En esta semana hemos asistido a un estreno espectacular: Un príncipe para Corina, el date-show de moda. Para que se hagan una idea del asunto, es como un Mujeres y hombres… pero con dos diferencias: la primera es que hay una sola tronista que es protagonista indiscutible del programa y que tendrá que elegir a su príncipe azul de entre un piélago de pretendientes. La segunda diferencia es que el proceso de selección ha dejado a los musculados mozos a un lado y en su lugar han metido a lo más variopinto del frikismo nacional.

Con respecto a lo primero no hay nada nuevo. Es un formato explotado desde la remota Edad Media. De hecho, realmente no se puede decir que haya evolucionado mucho desde los tiempos de los torneos de justas, cuando el amor de la dama se jugaba a abrirle la cabeza al contrincante con una pértiga. Si bien hay que decir que en los albores del siglo XXI hemos introducido la novedad de que la dama en cuestión elija de quién quiere ser solaz y premio.

Lo segundo sí tiene su cosilla. Es cierto que estábamos un poco hartos de que realities de esta categoría se acabasen convirtiendo en el trampolín de los hipertrofiados hasta el Cielo de los bolos de discoteca. Creo que está bien que se haya incluido entre los pretendientes a gente «normal», más o menos —y en esta categoría incluyo a los que la propia web del programa tilda de nerds—. Ahora bien, es cierto que, en pos del escarnio y la bufa, también se han metido a una serie de personajes que destacan no solo por su extroversión o extravagancia, sino que son presentados con claros síntomas de cosas más graves.

En el ámbito jurídico existe un eufemismo: el incapaz. Alguien jurídicamente incapacitado —y eso debe dilucidarlo un juez—, no puede acceder a las mismas cosas y tomar las mismas decisiones que una persona no incapacitada. En el ámbito clínico existen cientos de términos médicos, retrasos, enfermedades psiquiátricas y otros problemas. ¿Qué quiero decir con esto? ¿Acaso estoy sugiriendo que los concursantes del programa de Corina son enfermos mentales? En absoluto.

No estoy diciendo que los participantes sean retrasados, estoy diciendo que así nos los presentan. Todos y cada uno de los jóvenes que han salido en el programa han sido presentados en consonancia con un montaje audiovisual destinado sencillamente a burlarse de ellos: efectos de sonido, repeticiones, redundancias, efectos visuales… Les han puesto las tomas falsas como si fueran reales; han ralentizado los tiempos para dar la impresión de que se quedaban en blanco o no comprendían las preguntas; han incidido en muecas y rostros donde aparecían como auténticos bobalicones… incluso a algunos les han puesto de acompañamiento las bandas sonoras de películas de terror como Drácula o Psicosis.

Así las cosas, ¿qué pasaría si alguno de los jóvenes que pretenden hacer pasar por tontos sufre algún tipo de retraso o enfermedad mental no diagnosticada? ¿está bien ridiculizar a alguien retrasado? Perdón, reformularé la pregunta: ¿está bien ridiculizar a alguien? A juzgar por la audiencia…