NOSOPRANO

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Etiqueta: Michael Fassbender

Alien Covenant: experimento genético de predecible resultado

Después de resultar dañada en una tormenta espacial, los tripulantes de la nave colonizadora Covenant abandonan su sueño criogénico para encontrarse por azar con una canción de John Denver en…

Título original: Alien Covenant; Dirección: Ridley Scott; Guión: John Logan, Dante Harper, Jack Paglen, Michael Green; Música: Jed Kurzel; Fotografía: Dariusz Wolski; Reparto: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demián Bichir, Danny McBride, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Guy Pearce, Noomi Rapace, James Franco

Después de resultar dañada en una tormenta espacial, los tripulantes de la nave colonizadora Covenant abandonan su sueño criogénico para encontrarse por azar con una canción de John Denver en pleno espacio sideral. Alertados por lo inesperado del descubrimiento, deciden poner rumbo hacia un planeta que por gracia de los guionistas resulta que no aparecía en las cartas de navegación estelares.

Tras aterrizar y descubrir un hábitat perfectamente colonizable, hallan casi por casualidad dos elementos sorprendentes: por un lado, una nave estrellada en medio de la nada con vestigios de humanidad en su interior; por otro, una espora maligna que terminará por contaminarlos y hacerles enfermar. Por suerte, aparece de entre las sombras un rostro conocido que promete echarles un cable en sus pesares y que, sin embargo, se ve de lejos que calla más de lo que cuenta.

Covenant no es ni por asomo un filme perfecto, si bien la resolución y el acabado resultan de mucho mejor gusto estilístico y narrativo que el fiasco de su antecesor Prometheus. Sin entrar en demasiadas diatribas filosóficas y teológicas, esta nueva entrega de lo que parece que será un piélago de precuelas aporta toda la acción y auto-homenajes que no aportaba la entrega anterior. Eso sí, muy lejos todavía de la claustrofóbica inquietud que procuraba la película fundacional de la saga.

El xenomorfo original regresa, por fin, a la gran pantalla bajo la batuta de su director primigenio, y de la mano, eso sí, de una suerte de villano intergaláctico que parece aportar el nietzchiano ímpetu de quien trata de matar a su creador. De nuevo una protagonista femenina deberá hacer frente a la bestia en sus diversas formas, armada con una recortada y sin más ayuda que la de un esquivo androide. Y de nuevo, cómo no, el alien más discreto —a pesar de su tamaño—, se ocultará en los recovecos más oscuros de la nave de turno en el planeta que toque.

De nuevo una protagonista femenina deberá hacer frente a la bestia en sus diversas formas, armada con una recortada y sin más ayuda que la de un esquivo androide

El problema, no obstante, es que todo lo mencionado se resuelve en tan sólo diez o quince minutos. El resto del relato se sumerge en una suerte de deriva explicatoria que poco tiene que ver con la tónica habitual de la saga. Los instantes de reconocimiento y aceptación entre ambos androides, flauta de por medio, así como los vaivenes de ritmo derivados de un malvado que sobre-explica en cuanto puede sus más funestos planes, lastran un poco una propuesta que, a pesar de todo, parece pensada más como desagravio con los fans por el desaguisado de la última que con la pretensión de volver a hacer, como antaño, sencillamente buenas películas.

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La luz entre los océanos: drama exacerbado

Casi parece una constante la historia de los soldados que, después de haber vivido los horrores de la guerra, optan por exiliarse a algún lugar recóndito y solitario donde poder…

**Título original** The Light Between Oceans **Dirección y guion**: Derek Cianfrance (Novela: M.L. Stedman) **Música**: Alexandre Desplat
**Fotografía**: Adam Arkapaw **Reparto**: Michael Fassbender, Alicia Vikander, Rachel Weisz, Bryan Brown

Casi parece una constante la historia de los soldados que, después de haber vivido los horrores de la guerra, optan por exiliarse a algún lugar recóndito y solitario donde poder bregar con sus demonios internos. Es común que, en su huída, estos protagonistas terminen encontrando el amor y que, de algún modo, la muerte consiga darles alcance.

El filme de Cianfrance presenta, efectivamente, una historia de amor y de muerte. Amor en sus sentidos posibles: el amor romántico y el amor filial, inconmensurable e irrompible, que se asocia a la maternidad. Y muerte como antesala de la tragedia que sumerge a sus protagonistas en una espiral donde tendrán que medir su felicidad bajo el yugo de sus propias conciencias.

Tras alumbrar a dos bebés prematuros que nacieron muertos, la esposa del farero se hunde en la desesperación. Por ello, cuando un bote a la deriva lleva hasta la isla del faro una niña de apenas meses junto al cadáver de su padre, no duda en tomarla como si fuera suya. Su esposo, veterano de la Primera Guerra Mundial, ha visto tanto y con tanta crudeza que no presenta demasiados reparos a la hora de esconder el cadáver y fingirse padre de la criatura, a la que de hecho terminará considerando igualmente suya. Pero cuando descubre, en el pueblo, a la verdadera madre de la niña cantándole nanas a una tumba vacía, su moral y su conciencia empiezan a torturarle.

Narrada con la grandilocuencia propia de los melodramas de pasión desmedida, la adaptación de Derek Cianfrance de la novela de M.L. Stedman parece querer abarcar solo con imágenes lo que sin duda es en gran medida una narración interior. Afortunadamente cuenta con el apoyo de un Fassbender inspirado en la mesura de sus ademanes de hombre rudo, y una Vikander que es capaz de transmitir apenas con una mirada un catálogo completo de emociones y matices. Rachel Weisz, frente a esto, defiende el que probablemente sea el más complejo de los roles, el de la madre biológica incapaz de olvidar ni de perdonar.

El problema, más que en la entrega emocional de los actores —sobre todo de Vikander—, reside quizá en el exceso narrativo. Con una premisa sin duda muy potente, sorprende que los personajes se muevan por razones a menudo del todo ilógicas y carentes de sentido, desde el propio farero atormentado hasta la mismísima madre real de la niña.

Con todo, la química de la pareja —lo son en la vida real—, y la diatriba moral por parte de todos los personajes del filme, asegurarán las lágrimas de todos los que se acerquen a la obra con la inequívoca intención de dejarse emocionar. Eso sí, a los demás probablemente no les dirá gran cosa.

 

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X-Men Apocalypse: becarios para salvar al Mundo

Si por algo va a pasar a la historia el 2016 en el universo de los superhéroes es por ser el año de las disputas internas. Ya sea el rifirrafe…

Dirección: Bryan Singer Guion: Simon Kinberg (Historia: Mike Dougherty, Dan Harris, Bryan Singer, Simon Kinberg) Música: John Ottman Fotografía: Newton Thomas Sigel Reparto: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Oscar Isaac, Rose Byrne, Evan Peters, Sophie Turner

Dirección: Bryan Singer Guion: Simon Kinberg (Historia: Mike Dougherty, Dan Harris, Bryan Singer, Simon Kinberg) Música: John Ottman Fotografía: Newton Thomas Sigel Reparto: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Oscar Isaac, Rose Byrne, Evan Peters, Sophie Turner

Si por algo va a pasar a la historia el 2016 en el universo de los superhéroes es por ser el año de las disputas internas. Ya sea el rifirrafe de Batman contra Superman, o la disputa que desata la guerra entre el Capitán América y su viejo amigo Iron Man, lo cierto es que parece que este año la cosa de va de conflictos fraternales entre los guardianes de la paz y la justicia. Ahora se suma a la lista la última entrega de X-Men, si bien en esta podemos hacer una llamada de atención: de todos los géneros superheróicos, los mutantes siempre parecen haber estado reñidos entre ellos.

Después de miles de años de hibernación, el primer mutante vuelve a la vida para descubrir que aquellos que él considera inferiores —la humanidad— han terminado gobernando el planeta. Decidido a poner una solución drástica a lo que a sus ojos es un grave problema, recluta a los primeros cuatro mutantes que se encuentra en su camino con la nada despreciable misión de destruirlo todo, absolutamente todo. Entre los reclutas encontrará en el conocido Magneto un aliado de potente poderío, y esto pone en alerta a la cuadrilla que comanda el profesor Xavier. Cuando el villano y sus cuatro esbirros secuestren al telépata para aprovechar sus indudables dones, los alumnos del profesor deberán enfrentarse a ellos sin tener del todo dominados sus poderes y con el planeta entero en juego.

Dejando aparte varias escenas que, por lo vistoso de sus efectos, se hacen interesantes de ver —como por ejemplo la secuencia de tiempo congelado al ritmo de Eurythmics— lo cierto es que la película no parece estar al nivel de sus antecesoras. Con un guion que cae en el sinsentido, y una ejecución de más de dos horas que suena a impostada en algunos momentos a la par que predecible, la obra aburre más que entretiene. A diferencia de sus predecesoras, donde el planteamiento incluso se sumergía en temas de calado, en esta ocasión la lectura se antoja más superficial.

La irrupción de Lobezno, cacareada desde los trailers, atenta directamente contra lo presentado en las primeras ediciones

Sin embargo, lo más llamativo de la nueva generación de superhéroes que conforman la patrulla mutante es la traición no ya a su fuente original en las viñetas, sino la transgresión al propio universo fílmico. La irrupción de Lobezno, cacareada desde los trailers, atenta directamente contra lo presentado en las primeras ediciones de la saga —a la sazón llevadas a la pantalla por el mismo director—.

En todo caso, se trata de una de esas películas realizadas por y para los fans de las entregas anteriores que tienen la virtud de incluir en su reparto a intérpretes de la talla de McAvoy, Fassbender o la cuatro veces nominada a los Óscars —y ganadora de uno— Jennifer Lawrence. Sin duda, el gran atractivo de la película.

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Macbeth: estrés postraumático

Según ha comentado en varias ocasiones Michael Fassbender, el actor que da vida al clásico de Shakespeare, Macbeth no es más que un soldado que acusa los problemas derivados del…

2015. Director: Justin Kurzel. Guión: Jacob Koskoff, Michael Lesslie, Todd Louiso (basado en el texto de Shakespeare). Reparto: Michael Fassbender, Marion Cotillard, Paddy Considine, Lochlann Harris

2015. Director: Justin Kurzel. Guión: Jacob Koskoff, Michael Lesslie, Todd Louiso (basado en el texto de Shakespeare). Reparto: Michael Fassbender, Marion Cotillard, Paddy Considine, Lochlann Harris

Según ha comentado en varias ocasiones Michael Fassbender, el actor que da vida al clásico de Shakespeare, Macbeth no es más que un soldado que acusa los problemas derivados del trastorno por estrés postraumático propio de los veteranos de guerra, unidos a una ambición exacerbada y espoleada, si puede decirse así, por su esposa. Tal vez por ello su interpretación del clásico haya tirado más hacia la locura y menos hacia el sentido último que, en mi opinión, sí tiene el texto shakesperiano: la ambición y la culpa.

Como seguro que sabrán, el filme quiere reflejar con bastante fidelidad el texto original. Después de una batalla, a Macbeth tres brujas le vaticinan que será investido con diversos honores y que, posteriormente, será rey de Escocia. Al ver que tales profecías se van cumpliendo, y acuciado por el plan malévolo que ha tramado su esposa, Macbeth asesina al actual rey para heredar el trono. No obstante, a un compañero de armas las brujas le vaticinan algo diferente: será ascendiente de reyes. Temeroso de que el hijo de su compañero pueda llegar a arrebatarle su sangriento trono, Macbeth manda asesinarle.

Encerrado en su castillo, y presa de la culpa y el remordimiento, tanto por haber matado a un rey piadoso y justo, como por haber traicionado al que en otra época fuera su amigo, Macbeth empieza a tener nuevas visiones que ponen de manifiesto su incipiente locura —llamémoslo trastorno—. Aunque las brujas nuevamente le han vaticinado lo que parece ser un buen porvenir, el desasosiego sigue atormentando al rey y a su malvada esposa, que camina sonámbula queriendo lavar sus manos de sangre imaginaria.

Aunque es cierto que la tesis de Fassbender encaja bastante bien en la obra, y hasta se justifica —en la escena IV del acto III el protagonista ve e incluso dialoga con el fantasma de su amigo asesinado delante de todos y Lady Macbeth lo justifica aludiendo a que sos episodios que tiene desde joven—, el trastorno, que sería acaso atenuante de sus terribles crímenes, parece desviar la atención del fondo principal del asunto, que no es otra cosa que la naturaleza humana. Macbeth, en efecto, comete un crimen horrendo. Pero no sólo lo comete llevado quizá por sus visiones o por la pérfida influencia de su esposa, sino que además lo comete sabiendo lo que hace y la gravedad de sus acciones.

Me produce cierta urticaria el empleo de recursos que no persiguen acompañar al sentido dramático

En cualquier caso, la adaptación llevada a la gran pantalla por Justin Kurzel quiere escapar, como ya vimos en La Novia, de todo lo que pueda recordar al proscenio. Planteando una fotografía preciosista y exagerada donde abunda la cámara lenta y el juego cromático, lo que realmente destaca de la pieza es la interpretación de la pareja protagonista.

Aunque se trata de una película hermosa a los ojos, lo cierto es que el juego de contrastes y la pugna por la sorpresa efectista del auditorio con pirotecnia visual ha terminado por aburrirme. Quizá sea porque últimamente me produce cierta urticaria el empleo de recursos que no persiguen acompañar al sentido dramático de la trama sino más bien el mero deleite visual; o quizá sea que Shakespeare, si existió realmente, nunca ha necesitado aderezos.

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Steve Jobs: la vida entre bambalinas

Comenzamos el año y el azar ha querido situar a Michael Fassbender en la cartelera con dos títulos a la vez. El primero es el clásico de Shakespeare Macbeth, historia…

2015. Dirección: Danny Boyle Guión: Aaron Sorkin (novela de Walter Isaacson) Fotografía: Alwin H. Küchler Música: Daniel Pemberton Montaje: Elliot Graham Reparto: Michael Fassbender, Kate Winslet, Seth Rogen, Jeff Daniels

2015. Dirección: Danny Boyle Guión: Aaron Sorkin (novela de Walter Isaacson) Fotografía: Alwin H. Küchler Música: Daniel Pemberton Montaje: Elliot Graham Reparto: Michael Fassbender, Kate Winslet, Seth Rogen, Jeff Daniels

Comenzamos el año y el azar ha querido situar a Michael Fassbender en la cartelera con dos títulos a la vez. El primero es el clásico de Shakespeare Macbeth, historia sobre la ambición desmedida y la traición a los más leales amigos. El segundo es la biografía sobre el fundador de Apple Steve Jobs y, a decir verdad, lo cierto es que ambas historias guardan alguna que otra semejanza.

Quizá la primera y más evidente es la alusión al mundo del teatro. Como si de ensayos dramáticos se tratasen, el director Danny Boyle localiza toda la acción entre las bambalinas de las que probablemente fueran las presentaciones más famosas que hiciera Steve Jobs en la década anterior al iPhone: la presentación del primer Macintosh, la del NeXTcube —proyecto en el que trabajó una vez fue despedido de Apple— y la presentación del iMac G3 de 1998. Sólo en el clímax de la película el Jobs de Fassbender sale a la luz del sol para darse cuenta de la realidad que niega durante todo el metraje.

Inmerso en la tramoya de sus famosas puestas en escena, un Jobs de distintas edades tiene que lidiar, minutos antes de salir al escenario, con los problemas derivados de su propia vida: la hija que se niega a reconocer y su madre, los altibajos de su relación con su primer socio Steve Wozniak (Seth Rogen), las tiranteces con el consejero delegado de Apple John Sculley (Jeff Daniels) y el trato con los periodistas, empleados y todos los demás técnicos que hacían posible tanto la parafernalia como llevar a cabo sus visionarias ideas.

Cruces de diálogo soltados al vuelo entre el quijotesco ir y venir del protagonista en ajetreados paseos ensayo arriba y abajo

El laberíntico entramado de pasillos y camerinos circundantes al escenario sirven al guionista Aaron Sorkin para dejar una vez más la impronta de su estilo plagado de cruces de diálogo soltados al vuelo entre el quijotesco ir y venir del protagonista en ajetreados paseos ensayo arriba y abajo. En esta ocasión, una somera Kate Winslet da la réplica al esquivo Fassbender, situándose al tiempo como testigo y cómplice tanto de sus aciertos en lo empresarial como de sus errores en lo personal.

Quienes vayan deseosos de vislumbrar la historia de la compañía de la manzana expresada en imágenes no va a encontrar más que referencias resumidas en bloques de montaje entre tercio y tercio. El relato se focaliza en el aspecto más íntimo y personal de un Steve Jobs endiosado, prepotente, temperamental y de difícil trato que, no obstante, termina engatusando a la audiencia pese a ser mal padre, mal amigo y mal jefe. Quizá por ello no es de extrañar el rechazo y la polémica que ha causado la película entre los círculos más cercanos al fundador de Apple, llegando a propiciar algún que otro encontronazo dialéctico entre el guionista y el actual CEO de la firma, Tim Cook.

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