NOSOPRANO

NOSOPRANO

Revista de crítica audiovisual, review de cine, series y libros

Etiqueta: Josh Brolin

Deadpool 2: la sátira como estertor

Traumatizado y perseguido, el superhéroe Deadpool es definitivamente capturado y puesto en aislamiento con un collar que inhibe sus poderes regeneradores, por lo que el cáncer masivo que sufre comienza…

Deadpool

Título original: Deadpool 2; Dirección: David Leitch; Guión: Rhett Reese, Paul Wernick, Ryan Reynolds (Cómic: Rob Liefeld, Fabian Nicieza);Música: Tyler Bates; Fotografía: Jonathan Sela; Reparto: Ryan Reynolds, Josh Brolin, Zazie Beetz, Morena Baccarin,

Traumatizado y perseguido, el superhéroe Deadpool es definitivamente capturado y puesto en aislamiento con un collar que inhibe sus poderes regeneradores, por lo que el cáncer masivo que sufre comienza a hacer mella en su salud. Durante su cautiverio comparte celda con un niño mutante que tiene un problema de sobrepeso y de autoestima que lo está volviendo cada vez más inestable —y más peligroso—. Tanto es así que, al igual que sucede en otras sagas, de pronto irrumpe un villano intertemporal con la intención de matar al impúber ahora antes de que pueda causar mayores daños. Este viajero en el tiempo, que responde al nombre de Cable, tratará por todos los medios de llevarse por delante al muchacho. Pero Deadpool no está dispuesto a permitirlo. Así, una vez recuperados sus poderes, intentará conformar un nuevo grupo de mutantes que le ayude a salvar al pequeño tanto de Cable como de sí mismo. O algo así más o menos.

Sí. Más o menos. Pues la película, como ya sucediera con su antecesora, navega entre la sátira y la parodia argumental. Su desarrollo, aunque más o menos bosquejado sobre una trama reconocible, sigue una deriva casi improvisada que va de lo caótico a lo estrafalario. No se puede —o no se debe— tratar de encontrarle ni sentido ni respeto hacia nada, ni siquiera la diégesis ni la suspensión de la incredulidad del espectador. Deadpool encadena un chiste tras otro, rompiendo a placer la cuarta pared o haciendo bromas metatextuales. Él mismo es el primero en criticar la desidia de los guionistas —entre los que está el propio actor protagonista—; él mismo se encarga de vapulear a productores y creadores de toda la industria comiquera; él mismo se mofa de sí, de su género y de la fiebre superhéroica en la que estamos viviendo y, como los bufones en la Edad Media, él mismo expone bajo la capa de lo chistoso las crudas verdades de lo que representa.

Dicen que los géneros cinematográficos empiezan a dar síntomas de agotamiento cuando se derivan hacia la amargura crepuscular o hacia la parodia de sí mismos

Dicen que los géneros cinematográficos empiezan a dar síntomas de agotamiento cuando se derivan hacia la amargura crepuscular o hacia la parodia de sí mismos, y no olvidemos que hace menos de un mes que Los Vengadores Infinity War doblegaban la pantalla con una historia de tintes negativos. Deadpool, en su cachondeo, refresca los panteones de superhéroes al tiempo que los banaliza y pervierte, y quizá esto suponga, definitivamente, el comienzo del fin de una etapa cinematográfica que nos ha dejado a los espectadores un puñado de buenas películas, y a los realizadores un récord de taquilla tras otro.

En cualquier caso, se trata de un film cuyo malintencionado y soez humor es muy disfrutable; especialmente si se va al cine con la intención de no pensar demasiado.

No hay comentarios en Deadpool 2: la sátira como estertor

Vengadores Infinity War: diamantes para la eternidad

La última entrega de la factoría Marvel es el destino donde confluyen los dieciocho filmes que, desde hace una década, vienen conformando el que probablemente sea el canon cinematográfico más…

Título original: Avengers: Infinity War; Dirección: Anthony Russo, Joe Russo; Guión: Christopher Markus, Stephen McFeely (Cómic: Jack Kirby, Jim Starlin);Música: Alan Silvestri; Fotografía: Trent Opaloch; Reparto: Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Benedict Cumberbatch, Chris Evans,Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Chris Pratt, Tom Holland, Josh Brolin,Elizabeth Olsen

La última entrega de la factoría Marvel es el destino donde confluyen los dieciocho filmes que, desde hace una década, vienen conformando el que probablemente sea el canon cinematográfico más taquillero de la historia. También es el eje que da inicio a una nueva continuidad de anunciados estrenos probablemente igual de taquilleros. No solo se trata del título donde cruzan sus tramas todas las piezas individuales que han ido escalando en taquilla año tras año, también es la clave de bóveda donde se unen las sagas que han conformado el complejo tapiz de superhéroes: Iron Man, Capitán América, Hulk, Thor, Spiderman, Doctor Strange, Guardianes de la Galaxia y el resto de secundarios de Los Vengadores uno y dos, además de la recientemente estrenada Black Panther.

El hilo conductor que permite la conjunción de tan diversos y dispares elementos son las llamadas «gemas del infinito», excusa dramática que ha ido salpimentando las entregas previas con mayor o menor relevancia. Según la historia, el malvado Thanos, hercúleo villano de tez morada y gigantes proporciones, ansía poseer las cinco gemas que andan desperdigadas por el universo para provocar una hecatombe que dé al traste con la mitad de la vida en el cosmos. Se trata de una empresa que lleva tiempo intentando —varias películas— a través de sus secuaces, pero la incompetencia de éstos han terminado provocando que opte él personalmente por hacerse cargo del asunto.

Por supuesto, la facilidad con la que cada gema cae en sus malvadas manos resulta tan pasmosa que hasta roza el despropósito. Alguna de ellas, que antaño inspiraron películas completas, son tomadas por el villano directamente en off. Alguna otra, perdida hace eones, simplemente aparece en su camino de la mano de algún fortuito cameo. Pocas son las que tiene que pelear y, en cualquier caso, tampoco es eso lo realmente importante.

La facilidad con la que cada gema cae en sus malvadas manos resulta tan pasmosa que hasta roza el despropósito

Porque si algo interesa al público que ha roto los records de taquilla en su primer fin de semana de estreno son fundamentalmente los cruces dramáticos entre unos héroes y otros. Iron Man salvando al Doctor Strange; Thor aventurándose en el espacio con el mapache de los Guardianes; Hulk peleando mano a mano con el Soldado de Invierno y todas las huestes de Wakanda. La mixtura, la amalgama.

El filme teje a la perfección el choque entre caracteres y hace las delicias de los iniciados. Aquellos que, por contra, se acerquen de nuevas al relato se sentirán irremediablemente defraudados, como invitados a una fiesta donde no conocen a nadie.

No hay comentarios en Vengadores Infinity War: diamantes para la eternidad

¡Ave César!: Risas por compromiso

La llegada a cartel de cualquier película de los hermanos Coen promete de primeras una visión al tiempo ácida y crítica del tema que aborden. Su visión del mundo sugiere…

AveCesar

Título original: Hail, Caesar! Dirección y guión: Joel Coen, Ethan Coen Fotografía: Roger Deakins Música: Carter Burwell Reparto: Josh Brolin, George Clooney, Ralph Fiennes, Tilda Swinton, Channing Tatum, Scarlett Johansson, Alden Ehrenreich, Frances McDormand

La llegada a cartel de cualquier película de los hermanos Coen promete de primeras una visión al tiempo ácida y crítica del tema que aborden. Su visión del mundo sugiere un tono irredento y procaz que suele ser capaz de retratar con sorna realidades a menudo crudas, esquivas o polémicas. En esta ocasión giran su foco hacia el Hollywood bienpensante de los cincuenta dispuestos a no dejar títere con cabeza, si bien el resultado les ha quedado descafeinado.

Con un reparto repleto de rostros conocidos, ¡Ave César! nos pone en la piel del jefe de un gran estudio en el Hollywood de plena Guerra Fría. Se retrata una época «dorada», como tantas otras, de la Meca del Cine que ve con temor cómo el avance de los tiempos cuestiona su subsistencia. La televisión ha irrumpido en los hogares estadounidenses acrecentando en la industria un miedo equiparable al que siente toda la nación hacia el enemigo soviético. Esto ha motivado la necesaria producción de grandes, muy grandes películas: apoteósicos péplum de gigantescos decorados, sorprendentes coreografías subacuáticas, melodramas de alto copete para lucimiento del star-system y musicales de salón alternados con la rentable serie B de indios y vaqueros acrobáticos. El protagonista, interpretado por un aséptico Josh Brolin, dirige el caos en un instante conflictivo por diversos motivos de prácticamente igual importancia: está dejando de fumar, le han ofrecido un empleo mucho mejor pagado en la industria aeronáutica y un grupo de guionistas, exaltados por el comunismo, ha secuestrado a la principal estrella del estudio.

El habitual tono ácido de los Coen se torna más ácido aun al mirar hacia la hipocresía de uno de los momentos históricos aparentemente más vergonzantes de la industria. El filme juega con la oposición de contrarios para remarcar la doble moral y la falta de escrúpulos de una época que no debió alejarse demasiado de lo que se parodia en pantalla. La visita diaria matinal al confesionario para por las noches amañar algún matrimonio concertado que justifique el repentino embarazo de alguna actriz; el debate teológico con sacerdotes y rabinos sobre la conveniencia de la próxima producción bíblica mientras se orquesta la ocultación de los escarceos homosexuales de su protagonista; el éxtasis de la lucha comunista materializada (no podía ser de otro modo viniendo de los Coen) en un maletín lleno de dinero…

Situaciones paródicas hiladas sin demasiada continuidad entre ellas que no terminan de cuajar en la carcajada

El humor, no obstante, resulta forzado en una sucesión de gags que no se ven acompañados por una trama potente —de hecho, el conflicto se antoja francamente esquivo—. La película parece una recopilación de situaciones paródicas hiladas sin demasiada continuidad entre ellas que no terminan de cuajar en la carcajada del respetable, que ofrece si acaso una media sonrisa de compromiso, principalmente por eso de que son los Coen.

No hay comentarios en ¡Ave César!: Risas por compromiso

Everest: perseguir la ballena blanca

«La perseguiré al otro lado del cabo de Buena Esperanza, y del cabo de Hornos y del Maelstron noruego, y de las llamas de la condenación. Para esto os habéis…

Everest

2015. Dirección: Baltasar Kormákur Guión: William Nicholson y Simon Beaufoy Fotografía: Salvatore Totino Música: Dario Marianelli Reparto: Jason Clarke, Josh Brolin, Jake Gyllenhaal, Emily Watson, Keira Knightley

«La perseguiré al otro lado del cabo de Buena Esperanza, y del cabo de Hornos y del Maelstron noruego, y de las llamas de la condenación. Para esto os habéis embarcado, hombres, para perseguir a esta ballena blanca por los dos lados de la costa y por todos los lados de la Tierra», decía el Capitán Ahab desde lo alto del alcázar a la tripulación que estaba a punto de condenar. Las palabras, sin embargo, salieron de la pluma de Herman Melville allá por el siglo XIX, en esa fábula contra los desmanes de la obsesión que supone Moby-Dick. En cierta forma, Everest retrata la misma obsesión y el mismo destino, pero en esta ocasión apelando a los hechos reales acontecidos en la cima del Mundo la trágica primavera de 1996.

La película dirigida por Baltasar Kormákur se ubica en el periodo en que escalar la montaña más alta se había convertido, además del reto supremo de los montañeros, en un pasatiempo para millonarios. Fueron numerosas las empresas que organizaban «excursiones» a la preciada cima, colocando para ello facilidades tales como cuerdas fijas o escaleras que permitieran un ascenso relativamente cómodo para quienes pudieran costeárselo. La historia nos pone en la piel del gerente de una de estas empresas en su afán por llevar a un grupo de clientes a lo más alto, y relata cómo su excesiva indulgencia y los caprichos del clima llevan su expedición a la catástrofe.

La realización, sin embargo, se queda corta al trazar la supuesta épica de una gesta a la que en nada ayuda un guión descafeinado. La empatía con los protagonistas es prácticamente nula, y el relato carece realmente de un conflicto potente que lleve a los espectadores al nivel de tensión que se le presupone. Sólo al final, cuando la montaña desata sus fuerzas, contemplamos el atisbo de una historia que gana en interés cuando toman el protagonismo los intentos de rescate y la lucha, no ya por coronar la cima sino por sobrevivir.

Se salvan de la quema los magníficos planos aéreos y la fotografía de uno de los emplazamientos más hermosos del planeta. Filmada en parte en los escenarios reales, esta superproducción sufrió en sus carnes las inclemencias de un rodaje sumamente complejo: entre ascenso y descenso en helicóptero todo el equipo sufrió el mal de altura propio de los escaladores; los actores estuvieron al borde de la congelación en algunas escenas, y pequeñas avalanchas sepultaron el set en varias ocasiones. Destacan, igualmente, las interpretaciones de Jake Gyllenhaal y de Emily Watson, quien la semana pasada fue galardonada con el Premio Donostia a toda su carrera en el Festival de San Sebastián. Lástima que su aportación se quede en el ámbito de los secundarios y no entre el elenco de protagonistas.

No hay comentarios en Everest: perseguir la ballena blanca

Type on the field below and hit Enter/Return to search