Por suerte o por desgracia soy traductor y guionista, por lo que en el cine casi siempre estoy pendiente de los mecanismos dramáticos y lingüísticos, pero ¿qué ocurre cuando ambos se alían para arruinarte una espera de 3 años?

Soy un gran fan de Tarantino y lo primero que pienso nada más he terminado de disfrutar una de sus películas es «¿En serio tengo que esperar 3 años para deleitarme con otro peliculón de este señor de Tennessee?» De hecho antes de descubrir Los Odiosos Ocho me puse a ver las siete películas que la preceden, rememorando las virtudes y defectos de las mismas. Tras enamorarme de nuevo con su filmografía, mis ganas de descubrir una historia del oeste protagonizada por un grupo de rufianes «tarantinescos» estaban por las nubes.

La traducción de una película es una cadena laboriosa que pasa por muchas manos

Por desgracia, y tras ver las críticas tan reguleras que estaba recibiendo el western, me esperaba una especie de Death Proof 2 con la estructura de Reservoir Dogs, pero me equivoqué.  Para mí Los Odiosos Ocho es la peor película del director. Tengo que dejar claro que la película tiene virtudes portentosas, como la fantástica fotografía, la maravillosa banda sonora, unos actores estupendos y una ambientación que es una delicia.

En el apartado negativo nos encontramos con diálogos poco inspirados, personajes mediocres, un ritmo de progresión cuestionable, la violencia menos estilística y más repulsiva de toda la filmografía de Tarantino, humor cogido con pinzas… todas estas espinas producen un dolor agudo, pero la traducción nos da una de cal y otra de arena. Y en sus defectos hace que Los Odiosos Ocho sea una experiencia aún más dura.

Quiero dejar claro que no estoy culpando al traductor, porque para los que no lo sepan, la traducción de una película es una cadena laboriosa que pasa por muchas manos. Desde el propio traductor, pasando por los ajustadores o el director de doblaje, son algunos de los responsables que nos hacen llegar nuestra película favorita en nuestra lengua materna.

Si las películas de Tarantino están destinadas a una audiencia adulta ¿por qué sufrir una versión edulcorada del lenguaje soez?

Normalmente los espectadores tenemos la suerte de disfrutar de un trabajo bien hecho en nuestras salas, hay profesionales que logran adaptar a las mil maravillas largometrajes de una gran complejidad y ese es uno de los motivos por los que me escandaliza que buena parte de las películas de Tarantino no brillen a un nivel sobresaliente.

Hay dos problemas principales con la traducción de las películas de Tarantino, que también aparecen en Los Odiosos Ocho:

Uno es la desidia, un error bastante común es traducir de forma inadecuada la palabra fuck, y en especial fucking que por contexto puede ser recreada de muchas formas. Por ejemplo: dumb fuck puede ser «tonto del culo» o «tonto de los cojones»; fuck it puede ser «¡a la mierda!», «¡joder!» o «¡a tomar por culo!» entre otras posibilidades. Con fucking ocurre lo mismo, pero  —misteriosamente— se suele traducir como «jodido/a, jodidos/jodidas» sin ton ni son, una mala traducción por lo antinatural que resulta. ¿Cómo se traduciría por ejemplo fucking nigger? Algunas posibilidades serían «puto negro» o «negro de mierda» ¿pero quién dice sin aires peliculeros «jodido negro» en la calle?

Hay debate sobre este asunto (¿autocensura?), efectivamente «puto negro» o «negro de mierda» son expresiones muy fuertes, incómodas y ofensivas, pero así es fucking nigger en Estados Unidos.

Dicho esto, el empacho de «jodidos/das» está presente en casi toda las obras de Quentin, y Los Odiosos Ocho no es una excepción. Si no hay problema en mostrar cómo explota la cabeza de un vaquero ¿por qué lo hay con el lenguaje soez? Y si las películas de Tarantino están destinadas a una audiencia adulta ¿por qué debemos sufrir una versión poco natural y edulcorada del lenguaje soez?

En Los Odiosos Ocho la fugitiva que canta sobre un villano, haciendo alusión a su némesis, puede hacerlo en perfecto inglés ¡sin subtitular!

El segundo problema clave en la traducción de algunas películas de Tarantino es la concepción de que el espectador español es idiota. ¿Idiota? es una palabra fuerte, pero ese es el nivel de respeto con el que tratan al espectador.

Ya en el doblaje de Malditos Bastardos se dejaba la mítica escena de la taberna llena de nazis en perfecto español, cuando en la versión original estaban en perfecto alemán. Pobres españoles, seguro que alguno en la sala sufriría un derrame cerebral por escuchar veinte minutos en alemán con sus respectivos subtítulos. El hecho de que estos personajes hablen en alemán es capital en la historia, especialmente en una misión de infiltración ¿Y cómo se descubren los acentos de Múnich, Frankfurt y de Piz Palü de los Bastardos si no hablan en alemán?

Si hemos pagado por disfrutar de la película en nuestro idioma ¿no deberíamos tener acceso a toda la obra?

Por desgracia en Los Odiosos Ocho tenían que ir más lejos.  ¿Recordáis esos musicales en los que no se subtitulaban las canciones? Esas canciones que revelaban las motivaciones de los personajes y que desvelaban puntos argumentales. Pues señoras y señores, hemos llegado a ese nivel de ridículo.

En Los Odiosos Ocho la fugitiva que canta sobre un villano, haciendo alusión a su némesis, puede hacerlo en perfecto inglés ¡sin subtitular! No obstante cuando el horrible destino del cazarrecompensas va a ser literalmente explicado con dicha canción ¡Abracadabra! Unos mágicos y tardíos subtítulos aparecen en la segunda parte de la canción.

¿Qué tienen que hacer los espectadores que desconocen el inglés? ¿Mirar el móvil? ¿Tragar el doble de palomitas? ¿Renunciar a las comparaciones literarias del personaje de Jennifer Jason Leigh? Si hemos pagado por disfrutar de la película en nuestro idioma ¿no deberíamos tener acceso a toda la obra?

Adaptar el humor, el ritmo, la musicalidad de los diálogos, los matices de una lengua a otra es un esfuerzo titánico

A pesar de subrayar los graves defectos que tiene la traducción de Los Odiosos Ocho  también quiero dejar claro que tiene puntos brillantes. Hay muchos diálogos difíciles de traducir que se han solventado muy bien, respetando el humor y los juegos de palabras que se han plasmado bien en español. Realmente la traducción es como la propia película, llena de grandes defectos y grandes virtudes. No me extrañaría que la traducción recibiera algún premio por su creatividad, pero también tiene errores que no son baladíes, que se repiten constantemente en nuestras salas y que deben desaparecer.

Me da rabia que se hable más de un traductor cuando lo hace mal que cuando lo hace bien —parecen los árbitros del fútbol—, pero estoy hasta las narices de que obras tan importantes como las de Tarantino sean maltratadas con un trabajo a medias. Películas por las que espero una media de tres o cuatro años, para que luego acabe desilusionado.

Adaptar el humor, el ritmo, la musicalidad de los diálogos, los matices de una lengua a otra es un esfuerzo titánico

¿De quién es la culpa? Cada caso es un mundo, lo que está claro que el traductor no siempre tiene las mejores condiciones para trabajar, mucha gente cree que es algo mecánico, que Google Traducción es un milagro divino y está [claro que no].

Si se invierte tanto en publicidad ¿qué mejor promoción que hacer una traducción excepcional del producto? Traducir no es algo inconsciente, es un proceso muy complejo que depende de muchos factores, es todo un arte. Adaptar el humor, el ritmo, la musicalidad de los diálogos, los matices de una lengua a otra es un esfuerzo titánico que requiere una formación específica y un vasto conocimiento cultural y lingüístico.

Basta ya de los «jodidos» defectos de siempre y más mimo para que las traducciones sean la «puta hostia», que sean a prueba de bombas. Al fin y al cabo eso es lo que mejor va a representar a una película.