No me entero. En serio. No entiendo nada. Leo y releo, miro y remiro las noticias y sigo sin enterarme de nada de lo que está pasando en el barrio burgalés de Gamonal.

Sí, sé lo del aparcamiento, lo de los disturbios, los incidentes, los detenidos, las protestas y tal. Eso lo sé. Incluso he visto el video promocional de la obra que quieren hacer —si los vecinos les dejan—. Eso también lo sé. Lo que no me cuadra es lo que leo.

A ver. Por un lado los diarios me hablan de terribles disturbios, adornan las portadas con fotografías de contenedores ardiendo y calles levantadas, y mencionan a radicales y grupos extremistas. Por otro lado, me hablan de asociaciones de vecinos; de caceroladas pacíficas; de marchas multitudinarias y residentes bajando a la calle chocolate caliente y pasta con tomate. ¿No les parece un poco contradictorio? De hecho las dos caras de la moneda se exponen en el mismo artículo.

En otro medio de comunicación sencillamente se titula con la interrogativa de qué está ocurriendo, así, preguntándoselo, preguntándonoslo. Me llegan noticias que me resultan un tanto contradictorias: un secretario de Estado señala que hay radicales de otras regiones infiltrados entre los manifestantes de Burgos, aunque luego solo se ha detenido a residentes del barrio; se habla de protesta vecinal, pero se sacan en portada altercados violentos… ¿Pueden darse ambas situaciones a la vez? Supongo que sí. Suponía que sí. No sé.

Y no sé porque el tratamiento del asunto me parece un poco extraño. Anoche circulaba por la red este video en el que una reportera de La Sexta describe una escena de «muchísima tensión» con grupos que pasan ante la cámara con «muchísima violencia». No se lo pierdan: fíjense, si pueden, en los ancianos, en la mujer que lleva un niño de la mano, en la señora mayor que camina entre los «violentos»:

¿Les parece que lo que narra la periodista es fidedigno? ¿Consideran que hay correlación entre lo expresado por la profesional y lo que capta la cámara? ¿No les suena un discurso un poco «exagerado» en relación a las imágenes que nos transmiten? Miren este otro video que también circula por la red. En él, un espontáneo arrebata el micrófono al corresponsal para desmentir —en parte— lo que éste estaba diciendo:

Oye, que entiendo que es una situación complicada. Hay tensión, hay insultos a la policía, insultos a la prensa, bravuconadas, contenedores quemados y violencia. No lo dudo. Pero en estas imágenes… pues no. Alguna patada soltada al paso y poco más. Sí, un par de pancartas puestas delante de la cámara, un espontáneo que entra en directo… Vale, la «tensa calma» que dice el reportero y tal, pero que, en mi opinión, no dejan de sacarle los colores a la prensa. ¿Y esto por qué?

En mis años de estudiante en la Facultad de Periodismo, no recuerdo ahora mismo quién me obligó a leerme un libro de esos de corte pedante, académico y tedioso de los que los estudiantes odiábamos tanto. Se trataba de una obra del catedrático Gabriel Galdón titulada Desinformación. Ya es un clásico. El profesor resume en su primer capítulo los efectos desinformativos de los medios de comunicación en siete puntos:

1. Visión parcial y superficial de la realidad. O sea, la metáfora del iceberg: el relato de los hechos meramente visibles sin sus causas, consecuencias, contexto, significado y sentido.

2. Acumulación de hechos redundantes, homogéneos, trivializados y fragmentarios. O sea, lo que viene a ser, más o menos, la repetición una y otra vez de las mismas cantinelas aplicadas a todos los acontecimientos. Busquen la noticia de cualquier otra protesta, la que sea, frente al Congreso o en las calles de Londres, y comparen la redacción con los artículos que les he enlazado, a ver cuántas expresiones tienen en común.

3. Idolatría de la actualidad. En el primer video la reportera que presenta la «violenta» manifestación lo dice en varias ocasiones; incluso aparece sobreimpreso en pantalla: «Directo. Tensión en Gamonal». Parece que lo importante es retransmitir lo que está ocurriendo en este instante, lo de ahora, lo más inmediato… aunque sea solo un grupo de gente caminando por la calle.

4. Visión artificial de la realidad. Hay un viejo dicho: «no es noticia que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro». Es decir, se reserva lo noticioso sólo para aquello que es raro, extravagante o espectacular. Se busca la noticia con criterio mercantilista: lo emotivo, lo conflictivo, lo impactante… Y es una lástima. Sobre todo porque la prensa parece que lleva bastante ignorando el asunto. Lo tuiteaba un tal @masaenfurecida hace varios días con una tremenda ironía:

@masaenfurecida
QUEMAR CONTENEDORES NO VALE PARA NADA, LOS DOS MESES DE MULTITUDINARIAS PROTESTAS PACÍFICAS EN GAMONAL HAN SALIDO MUCHO MÁS EN LOS MEDIOS.

5. Omisiones. Consecuencia de todo lo anterior, claro. Al final, terminamos por quedarnos con lo superficial, que a su vez es lo más impactante, llamativo y actual de todo, y lo empaquetamos en una consigna repetida y trivializada mil veces. ¿Y todo lo demás? Pues debajo del agua, como la masa del iceberg.

6. Sacralización de la opinión. Este me encanta. De hecho tengo un blog dedicado a ello casi por entero: a opinar. Las opiniones interesan, por supuesto. De hecho, en ocasiones, interesan más que los datos. ¿Un análisis de tal o cuál ley recién aprobada? ¿Para qué? Anda, capta los totales de lo que dice este político, de lo que dice este otro, dos o tres opiniones de señoras caminando por la calle y ya tenemos la noticia redactada. Ea.

7. Verificación de un poder. Obviamente, la selección interesada de lo que se dice y lo que no se realiza en función de unas estructuras de poder muy bien marcadas que, de hecho, conocen muy bien su papel. Un ejemplo: ¿sabían que La Sexta, el diario La Razón y la Playboy pertenecen al mismo grupo? Lean ahora lo que expresa el profesor Galdón en la página 51 de su libro:

Para que el teatro se llene cada día es conveniente que no falten dosis de morbo y sangre y que la historia sea de buenos y malos.

Ya saben. Si queremos enterarnos de lo que ocurre, pero enterarnos de verdad, quizá lo mejor que podamos hacer sea apagar la tele y leer los pedantes libros académicos, ésos que tienen seis y siete páginas de bibliográfica al final, o no leer ni ver nada. Porque al final va a ser cierto eso que dicen que dijo Thomas Jefferson de que «el hombre que no lee nada está mejor educado que el hombre que solo lee la prensa», tú.