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Anoche el amigo Évole hizo la de Welles proponiendo un falso documental en el que argumentaba con declaraciones de gente seria que el 23F fue una comparsa dirigida por Garci.

Olé tú, Jordi. Un juego. Un experimento. Una tentativa arriesgada en una cadena generalista. Una iniciativa que pone a prueba la veracidad informativa de los medios de comunicación, y que hace reflexionar a los espectadores sobre la fiabilidad de aquello que les llega a través de la pequeña pantalla. Y desde el humor, claro. Ya. Mira qué bien. Oye, no pongo en duda que la premisa sea buena. Hacer reflexionar a la gente sobre la veracidad y tal… Pero la cosa no me ha terminado de gustar. ¿Por qué? Por tres motivos. Sólo tres. No más.

El primero: era en Salvados, a la hora de Salvados, realizado por el director-presentador de Salvados… y yo me esperaba un Salvados. Ya saben. Un programa de esos a los que nos tiene acostumbrados. ¿Recuerdan? Hace poco hablábamos en este mismo sitio sobre el tema. Évole fue el que preguntó a Otegui por qué no condenaba la violencia; Évole fue el que entrevistó a Julian Assange, y a Garzón, y a Cotino…; el que ponía en bretes a los políticos así, en general; el que abordó el tema de las preferentes; el que se fue hasta Finlandia para sacarnos los colores con la educación; el que desenterró el caso del accidente de metro de Valencia… Ahora Évole se metía en el 23F, con lo que hay ahí por rascar, y mira, el programa se antojaba cuanto menos interesante. Periodismo del bueno, ya ves. Sí, sí… ¡No me culpen por la candidez! Orson Welles cuando lo de La Guerra de los Mundos era un actor de Broadway, Évole decía hasta antes de ayer que era periodista.

El segundo: era el 23F. No voy a entrar a valorar si hace mucho o hace poco, si tenemos la suficiente perspectiva histórica para hablar del tema o si no. Personalmente creo que un golpe de Estado no es motivo para frivolizar. Sí, digo «frivolizar», es decir, considerar un tema como algo insustancial o sin importancia, lo cual es diferente a tomarse algo desde el humor. Lubitsch abordaba la guerra desde la comedia, pero jamás la consideró algo banal —de hecho, todo lo contrario—.

¿Es el 23F un episodio insustancial de nuestra historia? Me da que a Echanove anoche no se lo parecía:

No sé, pero las balas que se conservan en el techo del Congreso —y paredes, ojo, que hay al menos una ráfaga disparada a la altura de las cabezas de sus señorías— son reales; el miedo en la voz del locutor al que apuntaban en el momento de la retransmisión es bastante real; Felipe y Alfonso debajo de sus asientos entre disparos no parecía cosa de sainete; aquellos paisanos míos que hicieron el petate esa misma noche y cruzaron el Guadiana no se lo estaban tomando a broma precisamente. Ni mucho menos los periodistas de verdad que narraron lo que pasaba en directo sin saber siquiera si estaban hipotecándose el futuro. ¿Garci? ¿Un montaje cinematográfico? ¿En serio, Évole? Suscribo lo que dice mi amigo Antonio:

El documental ha terminado con la alusión a un extraño aparato que aparece junto al rey en el mensaje emitido tras el fallido golpe que bien puede ser un lector de teletipos, una tostadora o, como apuntaba Julián Contreras:

No se rían: han terminado poniendo el misterioso cacharro mediante fotomontaje en varias escenas del monarca en la actualidad, por hacer la gracia, claro. Lo cual me lleva al…

…tercer motivo: ha sido cutre. Sí, Jordi, lo siento. El original en el que te basaste, el francés Operación Luna, dirigido por William Karel en 2002, tenía un poquito de más enjundia que el tuyo. ¡Incluso te lo creías! Vale que has contado con la inestimable colaboración de Gabilondo, Ansón, Ónega y otros testigos, así como de imágenes de archivo y otros planos falseados. Pero no. Lo siento, pero no. Quitando a algunos quizá con ganas de creer y a los que no sabían qué era el 23F, saltaba a la vista que era una patraña desde prácticamente el comienzo.

En cualquier caso era mejor así. Al fin y al cabo la conclusión del asunto es la que el propio Évole declaraba luego por las redes: abrirnos los ojos sobre la manipulación informativa.

Con lo que a uno se le queda la cara de tonto. ¿Todo sólo para eso? ¿Y el reportaje en serio sobre el 23F, para cuándo? No os fiéis de los medios, ni de los periodistas, cabritillos, que os enseñan la patita y luego os la meten doblada. ¿Es eso, no? Porque no saco ninguna otra conclusión relevante del asunto. Eso, y que la versión que me han contado del 23F es la buena, claro, o al menos Évole no se ha esforzado lo más mínimo en desmentirla ni contrastarla. Según el documental no se puede, que los papeles están archivados y son secretos hasta 2030… ais. Y yo que te tenía por periodista, Jordi.