A raíz del artículo de la semana pasada No somos HBO surgió un entretenido debate tuitero con varios guionistas a tenor de la comparación que hacía entre Alatriste y cualquier serie de la televisión pública danesa. La cosa es que, mientas las danesas cuestan una media de seis millones por temporada, se comenta que Alatriste ha costado mucho más. Uno de los guionistas, acertadamente, salió al quite para puntualizar que las series de corte histórico y ambientación de época tienen, por norma general, un presupuesto más abultado. Aunque mi premisa iba dirigida más hacia la producción en sí de proyectos, independientemente del tipo de serie que se tratase, la verdad es que la corrección me llamó la atención. ¿Cuánto cuestan las series de época danesas?

Efectivamente, atendiendo a la última producción, 1864 —a la que tengo muchísimas ganas—, es verdad que el presupuesto es mucho mayor que la media. De hecho, en este caso, ha sido la mayor producción de la historia de la cadena danesa. Así las cosas, no podía quitarme el planteamiento de la cabeza: si dicen que no tenemos dinero para hacer series con el empaque que viene de fuera, y las series de época por norma general cuestan mucho más dinero… ¿por qué en España no hacemos prácticamente otra cosa que series de época?

Piénsenlo. Quitando alguna sitcom y alguna otra excepción como El Chiringuito de Pepe, B&b, Vive Cantando y alguna otra, llama la atención la cantidad de series de época que emitimos: Isabel, Águila Roja, Víctor Ros, Velvet, Amar es para siempre, El secreto de Puente Viejo, El tiempo entre costuras, Las aventuras del capitán Alatriste… Si se fijan, en la práctica Cuéntame cómo pasó es casi la serie más contemporánea del paquete de nuestra producción nacional, que pronto se verá engrosado con nuevas producciones de época como El Ministerio del Tiempo o Carlos El Emperador, sobre el monarca Carlos I —mal llamado quinto en nuestras latitudes—. ¿Por qué este dispendio? ¿No son más caras de realizar?

Es verdad que hace algún tiempo vivimos una moda de series históricas, y quizá sea cierto el argumento de que es lo que el público demanda. O no. Después de ver el éxito de El Príncipe o el Chiringuito de Pepe, o las ventas al extranjero de Los Misterios de Laura o Pulseras Rojas la cosa me hace dudar. Sin Identidad, según se comenta, está triunfando en Italia, y ni ésta ni las antes mencionadas se puede llamar «de época». ¿Son realmente lo que quiere ver el público? Vale que Juego de Tronos sea la serie más descargada del año pasado, pero la segunda en el ranking es The Walking Dead, y la tercera The Big Bang Theory. ¿Lo «de época» vende?

Si dicen que no tenemos dinero, y las series de época son más caras… ¿por qué en España no hacemos otra cosa que series de época?

Los grandes pelotazos de los daneses han sido, principalmente, por series de corte policiaco o político de rabiosa actualidad, con una fotografía y puesta en escena muy cuidada. Nada de cartón piedra ni luces de relleno en las coronillas de actores declamando en planos interminables donde no se ve un exterior real ni por mala suerte. Sí, nada de lo que hacemos aquí. ¿Será cosa de la cultura fría y ascética de Dinamarca? ¿Habrá sido la influencia del Dogma y de Lars Von Trier, que hizo sus pinitos en la televisión de los noventa?

Lauren Collins ha explicado el éxito de la ficción danesa de forma bastante clara en este artículo del New Jorker. De entrada, los daneses se fueron de excursión a Estados Unidos y copiaron el modelo de trabajo. Costó varios años implantar el sistema al estilo norteamericano, pero lo terminaron consiguiendo. En segundo lugar, una premisa muy simple: el guionista manda. Como lo oyen. Mientras que el cine es campo de directores e intérpretes, la ficción televisiva es coto de caza de los guionistas. O debería. Aquí, como se pueden imaginar, no lo es en absoluto. Si no me creen prueben a invitar a un café a algún guionista español. Prueben, prueben… ya verá lo que les cuenta.

Como he dicho al comienzo, tenía toda la razón el tuitero que me llamó la atención sobre el superior coste de las series de época. Lo que no cabe en un tuit —ni en cien— es el motivo que nos lleva a seguir invirtiendo en este tipo de series a pesar de las quejas que, cada vez más, se están oyendo frente a los cromas, las reconstrucciones digitales y los fondos artificiales. No quiero decir, por supuesto, que haya que dejar de hacer series históricas. Ahora bien, personalmente no me importaría. Prefiero una historia contemporánea bien contada, con un presupuesto bien invertido, a todos los falsos fondos de herrumbre digital. No sé tú.