En su afán por aprovechar el chovinismo patrio para vender pechugas, Campofrío ha vuelto a la carga este año con el mismo leitmotiv que ya tuviera el pasado: somos cutres, pero orgullosos.

Seguro que ya lo han visto. Bajo la batuta de Icíar Bollaín, Chus Lampreave visita un mercadillo de nacionalidades con la intención de hacerse extranjera para poder decir que pertenece a un país «molón». Si no lo conocen miren, miren:

¿Cómo se quedan? Ya el año pasado dieron la nota con el anuncio de Fofito en el que hacían mofa de nuestros aeropuertos-fantasma, como si fuera cosa de risa. Que sí, que hay que ser positivo; que hay que tomarse la vida con humor, y reírse, reírse mucho. Ya. En el anuncio de este año, Lampreave lo deja bien clarito: que estamos a la cola del mundo en educación, pues ponme una caña; y donde estén Los Brincos que se quiten Los Beatles. Chovinismo del bueno, del pata negra.

En contraste tenemos nuestras grandes virtudes de este año: que nos abrazamos, que hablamos a gritos, que tenemos sentido del humor, y que los bares cierran tarde, cosa que según la argumentación del spot parece algo muy importante, probablemente más que la educación y todo. Ya saben, cosas que sólo se dan aquí… ¿Y frente a eso? Pues frente a eso, el mundo.

Últimamente, que me ha dado por ver series británicas de la ya pasada temporada como Peaky Blinders o The Fall, me encuentro muy a menudo con un cartelito que tiene su gracia. Aparece en la cabecera de muchas series como quien no quiere la cosa, en una esquinita, en una sombra en el suelo, medio escondido por ahí… y sólo tiene tres palabras: Original British Drama. Se lo repito: Original British Drama. ¿Lo han visto alguna vez?

Original British Drama

Se trata de una seña de identidad. Es un sello de calidad, pero también un emblema, una marca: Marca British. No es ninguna tontería: se trata de producciones en las que el ente público —o sea, los british de a pie— ha puesto parte del condumio, por lo que creo que no está de más que lo mencionen a modo de firma. Pero ojo, firma orgullosa, así en plan: «esto lo ha producido el pueblo británico y es cojonudo, zoquete continental o yanqui paleto, que te enteres». Casi se podría decir que es una marca tan orgullosa de su identidad como la propia Campofrío, que es española 100 % —bueno, si nos ponemos tiquismiquis, de española ya no tiene ni el nombre: Campofrío Food Group está desde el pasado lunes en manos de dos socios principales, uno Mexicano y otro Chino #hazteextranjero—.

Lo del Original British Drama me llega. Cada vez que lo veo en una pantalla española me da como cosita. Por un lado siento envidia, porque no podemos negar que las series que llevan ese orgulloso distintivo malas malas no es que sean. Por otro lado, siento rabia. ¿Por qué no podemos tener producciones así por aquí? ¿En serio creen que que nuestras producciones nacionales Isabel o Águila Roja pueden realmente compararse con las de fuera? ¿Acaso no tenemos buenos actores? ¿Acaso no tenemos buenos profesionales? ¿Acaso no tenemos geniales guionistas? ¿O es que se han ido todos a Londres?

Londres… ¡La de amigos que tengo por allí! El lema de Campofrío de este año, lo del #hazteextranjero que tanta sorna promete, no anda del todo desencaminado. Al fin y al cabo, nos estamos haciendo, poco a poco, extranjeros. Y a la fuerza, oye. Pongan la televisión un rato, a ver si encuentran algún formato que no sea exportado, alguna serie que no venga de fuera. Incluso los programas gastronómicos, tan de moda ahora, que campean por nuestra parrilla televisiva —ojo, que tenemos la mejor gastronomía del mundo después de todas las demás— son de importación. ¡Hasta el Canal Cocina está invadido por programas de la BBC/Food!

Hay excepciones, claro. No todo es prestado en nuestra producción nacional. También hemos innovado… y nuestras adaptaciones de formatos foráneos son buenas. No tenemos los trescientos cocineros de la BBC, pero hemos sabido adaptar lo que nos llega. Nuestro Top Chef no tiene nada que envidiar al original ¡Hasta lo hacemos tres veces más largo! [#ironía] Nuestras sitcom no tienen nada que envidiar a las de por ahí: donde esté Aída que se quite Big Bang Theory; donde esté Isabel que se quite Juego de Tronos [#másironía]. ¡Además hemos inventado Sálvame! [esto no es ironía, lo siento].

No es una cuestión de dinero. Sé que es la excusa de siempre, pero no. Tampoco es parte de la idiosincrasia española, de la televisión generalista familiar, de la obligada multitrama y los formatos largos. No. El tiempo entre costuras ha demostrado que tenemos capacidad para hacer una producción potente, dirigida a un target exclusivamente adulto —y mayoritariamente femenino— y ganar con la apuesta; Tu cara me suena ha demostrado que tenemos talento creativo como para diseñar un formato y exportarlo a medio mundo. Además de chorizos, jamones y bares que cierran tarde también somos capaces de hacer cosas que no tienen nada que envidiar a lo de fuera. Pero son las menos. Son la excepción.

En vez de realizar productos de calidad equiparables a los que llegan del extranjero —y enorgullecernos de ellos— va y nos dedicamos a hacer anuncios donde nos vanagloriamos de nuestra mediocridad, de lo cutrecillos que somos, de lo atrasados que estamos con respecto a nuestros vecinos… y felices y orgullosos, oye; embriagados de nuestra propia hez, igual que los gorrinos de Campofrío retozando en la cochiquera.

Mierda.