NOSOPRANO

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Revista de crítica audiovisual, review de cine, series y libros

Etiqueta: Michelle Williams

Todo el dinero del mundo: la oreja de Kevin Spacey

Correcta y bien narrada, pero fría.

todo el dinero del mundo

Título original: All the Money in the World; Dirección: Ridley Scott; Guión: David Scarpa (Libro: John Pearson);Música: Daniel Pemberton; Fotografía: Dariusz Wolski; Reparto: Michelle Williams, Mark Wahlberg, Christopher Plummer, Romain Duris, Charlie Plummer

John Paul Getty era un adolescente que en el 1973 tenía la mala fortuna de llevar el mismo nombre y apellido que su abuelo, el magnate del petróleo más acaudalado del mundo y, además, de haber perdido casi toda relación con él. Su secuestro fue primera plana al instante en la prensa mundial, así como la negativa del anciano a pagar un centavo por su rescate, lo que le acarreó al pequeño no sólo la prolongación del tormento en manos de la mafia calabresa sino también la amputación de la oreja derecha. Charlie Plummer es el actor encargado de darle vida en la pantalla y, aunque comparten apellido, no tiene ninguna relación familiar con quien interpreta a su abuelo y cuyo casting será recordado por una triste polémica.

Christopher Plummer, veterano actor con más de cien títulos en su carrera, ha sido el encargado de dar vida en la ficción al multimillonario J. Paul Getty en sustitución de Kevin Spacey. Por lógico que pueda sonar que para un papel de octogenario sea preferible Plummer, de 88, antes que Spacey, de 58, lo cierto es que la película ya estaba rodada y montada cuando el escándalo sexual salpicó al segundo. Por ello el director Ridley Scott —también octogenario— optó por evitar boicots y polémicas a golpe de reshoot, volviendo a convocar a todo el equipo para volver a filmar con Plummer las escenas que había encarnado Spacey.

Correcta, disfrutable y entretenida, pero narrada con una frialdad casi documental.

El buen o mal resultado del cambio solo lo pueden corroborar comparativamente los miembros del equipo que hayan visto ambas interpretaciones. La versión de Plummer, en todo caso, denota una profesionalidad y un carácter sin duda reseñables que juega en sintonía con la lograda fuerza dramática que imprime Michelle Williams al personaje de madre coraje, verdadera protagonista de la historia. No obstante, el ritmo, el tono y, en definitiva, el relato tipo thriller que narra el filme no lo sitúan a la altura de los trabajos más excelsos del director de Blade Runner que, aun con su evidente pericia y eficiencia narrativa, no logra una película de la tensión emocional que cabría esperar. Correcta, disfrutable y entretenida, pero narrada con una frialdad casi documental.

Con todo, independientemente de la calidad interpretativa de uno u otro villano, la solución de Scott para salvar su película realmente le ha venido como anillo al dedo. El desaire al trabajo de Spacey no solo ha logrado promocionar el filme de forma indirecta, sino que además la pretensión comercial que ha motivado el cambio de actor casa a la perfección con el carácter del villano que retrata, quien, como es sabido, solo aceptó pagar a los captores de su nieto cuando se enteró de que el dinero del rescate desgravaba.

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El Gran Showman: farándula superficial

El film, que podría poner el acento sobre las luces y sombras de un personaje cuyo ascenso y caída se antojan interesantes, opta más bien por difuminar las dobleces y ofrecer un espectáculo plagado de actuaciones, canciones pegadizas de corte pop y portentosas coreografías diseñadas con el fino trazo del pixel digital.

Título original: The Greatest Showman; Dirección: Michael Gracey; Guion: Jenny Bicks, Bill Condon; Música: Benj Pasek, Justin Paul; Fotografía: Seamus McGarvey; Reparto: Hugh Jackman, Michelle Williams, Zac Efron, Zendaya, Rebecca Ferguson, Diahann Carroll

El talento del actor Hugh Jackman para el cante y el baile está tan sobradamente demostrado que se podría afirmar como algo que no admite discusión. El australiano, conocido por el gran público principalmente por sus recurrentes roles como el violento Lobezno de los X-Men, tiene en su haber una dilatada carrera en Broadway y el West End que inicia ya en los años noventa, además de haber coleccionado nominaciones por su Jean Valjean en la versión de 2012 de Los Miserables. Los intérpretes Zac Efron o Zendaya, por su parte, también han dado buena cuenta de sus dotes escénicas, ambos con una infancia estelar vinculada a programas televisivos de corte musical como High School Musical o Shake it up. Queda patente, por tanto, que al menos en el aspecto de espectáculo el filme tiene cubiertos todos los frentes.

El Gran Showman se acerca al biopic del empresario P. T. Barnum, pionero dentro de su ámbito y fundador en la vida real del Barnum & Bailey Circus, allá en las postrimerías del siglo XIX. Barnum, encarnado por Jackman, se presenta en el filme durante su infancia como un joven de clase humilde que sueña con convertirse en promotor circense. No obstante, conforme va superando una juventud de miseria y carestía, y ya convertido en padre de familia, su afán parece no llevarle tanto hacia las candilejas como hacia el dinero, pasando su sueño de ser el jefe de pista del mayor espectáculo del mundo a ser, sencillamente, rico. Para lograrlo opta por reunir bajo el mismo techo a todos los freaks que logra encontrar en el Nueva York de su tiempo: la mujer barbuda, un obeso, un enano, un tatuado, una pareja de trapecistas de marcados rasgos étnicos…

La crítica moralista de la época lo tacha de estafa, algo que a él no le importa siempre que el caudal fluya por la taquilla. Sin embargo, cuando advierte que sus hijas están siendo marginadas por el origen circense de su fortuna, decide emprender una nueva campaña de prestigio que lo sitúe, no ya entre la clase pudiente, sino entre la alta sociedad. Para ello se vinculará con un autor de buena cuna y diversificará su espectáculo en función de sus públicos: ópera para el sector cultivado, freak show para la baja ralea. Por supuesto, que él mismo decida ubicarse con los primeros no sienta del todo bien a quienes le han procurado su fortuna.

El film, que podría poner el acento sobre las luces y sombras de un personaje cuyo ascenso y caída se antojan interesantes, opta más bien por difuminar las dobleces y ofrecer un espectáculo plagado de actuaciones, canciones pegadizas de corte pop y portentosas coreografías diseñadas con el fino trazo del pixel digital.

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El tiempo pasará

El tiempo pasará era el título de la melodía que Ilsa pedía al bueno de Sam cuando la casualidad la lleva al Café Americano. El pianista no quiere. En cierta…

El tiempo pasará era el título de la melodía que Ilsa pedía al bueno de Sam cuando la casualidad la lleva al Café Americano. El pianista no quiere. En cierta forma, sabe que sólo la melodía tiene la capacidad de abrir las heridas más profundas. Pero ella insiste, y él no puede negarse a la vidriosa mirada de Ingrid Bergman. Al minuto aparece Rick y en una sola frase resume el significado que encierra la canción: «te dije que nunca volvieras a tocarla». Suite francesa, como Casablanca, se ambienta en el periodo más triste del siglo pasado para narrar una historia de amor imposible que sólo encuentra redención en su propio sacrificio.

1940, los nazis ocupan Francia. En la pequeña población de Bussy, no demasiado lejos de París, una señora de clase acomodada y su nuera aprietan los dientes cuando son obligadas a acoger a un oficial del enemigo en su casa. La hierática señora, interpretada por Kristin Scott Thomas, se niega a dirigirle la palabra al huésped forzoso, pero su nuera no hace lo mismo. Interesada por la sensibilidad del alemán, que toca el piano por las noches, Lucille (Michelle Williams) iniciará un acercamiento que irá poco a poco transformándose en romance. Pronto empezará a atisbar los cuchicheos de sus vecinos en un ambiente donde la presencia del enemigo hace aflorar las rencillas por mucho tiempo enterradas entre los propios habitantes del pueblo.

Con una ambientación y fotografía esmeradas, la última obra de Saul Dibb después de La Duquesa retrata una situación que se dio en la realidad: las relaciones prohibidas entre las jóvenes francesas y los soldados alemanes de ocupación que dejó, según se ha calculado recientemente, nada menos que doscientos mil hijos de la guerra sólo en Francia. Señaladas por su escarceo con el enemigo, a las mujeres acusadas de colaboracionismo en brazos de algún soldado se les rapaba la cabeza y eran víctimas de todo tipo de insultos y vejaciones después de la contienda. Sin embargo, la película no llega a este extremo.

El manuscrito quedó inacabado a su muerte en Auschwitz y permaneció en manos de su hija, que no se atrevió a leerlo hasta los años noventa

El exceso de contención interpretativo en ocasiones sugiere más desgana que intensidad. Abordados desde una perspectiva que podría tacharse de superficial, la narración, aunque correcta, apenas pasa por encima de los conflictos sin realmente incidir en las emociones profundas de unos personajes poco expresivos. No obstante, esto no quita que merezca el visionado, especialmente conociendo de antemano la metahistoria del relato: escrito por Irène Némirovsky precisamente durante la II Guerra Mundial, el manuscrito quedó inacabado a su muerte en Auschwitz y permaneció en manos de su hija, que no se atrevió a leerlo hasta los años noventa. La obra se publicó por primera vez en 2004, con gran éxito de ventas.

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