo menciono los formatos «cortos», los dramas y otro tipo de series en nuestro país —y sumándole la irrespetuosa publicidad— llegan a la hora y media en cualquier cadena.

Una vez un guionista de series que no mencionaré me dio una explicación. «Todo es culpa del share», me dijo. El «share» es el cálculo de cuota de pantalla, es decir, de todos los hogares que tienen el televisor encendido, cuántos están viendo la serie. Se trata, por tanto, de un dato relativo que no mide realmente la audiencia. El caso es que, según me comentaba, pasadas las doce de la noche la gente de bien se va a la cama y apagan el televisor. Si el episodio de la serie es largo, los pocos que lo estén viendo aguantará hasta el final. Por tanto, como hay menos televisores encendidos, el share se dispara y ése es el dato que se vende a los anunciantes.

Personalmente no me lo creo. Siempre he pensado que los anunciantes —esos señores tipo Mad Men— son personas demasiado inteligentes como para dejarse engañar por el share y no mirar el rating —la verdadera cuota de pantalla: de toda la gente que tiene un televisor, cuántos lo tienen encendido y están viendo tu canal—. En cualquier caso, puede ser un motivo, quién sabe.

El caso es que, en lo que vemos un capítulo de cualquier serie española, en la cadena «de al lado» podemos trincarnos dos episodios seguidos del CSI de turno, los cuales, además, tienen otros muchos beneficios comparativamente hablando, pero eso lo dejaré para otros posts.