Los personajes de Juego de Tronos son, en general, estúpidos. Muy estúpidos. Plantean cosas que no son racionales; toman decisiones totalmente inverosímiles y se meten en jardines sin sentido. ¿Cómo pueden ser tan idiotas? Solo hay dos posibilidades. O R.R. Martin ha decidido que le gustan los personajes idiotas, que así es más fácil inventarse una historia y hacer esos giros imposibles de guión que tanto le gustan; o bien es que piensa que los idiotas somos nosotros y que no vamos a darnos cuenta.

Ejemplo #1, Robert Baratheon, Rey de los Siete Reinos: el rey Robert hace todo lo que el manual del buen usurpador dictamina que no se debe hacer. Nada más sentarse en el Trono de Hierro limpia de calaveras de dragón todo el Salón pero mantiene en la Corte a toda la camarilla de confabuladores del rey depuesto —el meñique, la araña, el gran maestre…— Poco inteligente, ¿no les parece? O sea, digo yo que ya que nos ponemos a usurpar usurpemos bien, ¿no? Es como si le arrebatamos el trono a Juan Carlos pero dejamos a Urdangarín encargado de las cosas del Pardo. ¿No les parece un poco absurdo? Pero el tema no queda ahí: ¿qué se puede esperar de un rey que ignora a sus amigos más leales y se pone de guardaespaldas a un cuñado que apodan «matarreyes»? Imaginen el momento de elegir guardaespaldas: a ver, soy el rey usurpador ¿a quién me pongo? Venga va, al cuñao, que ya ha tenido trato con reyes…

Ejemplo #2, Viserys III Targaryen, apodado el Rey Mendigo: Viserys quiere a toda costa reclamar sus derechos dinásticos sobre el Trono de Hierro. Para ello, intercambia a su hermana por el favor del Khal Drogo, un salvaje con una trenza que comanda un ejército nómada de melenudos. A los diez minutos de realizar el intercambio se pone de manifiesto que el ejército del Drogo son una panda de incompetentes que se dedican a pequeñas escaramuzas entre botellón y botellón. El caso es que, según ha ido avanzando la historia, hemos descubierto que la panda de energúmenos de Drogo no son el único ejército disponible al otro lado del mar. Es más, resulta que en el pueblo de al lado hay un ejército profesional de «inmaculados» que se vende al mejor postor. A ver, Viserys, ¿puestos a intercambiar a tu hermana por un ejército, no crees que es preferible buscar un ejército competente que te jure lealtad antes que venderte a una panda de melenudos sin ley ni orden que por no tener no tienen ni armadura?

Ejemplo #3, Eddar Stark, Guardián del Norte y señor de Invernalia: Ned es toda una referencia en lo que a estupidez se refiere. No solo abandona su condado para ocupar un puesto de funcionario en la Corte, que ya, sino que lo suyo pasa de castaño oscuro. Después de un tiempo investigando la muerte de su antecesor en el cargo descubre, fíjense qué listo, que ha sido fruto de un complot, que la corte está llena de espías y asesinos, y que le cae mal a la gente. ¡Y se queda! Y no contento con eso, descubre la trama que hay detrás de toda la historia, se da cuenta de que la reina está en el ajo y que probablemente fuera ella la que estaba detrás de todo… ¡y va y se lo dice! A ver, Eddar, querido, primero: si te ofrecen un cargo en el que hay riesgo de ser asesinado, no lo aceptes; segundo: antes que Mano de nadie eres señor de Invernalia, y eso por lo visto es un cargo vitalicio y hereditario, así que déjate de monsergas y que pongan de Mano al cuñado matarreyes —total, si ya el rey le confía su vida al nombrarlo guardaespaldas…—; es como si ahora ponen al rey Juan Carlos de secretario en el Parlamento Europeo, ¿se lo imaginan?; y tercero: si te has enterado de que Cersei es la mala ¡no corras a decírselo, hombre, que te corta la cabeza!

Ejemplo #4, Robb Stark, heredero de Invernalia: la estrategia guerrera de Robb deja mucho que desear. Vale que es un chavalín sin experiencia, pero irse de Invernalia dejando al cargo a un crío paralítico que es cuidado por una salvaje y un retrasado no es lo más inteligente. Pero bueno, el problema no es solo suyo. Toda la familia parece idiota perdida, desde la madre que opta por abandonar al hijo menor y marcharse al frente con el hijo mayor, hasta todos los portaestandartes de Invernalia, que simplemente se van a la guerra y dejan sus hogares desprotegidos así, a lo loco, como si nunca hubiéramos guerreado, oye, como si eso de construir murallas y fortalezas con almenas fuera una cosa meramente ornamental.

Ejemplos #5 y #6, los hermanos Cersei y Jaime Lannister: estos se llevan la palma. A ver, vale que tengáis una relación incestuosa. No me meto. Pero los escarceos amorosos en las torretas de una fortaleza que no es la vuestra no tiene mucho sentido. ¿Fue un calentón? ¿Fue una apuesta? ¿No podíais haber hecho lo que fuera que estuvierais haciendo en la intimidad de la cámara de la reina en vez de hacerlo por ahí? No sé, llamadme loco, pero me da que la habitación de la reina puede ser un sitio muy íntimo, ¿no? Vamos, digo yo que si la reina dice que nadie la moleste, que va a jugar al Scrable con su hermano, es palabra de reina, ¿no? Y luego lo del niño, ¿hay que cargarselo? ¿En serio? ¿No podemos decir que es un invento de la criatura… que no sabe lo que ha visto, la cabeza llena de pájaros y tal?

Así las cosas, ¿tiene sentido algo de lo que estamos viendo ahora mismo? Los personajes no parecen haber ganado en inteligencia a lo largo de la temporada. Siguen confabulando y jugando a un Juego de Tronos que parece cada vez más una colección de incongruencias. Una tras otra, una tras otra, y así.