Hace cien años que se sentaron las bases del cine moderno y lo separaron definitivamente del teatro. Hasta entonces, las producciones precedentes habían cultivado lo que algunos teóricos han denominado el Modo de Representación Primitivo, desarrollado por genios como Méliès y compañía, que se fundamentaba en la lógica teatral: unidad de escena, unidad de tiempo, unidad de plano… Cuando Griffith y sus seguidores alemanes y soviéticos institucionalizaron el montaje como método narrativo dotaron al cine de una identidad propia, independiente de las demás artes. Por eso resulta enormemente llamativo que unos premios que se apellidan cinematográficos y que aspiran a valorar, según sus bases, «el mérito y la calidad de la producción cinematográfica española» se dediquen a loar todos los elementos de la industria excepto el que precisamente le confiere su identidad artística.

Ni montaje ni fotografía. Los Premios Feroz se centran en la dirección, la interpretación, música, producción y guión. O sea, en todo lo que es tradicionalmente propio del teatro. Bueno, también entra algo de la rama del diseño gráfico, pues se premia al mejor cartel. Pero para los fotógrafos y montadores nada, como si lo suyo no tuviera que ver con el cine.

Para los fotógrafos y montadores nada, como si lo suyo no tuviera que ver con el cine

Ojo, no critico la elección de los nominados ni el mérito de su trabajo, que sin duda es mucho. Critico que no se valore el trabajo de todos los demás que también contribuyen a hacer cine español, y probablemente sufriendo más penurias e invisibilidad que nadie. Porque, ¿quién conoce al director de fotografía? Si acaso sólo recuerden a Jon Díez Domínguez, y por lo del anuncio de Navidad.

Para que se hagan una idea, pues a lo mejor se les escapa quiénes son el montador y el director de fotografía, básicamente son los responsables de que las películas se vean y de cómo se vean. Bueno, se vean y se oigan. ¿Valoran el trabajo del director y de los actores? Pues sin un montador cabal no llegarían a ningún sitio. No se verían. Sí. Porque lo que ustedes ven en pantalla, lo que les llega a las retinas, es el resultado del trabajo de fotógrafos y montadores.

Claro, lo que pasa es que se suele vincular al montador y al director de fotografía con la parte técnica del asunto, no con la creativa. Engrosan ese nutrido grupo de técnicos que engloba a cámaras, electricistas, miembros de la orquesta y barrenderos; grupo donde a veces da la impresión que meten también al guionista aunque sea el único de todos que se enfrente al folio en blanco. Al montaje y a la fotografía no se le atribuye ninguna creatividad a menos que los haga el propio director, claro, porque el director sí que es artista, dónde va a parar.

Se suele vincular al montador y al director de fotografía con la parte técnica del asunto, no con la creativa

Da igual que se argumente a favor de la entidad de los fotógrafos y montadores que han sentado las bases de la Historia del Cine. Lo mismo da que se hable de Gregg Toland y de cómo tuvo un verano encerrado a Orson Welles enseñándole las urdimbres de la profesión antes de dirigir Ciudadano Kane; da igual que se mencione a Thelma Schoonmaker, montadora habitual de las películas de Scorsese y sin la que no sale de casa, o Alisa Lepselter, que ha montado todos los largometrajes de Woody Allen desde 1996. Da igual. No hay Premio Feroz para ellos, y punto. Que no los conoce nadie.

Porque a lo mejor ahí está el problema. Claro, yo me pongo y me imagino el razonamiento de mis colegas los críticos e informadores que entregan los premios. El premio «al mérito y la calidad» cinematográfica está muy bien y es muy bonito, Manolo, pero también tenemos que vender champús. Que vengan los actores, los nominados, las caras conocidas, y también algún mister sonrisa y miss pelo bonito L’orèal, que son buena percha aunque no estén nominados. Hay que incluir a los directores, of course, que son los «artistas» de la industria. No podemos dar un premio de cine sin contar con ellos. Claro, si traemos a los directores hay que meter a los productores. Vamos a tener que meter también, Manolo, a los guionistas y compositores. Ya, ya sé que no dan del todo bien en la alfombra roja, pero es que son legalmente los autores de las películas. De refilón démosle algo a los que hacen los carteles y los tráilers y eso, que no se diga que aquí no se valora la creatividad. ¿Y los montadores y directores de foto? Nada. Esos sólo hacen lo que les dicen los directores, que son los verdaderos «artistas», ya sabes. Nada, nada, que nos alargan la gala. Recuerda que somos una copia de los Globo de Oro, pero sin los once premios de la parte de televisión.

Gil Parrondo, con sus dos Oscars y sus cuatro Goyas, no tendría opción a un Feroz

Luego están todas esas categorías que tampoco consideran que tengan nada que ver con el «mérito y la calidad cinematográfica». Ya saben a cuáles me refiero: vestuario, dirección artística y demás, que tampoco tienen la ferocidad suficiente. Gil Parrondo, con sus dos Oscars y sus cuatro Goyas, no tendría opción a un Feroz. No porque no lo valga, sino porque no existe esa categoría en los premios. Esas cosas sólo las contemplan en Hollywood, que tienen mucho dinero. Aquí somos más austeros y las películas las hacen solo los directores con los actores y ya, y las venden los productores y los que hacen los tráilers y el cartel. Punto. Bueno, los guionistas también aportan «algo», y los músicos. Pero la gala cortita y con caras guapas, que hay que tener audiencia y meter publicidad, que esto del cine español ya sabemos que lo financia Gas Natural, L’orèal, el Plus, y el Cabildo de Gran Canaria, que es muy cinematográfico.