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Revista de crítica audiovisual, review de cine, series y libros

Etiqueta: Amy Adams

Superman ha muerto. Viva Superman

Apenas el puntal que aportan secundarios de la talla de Jeremy Irons, Amy Adams o Diane Lane supone un asidero al que agarrarse, junto con los sutiles homenajes a las bandas sonoras de las películas de Superman y Batman de los ochenta

Título original: Justice League; Dirección: Zack Snyder; Guión: Chris Terrio, Joss Whedon (Historia: Zack Snyder, Chris Terrio); Música: Danny Elfman; Fotografía: Fabian Wagner; Reparto: Ben Affleck, Gal Gadot, Ezra Miller, Jason Momoa, Ray Fisher, Henry Cavill, Amber Heard, Amy Adams, Diane Lane

Superman ha muerto. Después de que Batman y él midieran sus fuerzas en el episodio anterior de la saga, el héroe de Krypton se inmoló para salvar a la humanidad de un nuevo peligro extraterrestre y sobrenatural. Ahora, sin el súper-hombre de la capa roja velando por la paz y la justicia, otros villanos han ido apareciendo esporádicamente como antesala de un antagonista mayor y más peligroso que los anteriores. Por ello Batman, quizá inspirado por la entrega desprendida de su antaño contrincante, o quizá motivado por el propio conocimiento de sus debilidades, decide formar una cuadrilla de superhéroes capaz de hacer frente a estos nuevos males. Para ello cuenta con la participación de la invulnerable Wonder Woman, el procaz Aquaman, un esquivo Flash y un ser híbrido entre hombre y máquina llamado Cyborg. No obstante, a pesar de las virtudes del trabajo en equipo, la liga se torna insuficiente para derrotar al nuevo demonio que amenaza a la humanidad. Tanto, de hecho, que incluso se plantean si no sería necesario intentar traer a Superman de vuelta de entre los muertos.

Con una puesta en escena que abruma por el abuso digital, la nueva entrega de la saga del Universo Cinematográfico de la factoría DC viene de nuevo a incidir en los males que parecen ser ya norma de la casa tras fiascos como El escuadrón suicida (2016) o grandilocuencias vacuas como Batman Vs Superman (2016): un villano indefinido y con motivaciones desdibujadas que casi parece trasunto de un videojuego; protagonistas que agotan su arco dramático a los pocos minutos de entrar en escena —o por la gracia pecuniaria de Bruce Wayne en el epílogo—; una peripecia basada en la acción exagerada, los puñetazos que lanzan a los contrincantes a metros de distancia, los disparos y explosiones de proporciones imposibles… Apenas el puntal que aportan secundarios de la talla de Jeremy Irons, Amy Adams o Diane Lane supone un asidero al que agarrarse, junto con los sutiles homenajes a las bandas sonoras de las películas de Superman y Batman de los ochenta.

Apenas el puntal que aportan secundarios de la talla de Jeremy Irons, Amy Adams o Diane Lane supone un asidero al que agarrarse

No obstante, no podemos eludir que la película se articula como parte de una antología. La pieza tiene relación con la entrega anterior, de la que es clara continuación, y entronca con otros títulos como la bien realizada Wonder Woman o los futuros proyectos de Aquaman, o Deadshot. En este sentido, cabría plantearse si no conviene valorar la obra en su conjunto, en cuyo caso el tono, la estética y las líneas argumentales sí presentan cierta coherencia, sobre todo de cara a los fans de los cómics, que probablemente hallen en este último trabajo de Zack Snyder las mismas virtudes de otras películas del corte dentro de la ola de cine superheroico en que nos encontramos.

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Arrival: incomunicados

Referida a la capacidad del cine para transmitir ideas simbólicas y metáforas profundas, normalmente se atribuye a Frank Capra la frase «si quieres mandar un mensaje, prueba con Western Union»….

Dirección: Denis Villeneuve; Guión: Eric Heisserer (Relato: Ted Chiang); Música: Jóhann Jóhannsson; Fotografía: Bradford Young; Reparto: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg, Mark O’Brien, Nathaly Thibault

Referida a la capacidad del cine para transmitir ideas simbólicas y metáforas profundas, normalmente se atribuye a Frank Capra la frase «si quieres mandar un mensaje, prueba con Western Union». No es que el medio no sea proclive a la disertación o el ensayo, es que cuando la finalidad lírica del asunto se hace de manera evidente, resulta a menudo chocante. En este sentido, el filme Arrival mezcla con buena praxis diferentes temas con una finalidad tan dogmática como tramposa.

Cuando diversas naves extraterrestres aparecen sobre la superficie de La Tierra en distintos continentes, los Estados Unidos recurren a una experta lingüista para que trate de establecer contacto con los alienígenas. No obstante, el resto de naciones no tienen pretensiones tan comunicativas. La falta de cohesión entre los pueblos terrícolas supondrá el principal obstáculo a la hora de afrontar una visita interestelar que no deja claro, de entrada, si es o no bienintencionada.

El filme, dirigido con trazo firme por un Denis Villeneuve inspirado, tiene en la sólida interpretación de Amy Adams su principal punto fuerte. No cabe duda de que la película, tanto por su ritmo como por su acercamiento a la tesis que plantea, recupera el tono grandilocuente que ya diera a la ciencia ficción los trabajos de Spielberg y otros allá por los ochenta —o antes—. Y, sinceramente, el filme se deja degustar con el buqué de los buenos vinos, muy lejos de la tónica últimamente habitual del género en sus propuestas, tanto las de franquicias de rápido consumo como las de operísticas resonancias interestelares.

El problema reside en la trampa, por supuesto. Para quien no haya visto el filme digamos sencillamente que el juego audiovisual tontea con la recepción por parte del espectador del relato.

Para quienes la hayan visto ya, aquí el spoiler: sencillamente, el filme juega a engañar al respetable con el antes y el después, trastocando las normas espaciotemporales que se plantean al comienzo para lograr sus pretensiones moralistas. ¡Sorpresa! El flashback es lo contrario, y Amy Adams es capaz de solucionar los problemas del presente gracias a lo que le dicen en sus ensoñaciones en el futuro. Sí. La paradoja como resolución. Y qué mal que los humanos no nos entendamos mejor, y qué coraje ella que decide tener a su hija aun conociendo el porvenir…

Sin embargo, a pesar de lo moralista del tema y lo grandilocuente y tramposo del relato, el filme está a años luz —nunca mejor dicho— de lo habitual en este palo. Y quizá sólo por eso ya merezca una loable mención en el Panteón de las buenas películas.

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Animales Nocturnos: no sabes lo que tienes hasta…

Retratadas mediante cámara lenta, varias mujeres obesas se contonean desnudas ante la cámara mientras se desglosan los créditos. Conforme se abre el contexto vamos entendiendo que se trata de una…

Título original: Nocturnal Animals Dirección y guion: Tom Ford a partir de la novela de Austin Wright Música: Abel Korzeniowski Fotografía: Seamus McGarvey Reparto: Amy Adams, Jake Gyllenhaal, Armie Hammer, Aaron Taylor-Johnson

Retratadas mediante cámara lenta, varias mujeres obesas se contonean desnudas ante la cámara mientras se desglosan los créditos. Conforme se abre el contexto vamos entendiendo que se trata de una performance llevada a cabo en una galería de arte moderno. Allí, entre copas de champagne, una multitud de sofisticados ademanes y prendas de costosa hechura contempla los retratos en movimiento mientras las propias modelos descansan físicamente su sobrepeso en actitud yacente sobre pedestales. Dos mundos, uno artificial y peripuesto que contempla la simulada muerte de otra realidad menos atractiva pero indiscutiblemente verdadera; el arte como vaso comunicante entre el refinamiento de lo prostético y la crudeza mórbida de lo real.

Susan (Amy Adams) disimula entre copa y copa su declive económico y personal. Su segundo marido se la pega con otras de manera poco disimulada; su galería de arte atraviesa penurias económicas, y la fachada de sofisticación donde vive se va convirtiendo en un cascarón vacío. Inesperadamente, recibe el manuscrito de una novela firmado por su primer exmarido (Jake Gyllenhaal), que le dedica la obra y le pide opinión. Sorprendida, comienza a leerla y pronto queda embelesada por un relato truculento que irá despertando en ella sentimientos de culpabilidad.

La historia del libro, narrada en paralelo, cuenta la violación y asesinato de una mujer y su hija pequeña en una carretera perdida al sur de Texas. El padre, mitad atormentado por no haber podido proteger a su familia y en parte henchido de deseos de venganza, iniciará la persecución de los violadores con la ayuda de un policía local. Pero eso no es lo importante. Lo importante es la presentación de un personaje duro, valiente, arrojado y capaz. Es decir, todos los atributos que Susan se negaba a reconocerle a su exmarido cuando estaban casados.

Pues, según se cuenta en flashbacks, tras el enamoramiento inicial Susan empezó a hacerle de menos. No sólo no reconocía talento en los borradores que escribía, sino que poco a poco se fue creyendo la retahíla de improperios que le dedicaba su madre y que comenzaban siempre vituperando su falta de ambición. Por supuesto, no tardó demasiado en tener una aventura con otro —precisamente con el que ahora se la está pegando a ella—, y lo abandonó de forma cruel. Pero la lectura del libro de pronto vislumbra un giro en sus percepciones; no sólo por el retrato de un héroe vengador, sino por ser la prueba fehaciente de que el exmarido, después de todo, puede que fuera un diamante por pulir.

Con un toque estilístico que va entre lo sofisticado y lo pasional, el diseñador de moda Tom Ford certifica en su segunda película su maestría cinematográfica. Mediante un relato que teje con soltura emociones internas y complejas, el director propone un diálogo maduro y sutil con una audiencia que, sin duda, no podrá apartar la mirada del filme.

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Batman Vs Superman: demasiado ruido

Si los viejos rockeros nunca mueren, los viejos superhéroes nunca dejan de ser rentables. Así lo atestigua el éxito en taquilla de la última entrega del género que tiene por…

2016, Batman v. Superman: Dawn of Justice Dirección: Zack Snyder Guión: David S. Goyer, Chris Terrio Fotografía: Larry Fong Música: Hans Zimmer, Junkie XL Reparto: Ben Affleck, Henry Cavill, Amy Adams, Jesse Eisenberg, Gal Gadot, Diane Lane, Laurence Fishburne, Jeremy Irons, Holly Hunter

2016, Batman v. Superman: Dawn of Justice Dirección: Zack Snyder Guión: David S. Goyer, Chris Terrio Fotografía: Larry Fong Música: Hans Zimmer, Junkie XL Reparto: Ben Affleck, Henry Cavill, Amy Adams, Jesse Eisenberg, Gal Gadot, Diane Lane, Laurence Fishburne, Jeremy Irons, Holly Hunter

Si los viejos rockeros nunca mueren, los viejos superhéroes nunca dejan de ser rentables. Así lo atestigua el éxito en taquilla de la última entrega del género que tiene por protagonista nada menos que a los «abuelos del rock» del mundo del cómic, Superman y Batman. Ha llovido mucho desde finales de la década de los treinta del siglo pasado, donde datan su nacimiento ambos personajes, y han sido muchas las revisiones que se han hecho, tanto entre viñetas como en el cine y la televisión, sobre ambas mitologías. Por ello no es de extrañar que haya terminando llegando a la gran pantalla el éxtasis que ya en el universo del cómic ha tenido varios tientos: el conflicto entre ambos, la pelea de un héroe contra el otro.

Zack Snyder, director que no firma el guión pero sí el argumento, plantea una premisa que pretende ahondar en la parte profunda de ambos protagonistas desde su conflicto interno. Por un lado, Superman siente sobre sus anchas espaldas la crítica de la sociedad ante su omnipotencia, su empleo megalómano de la fuerza y la ingente cantidad de víctimas colaterales que ha dejado su anterior aventura contra los kryptonianos en El hombre de acero. Por otro, un Batman avejentado y resentido, quizá, por la pérdida de su fiel compañero Robin —del que sólo vemos un traje mancillado— contempla el desastre que ha causado el héroe de la capa roja y decide concentrar sobre él toda la angustia y el odio que parece albergar en sus adentros. A esto se añade un catalizador, el joven empresario Lex Luthor, que no tendrá inconveniente en agitar el avispero.

Pese a las buenas intenciones, la película cae en una maraña de subtramas que terminan por no sostenerse. Quizá presa del sambenito de tener que ser obra fundacional de un renacido universo de cuya simiente tienen que salir continuaciones y derivaciones con nuevos personajes, o quizá por el pretendido tono grandilocuente que ha querido presentar en su complejidad, lo cierto es que finalmente la trama, aparte del enfrentamiento entre los héroes, se pierde en el sinsentido.

Nadie sabe qué gana Lex Luthor con sus maquinaciones

Nadie sabe qué gana Lex Luthor con sus maquinaciones; nadie comprende cómo puede precisamente Batman juzgar a Superman —estando él en su misma tesitura—; no se entienden los sueños premonitorios de Bruce Wayne, ni se explica que, a pesar de todo el odio y los resentimientos, baste un instante de reconocimiento para que ambos cambien por completo su carácter y pueda nacer entre ellos incluso una amistad.

No ayuda tampoco un elenco de secundarios cuyo perfil quizá no esté del todo definido. El mayordomo Alfred es un cínico aficionado al whisky que bajo su apariencia de hombre de protocolo alberga profundos conocimientos de ingeniería; Lois Lane muestra garra y entrega como periodista en busca de la noticia pero se torna completamente incompetente en cuanto surgen los problemas, y Wonder Woman sencillamente pasaba por allí. En definitiva, demasiado ruido.

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Big Eyes: la mujer invisible

Hace tiempo que Tim Burton trata de alejarse de Tim Burton, y es una lástima. En la primera escena de Big Eyes acompañamos a la protagonista en su escapada de…

Hace tiempo que Tim Burton trata de alejarse de Tim Burton, y es una lástima. En la primera escena de Big Eyes acompañamos a la protagonista en su escapada de la prototípica urbanización modular de clase media que otrora fuera laberinto para Eduardo Manostijeras, casi como si el director quisiera sentar desde la primera imagen que lo nuevo, lo de ahora, trata de huir de lo que en su día lo encumbró. Aunque la estética de su nueva película juega con un cromatismo exagerado y el tema rememora uno de los tópicos del director, lo cierto es que se queda en un realismo descafeinado carente de la magia de sus viejas producciones.

Big Eyes narra la historia real de la pintora Margaret Ulbrich quien, tras escapar con su hija pequeña de su primer marido, encuentra en las bulliciosas calles del San Francisco de los cincuenta el refugio para desarrollar su vocación artística: pintar cuadros de estilo naíf sobre niños desamparados con grandes y expresivos ojos. No tarda en encontrar al buscavidas Walter Keane, con quien se casa en un suspiro. Keane se convierte en su apellido y también en la firma de sus cuadros, lo que permite a Walter hacerse pasar por el autor de las obras y generar una fortuna con la aquiescencia de su sumisa esposa durante años.

El film sobrevuela sobre el concepto de qué es arte —en plena ebullición del movimiento Pop y el concepto Kitsch en la década de los sesenta—, si bien el conflicto principal es la paulatina invisibilización femenina en la sociedad del sueño americano. Keane acepta que su marido se lleve la gloria, además de por la recompensa económica, porque es consciente de que, en la época, el arte hecho por mujeres no se toma en serio. De cara a la galería adopta el rol de esposa complaciente que en ocasiones, «de vez en cuando», pinta; aunque la realidad es que está sometida a un ritmo de producción estajanovista. Esto la sume en una reclusión forzosa y una espiral de mentiras que poco a poco van minando su espíritu. En cuanto su marido empieza a maltratarla con amenazas y recriminaciones se divorcia de nuevo y reclama judicialmente lo que siempre ha sido suyo.

Las escenas carecen de ritmo, la interpretación se hace monótona e incluso roza la parodia en algunos momentos

La obra de Margaret Keane toca de cerca a Burton. Además de ser coleccionista confeso de sus cuadros, es sabido que llegó a encargarle a la artista un retrato de la que fuera su novia durante años, Lisa Marie. Por eso sorprende que se haya aproximado a este biopic con tanta desgana. Las escenas carecen de ritmo, la interpretación se hace monótona e incluso roza la parodia en algunos momentos. La ejecución, aunque colorista, resulta mecánica y fría. La contención de Amy Adams es digna de mención, pero no así los exagerados aspavientos de Christoph Waltz, a los que tampoco ayuda en absoluto el doblaje. El guión de Scott Alexander y Larry Karaszewski hace el esfuerzo de enfocar el conflicto desde la perspectiva femenina, pero no se acerca ni de lejos a la calidad de anteriores trabajos como Ed Wood o Man on the Moon.

En definitiva, un Tim Burton que reniega de su magia. Descafeinado de sobre.


Artículo originalmente aparecido en el semanario Tribuna Universitaria de Salamanca el 8 de enero de 2015. Leer edición impresa.

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