NOSOPRANO

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Revista de crítica audiovisual, review de cine, series y libros

Etiqueta: Fernando Navarro

Musa: versos que matan

Quienes creen en el poder de las palabras consideran que los antiguos sortilegios siguen teniendo vigencia, ya sea mediante la invocación ritual desde el altar del cordero de Dios, o aplicando la infalible cura del sana, sana recitado en la voz de una madre.

Título original: Musa; Dirección: Jaume Balagueró; Guión: Jaume Balagueró, Fernando Navarro (Novela: José Carlos Somoza); Música: Stephen Rennicks; Fotografía: Pablo Rosso; Reparto: Elliot Cowan, Franka Potente, Ana Ularu, Leonor Watling, Christopher Lloyd, Manuela Vellés, Joanne Whalley

Quienes creen en el poder de las palabras consideran que los antiguos sortilegios siguen teniendo vigencia. Ya sea mediante la invocación ritual desde el altar del cordero de Dios, o aplicando la infalible cura del sana, sana recitado en la voz de una madre, las palabras hoy día siguen manteniendo un aura mística y poderosa que, bien empleada, puede lograr conmover, emocionar, convencer o, incluso, inflamar a las masas. Bajo esta premisa, el último filme de Balagueró articula una propuesta inquietante: ¿y si las grandes obras de los poetas escondieran sortilegios olvidados? ¿Y si las musas que les inspiraron no fueran sino brujas de malévolas artes?

Samuel es un profesor de literatura en el Trinity College de Dublín. Desde que su novia se quitó la vida en su bañera viene sufriendo terribles pesadillas. En ellas, ve como una mujer desconocida es asesinada en un misterioso ritual. Consciente de la necesidad de salir de su depresión, busca consuelo en una compañera de trabajo a quien le cuenta sus horribles visiones. Pero es precisamente su compañera quien le pone en alerta: una mujer ha aparecido asesinada en las mismas circunstancias que ha visto Samuel en su sueño. Inquieto por la premonición, decide colarse en el escenario del crimen en busca de respuestas. Allí se topa con Rachel, una prostituta que también ha visto en sueños el crimen y que, al igual que él, ha decido acudir al lugar para averiguar qué sucede. Juntos descubrirán un misterioso objeto cuya posesión pondrá en peligro a sus seres más queridos, para Rachel su hijo pequeño y para Samuel su compañera de trabajo.

Coproducción entre España, Irlanda, Francia y Bélgica, y rodada en inglés, la película explora el universo misterioso que su director ha sabido plasmar en piezas anteriores, siempre rondando las veredas del terror psicológico con toques sobrenaturales. En esta ocasión, la maldad se personifica en siete musas que tanto atosigan como seducen a los artistas y que ahora persiguen alguna suerte de venganza.

Se echa en falta, no obstante, mayor dosis de misterio. La trama se solventa a fuerza de diálogos en bibliotecas, donde se le muestran al espectador los hechos consumados de lo que parece haber sido una mera investigación bibliográfica sin más. Las resoluciones se plantean como giros sobrevenidos; llaves en sobres cerrados que siempre han estado esperando, o descubrimientos sorpresivos que solucionan la papeleta de una pareja protagonista con poca química y menos encanto.

Pese a todo, la película tiene ritmo, se mueve con soltura en el suspense y plantea un misterio que gustará a los fans del género.

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Verónica: terror en el barrio

Lejos de terrores de tintes góticos y préstamos de fobias foráneas, la película de Plaza sostiene un terror sobrenatural sobre la piedra angular de lo local, lo doméstico, lo cotidiano.

Verónica

Título original: Verónica; Dirección:Paco Plaza Guión: Paco Plaza, Fernando Navarro; Música: Chucky Namanera; Fotografía: Pablo Rosso; Reparto: Sandra Escacena, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Ana Torrent

Afirma el inspector José Pedro Negri en su informe que, cuando acudieron al 8 de la calle Luis Marín de Madrid la gélida noche del 27 de noviembre de 1992, varios agentes del dispositivo pidieron salir del lugar ante la visión de varios sucesos inexplicables. Hacía poco más de un año que había muerto en extrañas circunstancias la hija mayor de la familia que residía en la casa, y que era aficionada al espiritismo. El relato de las visiones y experiencias que vivieron los agentes aquella noche constituye el único informe policial que recoge sucesos paranormales en España, y es la historia real que ha inspirado Verónica, la última película dirigida por Paco Plaza.

Aficionada al ocultismo por fascículos, Verónica, con quince años y muchas responsabilidades familiares, decide jugar a convocar a los espíritus durante un eclipse de sol. Para su ritual acude a dos compañeras de clase, y para lograr su objetivo se vale una fotografía de su difunto padre. No es raro que quiera encontrar en la ouija un pilar familiar. Su madre trabaja de sol a sol en un bar de barrio y ella está sobrepasada por llevar adelante la casa, la comida y el cole de sus tres hermanos pequeños. Pero todo termina mal. La sesión de espiritismo no se cierra como debería y Verónica vuelve al hogar con un monstruo en la mochila que no tardará en poner en peligro a los pequeños de la familia.

Probablemente la gran virtud de la última película de Paco Plaza resida en el naturalismo. Lejos de terrores de tintes góticos y préstamos de fobias foráneas, la película de Plaza sostiene un terror sobrenatural sobre la piedra angular de lo local, lo doméstico, lo cotidiano. El retrato realista de la Vallecas de comienzos de los noventa; la disección minuciosa de los desayunos de una familia de clase humilde de un bloque de barrio; la atmósfera casi palpable de una España reconocible por todos, apuntalan una película que incluso sin la trama sobrenatural bien valdría una mención de interés. La debutante Sandra Escacena se resuelve inmensa, igual que la nada desdeñable participación de los pequeños. Tanto es así que, por contraste, es la intervención de las adultas de la historia la que se antoja peliculera y hasta teatral.

Plaza teje el relato con un hilo tensado a fuerza de homenajes sutiles, discretos y bien llevados a todos los clásicos que componen el género. Desde el silente Nosferatu hasta el Quién puede matar a un niño de Ibáñez Serrador. La tensión crece paulatinamente y el terror, lejos del sobresalto tramposo, se forja a fuego lento sobre la empatía y el interés en el desarrollo dramático del trágico personaje. Una película disfrutable de principio a fin.

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Toro: western cañí

A veces al mezclar los reactivos adecuados se logra dar con la fórmula del éxito; el secreto de la Coca Cola, la crème de la crème. Otras, en cambio, se…

Dirección: Kike Maíllo Guion: Rafael Cobos, Fernando Navarro Fotografía: Arnau Valls Colomer Reparto: Mario Casas, Luis Tosar, José Sacristán, Ingrid García Jonsson, Claudia Canal, José Manuel Poga, Luichi Macías, Alberto López, Nya de la Rubia, Manuel Salas, Ignacio Herráez

Dirección: Kike Maíllo Guion: Rafael Cobos, Fernando Navarro Fotografía: Arnau Valls Colomer Reparto: Mario Casas, Luis Tosar, José Sacristán, Ingrid García Jonsson, Claudia Canal, José Manuel Poga, Luichi Macías, Alberto López, Nya de la Rubia, Manuel Salas, Ignacio Herráez

A veces al mezclar los reactivos adecuados se logra dar con la fórmula del éxito; el secreto de la Coca Cola, la crème de la crème. Otras, en cambio, se termina cayendo en el garrafón. Probablemente la obra dirigida por Kike Maíllo esté en algún lugar indeterminado entre ambos extremos. Por una parte, conjuga una trama de probada viabilidad con el sostén de intérpretes de renombre. Por otra, adereza la turbiedad del thriller con el polvo del western, el barroquismo capillita y el sonido aflamencado de Bambino en sus buenos tiempos.

Después de fracasar en su último golpe y perder a su hermano, Toro (Mario Casas) ha cumplido la mayor parte de su condena. Ahora, en régimen penitenciario abierto, trata de llevar una vida honrada de la mano de su novia. Trabaja como chófer de una empresa de transportes y regresa cada día a su celda para cumplir con los pocos meses que le restan. Sin embargo, cuando menos se lo espera, su hermano mayor López (Luis Tosar) llama a su puerta pidiéndole ayuda: el cacique local, un despótico José Sacristán, le reclama una deuda de cuatro ceros y, para asegurarse el pago, ha secuestrado a su única hija.

La premisa de esta historia, si bien presentada de manera original, se antoja del todo predecible. Estamos, por mucho que hayan tratado de disimularlo con giros de guion, ante el clásico relato del buen ladrón a quien su pasado no permite la reinserción; la historia del hermano bueno que termina pagando las cuentas del hermano malo, mezquino y traidor; la vieja narración del capo que controla los hilos con sangre y fuego. La han pintado como un thriller, pero es realmente un spaguetti western enmarcado en la costa andaluza, el desierto de Almería y la colmena urbanística de Torremolinos. Un Sin Perdón con Mario Casas en el papel del antihéroe redimido.

Pretendidamente hortera, la película conjuga bajo la estética cañí elementos tan dispares como las balas, la Semana Santa y la gasolina

Si algo destaca de Toro es su puesta en escena y su factura visual. Pretendidamente hortera, la película conjuga bajo la estética cañí elementos tan dispares como las balas, la Semana Santa y la gasolina. Los mafiosos rompen dentaduras a ritmo de fandango; el villano urde sus maquinaciones al son de corneta procesional y el protagonista se repone de su tragedia entre bocado y bocado de su tupper de tortilla de patatas. Ya los títulos de crédito lo anuncian: a cámara lenta, rosarios ensangrentados, tatuajes de amor de hermano, esclavas de plata y patillas espesas, todo entre llamaradas.

Tosar cumple con lo prometido a pesar del peluquín; Casas responde con hechuras al papel de hermano inteligente y malencarado, y Sacristán aporta el punto grotesco, con su virgen sin ojos bajo los neones fluorescentes del techo. Pero el guion es predecible y el montaje no aporta el ritmo que merecen las escenas de tensión. Una mezcla ibérica sin demasiado acierto, aunque curiosa estéticamente.

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Anacleto: en el nombre del padre

El escritor Antonio Gala ha contado alguna vez que él no supo cuánto lo quería su padre hasta sus últimos años de vida en los que, con la cabeza perdida…

Anacleto

2015. Dirección: Javier Ruiz Caldera. Guión: Pablo Alén, Breixo Corral y Fernando Navarro (personajes de Vázquez Gallego). Fotografía: Arnau Valls Colomer. Música: Javier Rodero Reparto: Quim Gutiérrez, Imanol Arias, Alexandra Jiménez, Carlos Areces, Berto Romero

El escritor Antonio Gala ha contado alguna vez que él no supo cuánto lo quería su padre hasta sus últimos años de vida en los que, con la cabeza perdida por la enfermedad, no hacía más que hablar con orgullo de su hijo sin saber que lo tenía delante; sin reconocer que era él quien le estaba cuidando. Algo parecido a ese reconocimiento sustenta la base de una película a priori tan lejana como Anacleto: la historia del reencuentro paternofilial; el reconocimiento de la verdadera naturaleza del progenitor y, en consecuencia, el descubrimiento que hace el protagonista sobre su propia identidad.

Porque, en el fondo, Anacleto es una historia del paso de la infancia a la madurez; la forja de un héroe que abandona el mundo ordinario de una vida apática e insulsa a otra cargada de emoción en compañía de un inesperado mentor. Una historia, en definitiva, de autoconocimiento y liberación empaquetada, eso sí, como una exagerada comedia.

Nadie que haya leído los tebeos de Vázquez Gallego puede aproximarse a la película esperando otra cosa que el más absoluto disparate, la más delirante parodia del mundo del espionaje.

Adolfo es un joven triste y aburrido que trabaja con su amigo de toda la vida como vigilante nocturno. El día que su novia le deja le atacan en su casa, y el joven descubre una serie de habilidades que desconocía con las que logra reducir a su agresor. Cuando atacan la masía de su padre, éste termina por contarle el secreto que le ha estado ocultando toda su vida. En vez de charcutero, Anacleto es agente secreto y corren máximo peligro: el malvado Vázquez, archienemigo de Anacleto, ha escapado de prisión y jurado vengarse de su captor.

Nadie que haya leído los tebeos de Vázquez Gallego puede aproximarse a la película esperando otra cosa

Con una premisa sencilla y una trama sin demasiadas complicaciones, Anacleto cumple lo que promete. El guión va más allá del mero chiste de diálogo, y las coreografiadas escenas de acción aportan un montaje rítmico a todo el film. Los giros, casi siempre inesperados, dinamizan una aventura trepidante protagonizada con esmero por un plantel sobresaliente en el que destacan los secundarios cómicos, en especial Alexandra Jiménez, Berto Romero y Carlos Areces junto a un Imanol Arias en un registro distinto al que nos tiene acostumbrados. La factura visual, además, es de nota.

Si se le puede encontrar alguna pega a la película dirigida por Ruiz Caldera es quizá el trazo grueso del humor, algunos chistes facilones que vienen sembrados en lo obvio, y una resolución que por típica resulta un tanto predecible. No obstante, nada de esto es óbice para que se pueda disfrutar de una parodia si acaso un punto más seria que otros trabajos anteriores del equipo como Spanish Movie o Tres Bodas de Más.

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