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Etiqueta: Greta Gerwig

Jackie: la desolación y nada más

A través de esta suerte de retazos, el filme pretende mostrar una representación fragmentaria y cubista de la primera dama más famosa de la historia —con permiso de Melania—.

Jackie

Título original Jackie Dirección: Pablo Larrain Guión: Noah Oppenheim Música: Mica Levi Fotografía: Stéphane Fontaine Reparto: Natalie Portman, Peter Sarsgaard, Billy Crudup, John Hurt Género: Drama

Enmarcado en los instantes previos y posteriores al magnicidio de Kennedy, Jackie se construye a partir de retazos en apariencia inconexos: el asesinato en sí y la organización del funeral; el entierro posterior de los hijos nonatos de la protagonista; el documental que realizó para la televisión enseñando los interiores de la Casa Blanca antes del crimen, y una entrevista novelada con un periodista después de los hechos.

A través de esta suerte de retazos, el filme pretende mostrar una representación fragmentaria y cubista de la primera dama más famosa de la historia —con permiso de Melania—. No obstante, en su afán, realmente la película termina por perfilar las múltiples facetas de una mujer en distintos grados de intimidad y bajo distintas capas de falsedad. Jackie, cigarro en mano, asegura a la prensa que no fuma; niega lo que acaba de pronunciar y escruta con denuedo las notas de los periodistas, cercenando sin conmiseración cualquier atisbo de verdad que pueda filtrarse entre las grietas del retrato que ella misma se ha encargado.

Así dispuesto, la historia reflexiona no tanto sobre la impronta del poder ni el tema femenino como acerca del eterno conflicto entre el espacio público y el entorno privado. Jackie son realmente muchas Jackies: la contumaz esposa que se lanza sobre el capó de un coche para rescatar los restos del cráneo de su marido; la madre que adorna la realidad de la muerte de cara a sus hijos; la escenógrafa preocupada por cuántos caballos llevarán el cortejo fúnebre o hacia dónde orientar la lápida de un Jefe de Estado; la presentadora de televisión empeñada en mostrar al mundo las reliquias de su casa.

El problema es que, más allá de dar vueltas sobre el mismo asunto, la película no aborda nada más. Planteada la tesis del contenido frente a la forma; de la representación frente a la realidad, la narración no se aventura más allá. Jackie entierra a su marido y se marcha a trompicones de la Casa Blanca mientras su sucesora —en un giro melodramático bastante inverosímil— elige el nuevo color de las cortinas. Punto.

Y resulta chocante, cuanto menos, no ya que el guionista y el director hayan decidido mostrar una versión a todas luces novelada de la historia, sino sencillamente que hayan optado por centrarse apenas en un instante de la que sin duda fue una vida tortuosa. Nada hay en el filme del matrimonio privado en la isla de Skorpios con uno de los hombres más ricos del mundo —a quién se dice que no amaba—; nada hay de la extravagancias de sus últimos días, ni de la tormentosa relación con sus hijastros.

En definitiva, un filme de fotografía impoluta e interpretación trabajada que muestra algunas facetas de Jacqueline Kennedy. Pero sólo algunas.

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Mistress America: mumblecore screwball comedy

Los escritores nacidos a finales de los ochenta tienen cuenta de Twitter, tablones de Pinterest, y hacen cine de bajo presupuesto. Es más, de hecho, los directores noventeros que se…

EE.UU., 2015. Dirección: Noah Baumbach. Guión: Noah Baumbach, Greta Gerwig. Música: Dean Wareham, Britta Phillips. Fotografía: Sam Levy. Reparto: Greta Gerwig, Lola Kirke, Matthew Shear, Jasmine Cephas-Jones, Heather Lind, Michael Chernus, Cindy Cheung, Kathryn Erbe, Dean Wareham

EE.UU., 2015. Dirección: Noah Baumbach. Guión: Noah Baumbach, Greta Gerwig. Música: Dean Wareham, Britta Phillips. Fotografía: Sam Levy. Reparto: Greta Gerwig, Lola Kirke, Matthew Shear, Jasmine Cephas-Jones, Heather Lind, Michael Chernus, Cindy Cheung, Kathryn Erbe, Dean Wareham

Los escritores nacidos a finales de los ochenta tienen cuenta de Twitter, tablones de Pinterest, y hacen cine de bajo presupuesto. Es más, de hecho, los directores noventeros que se pueden señalar como auténticos bohemios neoyorquinos parecen mirar con cierto desprecio el cine que no es de bajo presupuesto; que no se fundamente en la narración de historias más o menos cotidianas, más o menos de clase acomodada y más o menos triviales.

Pero esto es una generalización injusta, por supuesto, motivada simplemente por el regusto a chicle que me ha dejado Mistress America.

Tracy (Lola Kirke) es una adolescente que está afrontando un cambio fundamental en su vida: comienza la universidad en Nueva York. Perdida y sin saber realmente quién es y quién quiere ser, el encuentro con la hija del prometido de su madre —su futura hermanastra Brooke (Greta Gerwig)— le provoca una fascinación que articulará su relato existencial. El aprendizaje vital y el derrumbe de los propios referentes supone para ella un paso hacia una madurez que en realidad siempre ha tenido. Pero, por algún extraño motivo, el conflicto que ocupa más tiempo en pantalla es el que atormenta a la otra.

Se habla mucho, y con razón, de Greta Gerwig que, además de coprotagonizar la historia, firma el guión junto a su pareja en la vida real Noah Baumbach. Ambos son algo así como dos niños prodigio de la nueva ola del cine indie denominada mumblecore. Empleando un símil personal e intransferible, el mumblecore es básicamente —o eso me parece— como intentar hacer lo que hacía Woody Allen, pero sin presupuesto. Gerwig, que ya trabajó con el maestro en uno de sus últimos catálogos turísticos, se adscribió al movimiento en sus inicios estando todavía estudiando en la universidad, y quizá sea ese punto de realismo autobiográfico el que ha provocado que termine particularmente más sorprendido con el personaje interpretado por Lola Kirke que, en mi opinión, eclipsa por completo a su partenaire en la ficción.

La obra, demasiado autoconsciente para mi gusto, plantea una situación divertida que poco a poco va perdiéndose en la hilaridad y lo estrambótico. Brooke rompe con su pareja y pierde el aval que tenía para montar un restaurante «cuqui» en Nueva York, por lo que decide hacer de tripas corazón y pedirle ayuda económica a su ex mientras su futura hermanastra, fascinada, se dedica a mirarla y a robarle el espíritu para convertirla en musa de su primer relato literario. Ambas rompen por una traición-pellizco-de-monja que por lo visto supone un cisma insalvable entre ellas pero que, como todos esperábamos, provoca el autoconocimiento que necesita la universitaria para encontrarse a sí misma.

Con un discurso muy pagado de sí mismo, la obra  pretende ser irónica, pretende ser divertida y pretende ser inteligente

Con un discurso muy pagado de sí mismo, la obra quiere jugar con su propio artificio planteando un diálogo con el espectador que pretende ser irónico, pretende ser divertido y pretende ser inteligente. No obstante termina resultando petulante. El drama de la supuesta protagonista se desdibuja frente al pequeño conflicto de la secundaria, que es el que termina motivando la trama, en un desarrollo dialogado que probablemente ganase, por lo irreal, sobre las tablas de un escenario.

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